
Un niño de tres años muere en un coche en Francia durante la ola de calor que azota Europa
El menor quedó atrapado en el vehículo familiar en Saint-Gratien, en la periferia de París, mientras las temperaturas superaban los 40 °C y el continente registra cientos de fallecimientos vinculados al calor extremo.
Un niño de tres años falleció el miércoles por la tarde en Saint-Gratien, en el departamento de Val-d’Oise, tras quedar encerrado en el automóvil familiar estacionado frente a su domicilio. Según la fiscalía de Pontoise, el menor escapó a la vigilancia de sus padres —la madre dormía la siesta con otro hijo de 18 meses y el padre trabajaba en el jardín— y se introdujo en el vehículo, cuyas puertas no estaban bloqueadas y donde la seguridad infantil permanecía activada. Los servicios de emergencia no pudieron reanimarlo y se declaró su muerte a las 19:35 horas. La madre fue hospitalizada en estado de shock y se ha abierto una investigación por homicidio involuntario.
Este caso eleva a tres el número de niños fallecidos en circunstancias similares en Francia en menos de una semana. El lunes, dos hermanos de dos y cuatro años fueron hallados sin vida dentro del coche familiar en un aparcamiento residencial de Carpentras, en el sur del país. Las autoridades locales señalaron que las primeras pesquisas apuntan a un desenlace vinculado a las temperaturas extremas. Además, fuentes del Ministerio del Interior francés contabilizan al menos cuarenta ahogamientos desde el 18 de junio, en su mayoría de personas que buscaban refrescarse en zonas no vigiladas.
La ola de calor, que afecta a Europa occidental desde finales de la semana pasada, ha batido récords históricos de temperatura. Météo-France registró el miércoles una media nacional de 30 °C, la jornada más calurosa desde el inicio de las mediciones en 1947, y en París se superaron los 40 °C por cuarta vez en 150 años. En España, el sistema de monitorización de la mortalidad MoMo, dependiente del Instituto de Salud Carlos III, estima que 212 fallecimientos ocurridos entre el domingo y el miércoles pueden asociarse al episodio de calor extremo. Italia mantiene 16 ciudades en alerta roja, y el Reino Unido registró su temperatura más alta para un mes de junio, con 36,1 °C en el sur de Inglaterra.
Desde Bruselas, la Organización Mundial de la Salud calificó la situación de emergencia sanitaria y urgió a reforzar la resiliencia de los sistemas de salud. El presidente del IPCC, Jim Skea, advirtió que las temperaturas actuales superan algunas proyecciones científicas y que el continente se enfrentará inevitablemente a más extremos. El responsable de clima de la ONU, Simon Stiell, atribuyó la virulencia del fenómeno a la contaminación por combustibles fósiles. Los meteorólogos explican la persistencia del calor por un bloqueo en omega —una configuración atmosférica que atrapa una masa de aire cálido bajo una dorsal de alta presión—, agravado por la sequedad del suelo tras una primavera con precipitaciones inferiores a lo normal en amplias zonas de Europa occidental.
Las investigaciones judiciales sobre las muertes de los menores en Francia siguen abiertas, y las cifras de fallecimientos en España se consideran provisionales, basadas en el exceso de mortalidad respecto a las series históricas. Las autoridades de los países afectados mantienen activos los dispositivos de alerta y las recomendaciones de prudencia, mientras los servicios meteorológicos advierten que el episodio podría prolongarse durante el fin de semana en varias regiones.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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Una ola de calor sin precedentes está resultando mortal en Europa occidental, con Francia especialmente afectada. La crisis se agrava por el hecho de que la mayoría de los hogares franceses carecen de aire acondicionado, dejando a millones de personas expuestas a temperaturas peligrosas. Las autoridades se apresuran a implementar medidas de emergencia mientras el calor se intensifica.
Europa se tambalea bajo una ola de calor récord que ha superado las previsiones científicas, con temperaturas más altas que en partes de África oriental y occidental. El sufrimiento se agrava por edificios e infraestructuras que nunca fueron diseñados para semejante calor, dejando al descubierto un continente no preparado para una nueva realidad climática. El clima extremo ha provocado alertas sanitarias y ha puesto de relieve una sorprendente inversión de las fortunas climáticas.
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