
Más de 90 ahogados en Francia durante la ola de calor que golpea a Europa
Las altas temperaturas disparan los precios eléctricos, dañan infraestructuras de transporte y reducen la productividad, mientras los servicios de emergencia contabilizan víctimas en varios países.
Más de 90 personas han muerto ahogadas en Francia desde el 19 de junio, en un contexto de temperaturas extremas que afectan a gran parte de Europa, según informó el Ministerio de Deportes francés. Las autoridades de otros países también reportan decesos por inmersión vinculados a la búsqueda de alivio térmico: 56 en Polonia, 9 en Inglaterra, 5 en Alemania y al menos 2 en Bélgica, de acuerdo con los registros preliminares de los respectivos servicios de emergencia.
La ministra francesa Marina Ferrari detalló que no existe un perfil único de víctima. Se han identificado tanto niños pequeños que quedaron sin supervisión como jóvenes que adoptaron conductas de riesgo —saltos desde puentes o ingresos a canales sin vigilancia—. Las cifras se inscriben en un verano boreal particularmente letal: en toda Francia, 409 personas fallecieron por ahogamiento durante la temporada estival de 2025, un 16 % más que el año anterior, según datos oficiales. Ferrari subrayó la necesidad de reforzar la enseñanza de natación en aguas abiertas y de revisar la certificación de socorristas, especialmente en piscinas rurales.
El episodio de calor, con registros de hasta 40 °C en varias regiones, ha perturbado simultáneamente los mercados eléctricos y las infraestructuras. Los precios mayoristas de la electricidad en Alemania alcanzaron una media diaria de 109,50 euros por megavatio-hora en junio, el nivel más alto para ese mes desde la crisis energética de 2022, según el operador Epex Spot. En Francia, las cotizaciones horarias llegaron a 313,36 euros, y en Alemania se registraron picos intradiarios de 665,82 euros. Analistas del sector atribuyen esas alzas a la combinación de una demanda de refrigeración disparada y una oferta limitada por la menor generación eólica, las restricciones en centrales nucleares —debido a la temperatura del agua de refrigeración— y la indisponibilidad de algunas plantas de gas. La aseguradora alemana Allianz Trade proyecta que, de convertirse estas olas de calor en la nueva normalidad, Alemania podría perder 131 000 millones de dólares de PIB acumulado hasta 2030, Francia 240 000 millones, Italia 147 000 millones y España 120 000 millones, con una caída de productividad laboral de alrededor del 3 % por cada grado por encima de los 30 °C.
En el plano logístico, el calor extremo ha provocado daños estructurales en vías férreas y carreteras. En Alemania, los servicios de tranvía se suspendieron al derretirse el material sellante de las juntas; en Leipzig, el tren permaneció inoperativo más de 48 horas. Bélgica canceló más de 100 trenes diarios y retiró 200 convoyes sin aire acondicionado. Francia suprimió el 10 % de los trenes de cercanías en París, Austria advirtió sobre posibles deformaciones de raíles, y en Suecia un tren descarriló por la dilatación de las vías, interrumpiendo el corredor Estocolmo-Gotemburgo. Mientras los servicios meteorológicos anticipan nuevas olas de calor en el Reino Unido, España, Alemania y Francia, la cifra global de fallecidos por las altas temperaturas sigue sin estar consolidada: algunos reportes de prensa mencionan más de 1 300 muertes, pero ese dato no ha sido confirmado por fuentes oficiales. Las investigaciones sobre las causas de los decesos continúan y las cifras se consideran provisionales.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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Europa, durante mucho tiempo paladín de las políticas de cero emisiones netas, está siendo golpeada directamente por el cambio climático, con olas de calor récord que causan decenas de ahogamientos y ponen a prueba las infraestructuras. El continente se consideraba a salvo de los fenómenos extremos, pero esta crisis demuestra que ninguna región está a salvo. La ironía de que un líder verde sea sorprendido por el calentamiento global no pasa desapercibida para los observadores.
La ola de calor no es solo un problema de Europa occidental: de Hungría a Ucrania, el este también se abrasa, con apagones y tormentas violentas. El calor se ha convertido en un nuevo arancel económico que Europa no puede negociar, ralentizando hospitales, obras, logística y agricultura. La llegada anticipada de temperaturas récord está poniendo a prueba los límites de nuestras sociedades y dejando al descubierto vulnerabilidades en todo el continente.
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