
Récord brasileño y desplome argentino: las dos caras de la carne en América
Mientras Brasil alcanza máximos históricos de faena bovina en el primer trimestre de 2026, el consumo en Argentina cae a su nivel más bajo en dos décadas, en un mercado global bajo presión.
El sector cárnico sudamericano arrancó 2026 con una dualidad extrema. Brasil, el mayor exportador mundial, registró el sacrificio de 10,3 millones de cabezas de ganado bovino entre enero y marzo, la cifra más alta para un primer trimestre desde que el IBGE inició sus mediciones en 1997. La producción de carne vacuna, porcina y de pollo creció un 7% interanual en el bimestre inicial, impulsada por una oferta récord que desafió los pronósticos de desaceleración. En contraste, Argentina vivió un derrumbe de su mercado interno: el consumo de carne vacuna por habitante se contrajo a 47,5 kilos anualizados, el peor registro en veinte años, según la cámara frigorífica Ciccra.
Desde São Paulo, analistas atribuyen la abundancia brasileña a un ciclo de liquidación de vientres y a mejoras en la productividad de las cadenas de porcinos y aves, que también marcaron récords. Sin embargo, esa misma pujanza genera tensiones: el aumento de la oferta deprimió los precios al productor y encendió alertas sobre la sostenibilidad del stock para el segundo semestre. En Buenos Aires, la perspectiva es opuesta. La sequía histórica de 2022 diezmó los rodeos y la pérdida de poder adquisitivo deprimió la demanda interna, pese a que los precios minoristas se mantuvieron estables en mayo. La producción de carne vacuna argentina acumuló una caída interanual del 7,3% en los primeros cinco meses, con 91.650 toneladas menos que en 2025.
El escenario se complica al incorporar la óptica norteamericana. En Estados Unidos, el costo de la carne vacuna ya había escalado con fuerza desde principios de 2025, y ahora enfrenta nuevas amenazas. La propagación del gusano barrenador desde México afectó a los hatos y elevó los costos sanitarios, mientras el hato estadounidense se redujo a niveles no vistos desde la década de 1950 debido a sequías persistentes. A ello se suma la incertidumbre comercial: en vísperas de negociaciones clave sobre el tratado de libre comercio de América del Norte, el presidente Donald Trump agitó la posibilidad de nuevos aranceles, lo que podría distorsionar los flujos de carne y encarecer aún más los insumos para la industria.
Desde la óptica de los mercados globales, la confluencia de factores es inusual. Brasil, con su oferta récord, está bien posicionado para capturar demanda externa, especialmente de China, pero la presión bajista sobre los precios internacionales podría erosionar los márgenes de los frigoríficos. Argentina, en cambio, necesita consolidar sus exportaciones para compensar el desplome del consumo doméstico, aunque su producción menguante limita esa estrategia. En Washington, analistas advierten que una disrupción en el comercio norteamericano, sumada a la epidemia de screwworm, podría redibujar los flujos hemisféricos de carne y beneficiar indirectamente a los exportadores sudamericanos, siempre que logren sortear barreras sanitarias.
Hacia adelante, el sector enfrenta un horizonte de volatilidad. En Brasil, la clave será si el récord de faena del primer trimestre se traduce en una contracción de la oferta durante la segunda mitad del año, lo que podría sostener los precios. En Argentina, la recuperación del consumo interno dependerá de una mejora del poder adquisitivo y de la recomposición del rodeo, procesos que llevarán años. Mientras, la amenaza de aranceles y la evolución de la sanidad animal en América del Norte añaden capas de incertidumbre a un mercado global que ya navega entre la abundancia brasileña y la escasez argentina.
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