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Geopolítica y Políticasábado, 4 de julio de 2026

La ultraderecha alemana blinda su cúpula en Erfurt y se proyecta hacia el poder regional

El congreso de AfD reeligió a Weidel y Chrupalla con amplio respaldo interno mientras decenas de miles de manifestantes intentaron bloquear la sede sin impedir el inicio puntual.

El partido Alternativa para Alemania (AfD) reeligió el sábado en Erfurt a sus copresidentes Alice Weidel y Tino Chrupalla con el 81,3% y el 70% de los votos respectivamente, en un congreso federal que se desarrolló pese a la movilización de entre 31.000 y 50.000 manifestantes que intentaron obstruir los accesos al recinto ferial. La policía de Turingia, reforzada con miles de agentes de otros länder, escoltó a los delegados en autobuses durante la madrugada y contuvo los bloqueos de carreteras mediante un dispositivo que registró cargas aisladas con gas lacrimógeno y alrededor de un centenar de infracciones, la mayoría por pintadas. La cita, que coincidió con el centenario del congreso nazi de 1926 en Weimar —a veinte kilómetros de distancia—, fue denunciada por historiadores y opositores como una provocación deliberada, extremo que la formación rechazó como «azar del calendario».

Desde la óptica de los manifestantes, agrupados en la alianza Widersetzen (Resistencia) e integrados por sindicatos, organizaciones de izquierda y colectivos antifascistas, combatir a AfD constituye un deber cívico para impedir lo que califican como políticas de odio y una deriva autoritaria. Portavoces de Widersetzen subrayaron que el partido persigue «deportaciones masivas y terror en las calles» sin resolver problemas reales, y exigieron la ilegalización de la formación. En la sala, Weidel respondió con la promesa de «deportar con rigor» y definió a AfD como el «nuevo partido popular», mientras Chrupalla acusó a los manifestantes de ser «la última reserva de nuestros rivales políticos» y reclamó la mayoría absoluta para «gobernar solos».

En el plano institucional, el congreso evidenció tanto la fortaleza electoral del partido como sus tensiones internas. Según fuentes de los servicios de inteligencia alemanes, el apoyo a AfD se nutre del descontento en los länder orientales —Sajonia-Anhalt, Turingia y Mecklemburgo-Pomerania— donde las encuestas le otorgan hasta un 42% y un 35% de intención de voto para las elecciones regionales del 6 y 20 de septiembre, con posibilidades de alcanzar su primer gobierno regional. A escala federal, los sondeos sitúan a la formación como primera fuerza, con un 29%, por delante de la CDU/CSU del canciller Friedrich Merz. Sin embargo, la bajada de diez puntos en el respaldo a Chrupalla respecto a su anterior elección refleja, según analistas centroeuropeos, fricciones con el sector más radical encabezado por el líder turingio Björn Höcke, partidario de revisar la lista de organizaciones con las que AfD considera incompatible la militancia.

Desde Moscú, el propio presidente Vladímir Putin había vinculado anteriormente el ascenso de la formación con su capacidad para «formular con claridad los intereses del pueblo y la economía alemanes», una lectura que, para diplomáticos europeos, se enmarca en la estrategia rusa de alentar fuerzas euroescépticas. En las capitales latinoamericanas, el fenómeno se observa como un ejemplo más de la fragmentación de los sistemas de partidos tradicionales y del avance de opciones iliberales con discursos antiinmigración. La AfD, que en mayo de 2025 fue clasificada como organización extremista por la Oficina Federal para la Protección de la Constitución, mantiene un férreo cordón sanitario por parte del resto de fuerzas políticas, ninguna de las cuales acepta coaliciones con ella. El expediente inmediato pasa por los comicios de septiembre, cuyo resultado podría alterar el mapa político alemán y redefinir el debate sobre una eventual prohibición del partido.

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sábado, 4 de julio de 2026

La ultraderecha alemana blinda su cúpula en Erfurt y se proyecta hacia el poder regional

El congreso de AfD reeligió a Weidel y Chrupalla con amplio respaldo interno mientras decenas de miles de manifestantes intentaron bloquear la sede sin impedir el inicio puntual.

El partido Alternativa para Alemania (AfD) reeligió el sábado en Erfurt a sus copresidentes Alice Weidel y Tino Chrupalla con el 81,3% y el 70% de los votos respectivamente, en un congreso federal que se desarrolló pese a la movilización de entre 31.000 y 50.000 manifestantes que intentaron obstruir los accesos al recinto ferial. La policía de Turingia, reforzada con miles de agentes de otros länder, escoltó a los delegados en autobuses durante la madrugada y contuvo los bloqueos de carreteras mediante un dispositivo que registró cargas aisladas con gas lacrimógeno y alrededor de un centenar de infracciones, la mayoría por pintadas. La cita, que coincidió con el centenario del congreso nazi de 1926 en Weimar —a veinte kilómetros de distancia—, fue denunciada por historiadores y opositores como una provocación deliberada, extremo que la formación rechazó como «azar del calendario».

Desde la óptica de los manifestantes, agrupados en la alianza Widersetzen (Resistencia) e integrados por sindicatos, organizaciones de izquierda y colectivos antifascistas, combatir a AfD constituye un deber cívico para impedir lo que califican como políticas de odio y una deriva autoritaria. Portavoces de Widersetzen subrayaron que el partido persigue «deportaciones masivas y terror en las calles» sin resolver problemas reales, y exigieron la ilegalización de la formación. En la sala, Weidel respondió con la promesa de «deportar con rigor» y definió a AfD como el «nuevo partido popular», mientras Chrupalla acusó a los manifestantes de ser «la última reserva de nuestros rivales políticos» y reclamó la mayoría absoluta para «gobernar solos».

En el plano institucional, el congreso evidenció tanto la fortaleza electoral del partido como sus tensiones internas. Según fuentes de los servicios de inteligencia alemanes, el apoyo a AfD se nutre del descontento en los länder orientales —Sajonia-Anhalt, Turingia y Mecklemburgo-Pomerania— donde las encuestas le otorgan hasta un 42% y un 35% de intención de voto para las elecciones regionales del 6 y 20 de septiembre, con posibilidades de alcanzar su primer gobierno regional. A escala federal, los sondeos sitúan a la formación como primera fuerza, con un 29%, por delante de la CDU/CSU del canciller Friedrich Merz. Sin embargo, la bajada de diez puntos en el respaldo a Chrupalla respecto a su anterior elección refleja, según analistas centroeuropeos, fricciones con el sector más radical encabezado por el líder turingio Björn Höcke, partidario de revisar la lista de organizaciones con las que AfD considera incompatible la militancia.

Desde Moscú, el propio presidente Vladímir Putin había vinculado anteriormente el ascenso de la formación con su capacidad para «formular con claridad los intereses del pueblo y la economía alemanes», una lectura que, para diplomáticos europeos, se enmarca en la estrategia rusa de alentar fuerzas euroescépticas. En las capitales latinoamericanas, el fenómeno se observa como un ejemplo más de la fragmentación de los sistemas de partidos tradicionales y del avance de opciones iliberales con discursos antiinmigración. La AfD, que en mayo de 2025 fue clasificada como organización extremista por la Oficina Federal para la Protección de la Constitución, mantiene un férreo cordón sanitario por parte del resto de fuerzas políticas, ninguna de las cuales acepta coaliciones con ella. El expediente inmediato pasa por los comicios de septiembre, cuyo resultado podría alterar el mapa político alemán y redefinir el debate sobre una eventual prohibición del partido.

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