
Alibaba prohíbe Claude Code a sus empleados tras detectar mecanismos ocultos de rastreo
La empresa china califica la herramienta de Anthropic como software de alto riesgo y ordena migrar a su plataforma interna Qoder, en un nuevo episodio de la pugna tecnológica entre Washington y Pekín.
Alibaba Group prohibirá a partir del 10 de julio el uso de Claude Code en todos sus entornos de trabajo, según una notificación interna a la que tuvo acceso la prensa china. La decisión, que obliga a los empleados a utilizar la herramienta propia Qoder, se produce después de que investigadores de seguridad descubrieran que el asistente de programación de Anthropic incorporaba desde marzo un código oculto capaz de inspeccionar configuraciones de proxy, zonas horarias y otros indicadores para identificar a usuarios vinculados a China o a laboratorios de inteligencia artificial del país.
El mecanismo, integrado a partir de la versión 2.1.91, insertaba marcadores imperceptibles en las comunicaciones con los servidores de Anthropic. La compañía estadounidense confirmó que se trataba de un experimento para frenar la reventa no autorizada de cuentas y los ataques de destilación —técnica que permite entrenar modelos más pequeños a partir de las respuestas de sistemas avanzados—, y aseguró que la funcionalidad sería eliminada en la siguiente actualización. Sin embargo, Alibaba catalogó la herramienta como software de alto riesgo con vulnerabilidades de seguridad, en un contexto de creciente desconfianza mutua.
La medida se solapa con la ofensiva de Anthropic para cerrar las vías de acceso que empresas chinas como Ant Financial y ByteDance han utilizado para sortear sus restricciones: cuentas corporativas canalizadas a través de oficinas en Singapur, reembolsos de suscripciones personales activadas mediante VPN y el uso de infraestructura en la nube de Microsoft Azure desde filiales extranjeras. A ello se suma la acusación de Anthropic de que el laboratorio Qwen de Alibaba operó cerca de 25.000 cuentas fraudulentas para extraer 28,8 millones de interacciones de Claude con fines de destilación, una práctica que Washington considera una amenaza a la seguridad nacional y que ya motivó controles temporales de exportación sobre los modelos Fable 5 y Mythos 5.
Desde Pekín, analistas interpretan la prohibición como un síntoma de la desconexión tecnológica acelerada entre las dos potencias, que empuja a las empresas chinas hacia modelos domésticos y de código abierto como DeepSeek, Qwen o GLM-5.2. Este último, desarrollado por la startup Z.ai, ha escalado posiciones en plataformas internacionales como OpenRouter y Artificial Analysis, con capacidades de codificación que, según ejecutivos de Silicon Valley, se aproximan a las de los modelos de frontera estadounidenses a una fracción del costo. En Washington, en cambio, la prioridad es blindar la ventaja en IA mediante controles de exportación y mecanismos de supervisión más estrictos, como el nuevo clasificador de Anthropic que redirige las solicitudes sospechosas a modelos menos capaces.
El próximo hito factual será la entrada en vigor de la prohibición en Alibaba el 10 de julio, mientras Anthropic mantiene su programa de recompensas por detección de vulnerabilidades y negocia con las agencias estadounidenses los protocolos de seguridad para futuros lanzamientos. La viabilidad de regular modelos individuales en un ecosistema con alternativas de código abierto cada vez más competitivas sigue siendo el eje del debate en los foros internacionales de gobernanza de la inteligencia artificial.
| Prensa rusa y CEI | −0.20 | neutral |
|---|---|---|
| Prensa china | +0.60 | aligned |
| Prensa atlántica / anglosfera | −0.30 | critical |
Russia re-projects Alibaba's move as evidence of the need for a multipolar order in AI.
The Russian narrative equates Alibaba's restrictions with a threat to sovereignty, using national security language to justify a position of strength.
It omits that Alibaba acted in response to US pressure, presenting the move as autonomous.
China celebrates Alibaba's decision as a step toward technological independence, dismissing Western criticism.
It uses the success of other Chinese technologies (desalination) to create a context of continuous progress, downplaying difficulties.
It omits concerns about dependence on foreign suppliers and potential economic repercussions.
The West analyzes Alibaba's move as a case study in tech competition, emphasizing risks to cooperation.
It adopts a detached, analytical tone, citing experts and data to assess impact without openly taking sides.
It omits Alibaba's national security motivations, focusing on consequences for the global market.
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