
Irán acusa a Italia y Rumanía de complicidad en la guerra tras revelación de la OTAN
El secretario general de la Alianza afirmó que 500 aviones estadounidenses despegaron desde bases italianas para la operación 'Epic Fury', lo que Teherán califica de violación del derecho internacional.
En una entrevista con Fox News, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, reveló que durante la operación militar estadounidense contra Irán, denominada 'Epic Fury', unos 500 aviones de combate despegaron desde bases en Italia y que Rumanía redujo vuelos comerciales para ceder sus aeropuertos a aviones cisterna. El portavoz de la cancillería iraní, Esmaeil Baghaei, calificó de inmediato esas declaraciones como “una admisión clara y condenatoria de la complicidad activa de la OTAN en una guerra de agresión ilegal contra un Estado soberano miembro de la ONU” y exigió que Italia, Rumanía y cualquier otro país europeo que hubiera asistido la campaña expliquen a sus ciudadanos por qué “coludieron en este acto flagrante de agresión y en atrocidades masivas” contra la población iraní en ciudades como Teherán, Isfahán, Tabriz o Shiraz.
Desde Roma, el Ministerio de Defensa replicó que las palabras de Rutte transmiten “un mensaje completamente engañoso” al confundir la tipología de los vuelos autorizados. Según fuentes gubernamentales italianas, solo se permitieron actividades técnicas y logísticas, no operaciones cinéticas, en el marco de acuerdos bilaterales preexistentes con Estados Unidos; cualquier uso de las bases para misiones de combate habría requerido autorización expresa del Gobierno y del Parlamento. La aclaración no evitó que la oposición italiana exigiera la comparecencia de la primera ministra, Giorgia Meloni, para esclarecer el papel del país en una campaña de bombardeos que genera amplio rechazo en la opinión pública. El propio ministro de Defensa, Guido Crosetto, ya había asegurado en marzo que Roma no permitió el reabastecimiento de aviones de combate estadounidenses en la base de Sigonella.
La controversia se inscribe en un momento de fuertes tensiones entre Washington y sus aliados europeos. El presidente Donald Trump había criticado duramente a Italia, el Reino Unido, Alemania, Francia y España por no respaldar suficientemente la guerra contra Irán. La entrevista de Rutte, previa a un encuentro con Trump en la Casa Blanca, buscaba demostrar que los aliados sí contribuyeron, aunque de forma discreta por razones de política interna. Desde la óptica de la Alianza, la capacidad de utilizar bases europeas para la proyección de poder global es, según un alto mando militar de la OTAN citado por la prensa internacional, “la mayor palanca” para disuadir a Trump de reducir la presencia militar estadounidense en el continente, justo cuando Washington ha iniciado una revisión de su despliegue en Europa y ha comenzado a reorientar capacidades hacia Asia.
Para Teherán, la admisión de Rutte refuerza su narrativa jurídica: la operación 'Epic Fury' constituye una violación flagrante de las normas imperativas del derecho internacional y de los principios de la Carta de la ONU. Baghaei subrayó que la OTAN y cada uno de sus Estados miembros que participaron en la toma de decisiones deben rendir cuentas por todas las consecuencias. Esta posición se alinea con la invocación recurrente por parte de Irán del artículo 51 de la Carta, que consagra el derecho a la legítima defensa, para justificar sus propias acciones de represalia, como los ataques contra Israel en octubre de 2024. Mientras tanto, la Organización Marítima de la ONU reportó la evacuación de unos 1.100 marinos a través del estrecho de Ormuz entre el 23 y el 25 de junio, y el precio del petróleo Brent cayó por debajo de los niveles previos al inicio del conflicto.
Las negociaciones técnicas para transformar el actual memorando de entendimiento en un acuerdo de paz duradero prosiguen. El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, declaró en Manama que Washington desea un pacto con Irán, pero “no a cualquier precio”, y advirtió que el estrecho de Ormuz no puede quedar bajo control de una sola nación. La próxima cumbre de la OTAN, prevista para dentro de menos de dos semanas, se perfila como el escenario en el que los 32 aliados deberán conciliar sus divergencias sobre la guerra, el uso de las bases y el futuro de la arquitectura de seguridad transatlántica.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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Irán considera las declaraciones del jefe de la OTAN como una admisión abierta de complicidad activa en una guerra de agresión ilegal contra un Estado soberano miembro de la ONU. Italia y Rumanía son señaladas como participantes directos y, junto con otros países europeos, deben explicar a sus ciudadanos y al mundo por qué eligieron coludir en atrocidades masivas contra civiles iraníes. La OTAN debe rendir cuentas por violar el derecho internacional y la Carta de las Naciones Unidas.
Después de que el secretario general de la OTAN, Rutte, revelara que 500 aviones estadounidenses despegaron de bases italianas durante la operación contra Irán, Teherán acusó a Italia y Rumanía de ser cómplices de la agresión y exigió explicaciones. El ministerio de Defensa italiano negó de inmediato cualquier papel de combate, afirmando que solo se autorizaron vuelos técnicos, lo que creó una brecha diplomática entre las declaraciones de la alianza y las posiciones nacionales.
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