
Pauline Hanson sacude Australia con un discurso antiinmigración y un sabotaje que ya investiga la policía
La líder de One Nation prometió acabar con el multiculturalismo y restringir derechos laborales mientras un grupo activista desplegaba una pancarta en su contra, en un acto que refleja la polarización creciente del país.
La irrupción de Pauline Hanson en el Club Nacional de Prensa de Canberra, el pasado miércoles, condensó en una sola jornada la tensión que recorre la política australiana. Mientras la líder del partido ultraderechista One Nation desgranaba un programa que promete enterrar el multiculturalismo, frenar la inmigración musulmana y abolir el departamento de cambio climático, dos activistas del grupo GetUp lograron infiltrarse en el recinto y desplegar a sus espaldas una pancarta que la acusaba de haberse subido el sueldo mientras se oponía a mejoras salariales para los trabajadores. El incidente, que Hanson atribuyó a una «brecha de seguridad», ha sido remitido a la Policía Federal Australiana, y el Club de Prensa pidió disculpas mientras el jefe de gabinete de la senadora exigía la prohibición vitalicia de acceso para los responsables.
El discurso, de casi una hora, ofreció una muestra detallada de lo que Hanson considera un mandato para «recuperar la identidad nacional». Desde la tribuna, la política reivindicó una Australia «monocultural» bajo un único paraguas cultural, señaló al «islam radical» como amenaza y prometió recortar derechos laborales para aliviar a las pequeñas empresas, incluyendo la posibilidad de despedir más fácilmente a trabajadores «perezosos». Analistas en Canberra observan que, aunque el mensaje antiinmigración evoca sus polémicas intervenciones de los años noventa, el foco se ha desplazado ahora hacia los no angloparlantes y la comunidad musulmana, en sintonía con el discurso de líderes como Donald Trump y Marine Le Pen, con quienes se la compara frecuentemente en medios internacionales, incluidos los del mundo árabe.
El acto de sabotaje, ejecutado por GetUp —organización que Hanson vincula con el activista David Sharaz—, no impidió que la senadora desarrollara su visión de gobierno. Prometió desmantelar agencias federales, criticó a los funcionarios de la capital y, en un gesto que analistas en Sídney interpretan como un guiño a las bases rurales, aseguró que su partido está preparado para recortar prestaciones laborales con el fin de proteger a los pequeños negocios. La intervención se produce en un momento de ascenso en las encuestas: un sondeo de Resolve la sitúa como primera opción para primera ministra, por delante del laborista Anthony Albanese, lo que ha disparado el debate sobre un posible pacto electoral entre su formación y la Coalición conservadora para desbancar al Gobierno.
Desde la óptica de Bruselas y de observadores latinoamericanos, el fenómeno Hanson ilustra la normalización de discursos que hasta hace poco se consideraban marginales en democracias parlamentarias estables. La cobertura en medios marroquíes subraya el ataque frontal al islam y a los organismos internacionales, así como la promesa de retirar a Australia de determinados foros multilaterales. En el plano doméstico, la pregunta que flota en el ambiente, según analistas políticos, es si la Coalición aceptará trabajar «codo con codo» con One Nation, como ya sugirió un destacado diputado liberal. Mientras Hanson pide «gracia» para desarrollar su programa económico de cara a las elecciones de 2028, la estampa del miércoles —entre promesas de exclusión cultural y una pancarta clandestina— anticipa una legislatura bronca, donde la batalla por el relato será tan encarnizada como la lucha por el poder.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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Pauline Hanson utilizó su primer discurso en el National Press Club para denunciar el multiculturalismo, la ciencia climática y las emisoras públicas, mientras un activista de GetUp desplegaba una pancarta acusándola de hipocresía salarial. El incidente se interpreta como señal de una creciente ola derechista en Australia, donde el populismo de larga data de Hanson ahora resuena con más fuerza.
La líder de One Nation, Pauline Hanson, declaró que Australia debe volverse monocultural, culpando a la inmigración por la escasez de viviendas y el alza de alquileres. La declaración fue reportada sin comentario editorial, centrándose en su razonamiento político.
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