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Sociedad y Culturamartes, 23 de junio de 2026

La plaga que depende de la lluvia: invasores silenciosos en un clima cambiante

Desde los jardines suecos hasta los maizales de Indonesia, las especies invasoras aprovechan el nuevo clima para desafiar la seguridad alimentaria y la convivencia doméstica.

En un jardín del sur de Suecia, las primeras lluvias de junio de 2026 han despertado a un enemigo diminuto y voraz. Después de una primavera inusualmente seca que había reducido su número, la babosa española —conocida localmente como mördarsnigel, la «babosa asesina»— emerge de la tierra húmeda para depositar sus huevos. Ted von Proschwitz, experto del Museo de Historia Natural de Gotemburgo, observa que la tregua concedida por la sequía pende de un hilo: «Las lluvias recientes han sacado a los ejemplares que quedaban y están poniendo huevos. Que prosperen dependerá de la precipitación de las próximas semanas». La escena condensa una inquietud que atraviesa continentes: el clima, convertido en árbitro imprevisible de plagas que ya no respetan fronteras ni estaciones.

Esa babosa no es un caso aislado. En Indonesia, la oruga cogollera del maíz (Spodoptera frugiperda), detectada por primera vez en 2019, se ha vuelto un emblema de cómo el calentamiento global amplifica las amenazas biológicas. Investigadores del sudeste asiático documentan que cada grado Celsius adicional acelera el metabolismo de los insectos, acorta sus ciclos de vida y expande su distribución geográfica, con pérdidas significativas en arroz, maíz y trigo. En Nigeria, la estación húmeda que nutre tomates, pimientos y okra también multiplica pulgones, moscas blancas y barrenadores de frutos; el Instituto Nacional de Investigación Hortícola promueve extractos de neem, ajo y pimienta, y la protección de insectos benéficos como alternativa a los químicos. En Australia, los cerdos asilvestrados causan estragos valorados en casi mil millones de dólares anuales, pero ganaderos como Derek Larsen denuncian que los propietarios absentistas no participan en los programas de trampeo colectivo, lo que vuelve ineficaz cualquier control.

La respuesta a estas invasiones revela una tensión entre la guerra química y la estrategia ecológica. En Indonesia, el uso intensivo de insecticidas sintéticos ha generado resistencias y el fenómeno de resurgimiento: al eliminar también a depredadores y parasitoides, las plagas regresan con más fuerza. Desde el Reino Unido, la Real Sociedad Entomológica advierte que especies como el avispón asiático y la hormiga argentina figuran entre las principales causas del declive de insectos nativos; el calentamiento permite que la hormiga argentina sobreviva al invierno londinense al aire libre, mientras el avispón acecha colmenas con una conducta de «halconeo» que diezma a las abejas obreras. A diferencia de la mariquita arlequín, dispersa e incontrolable, el avispón aún puede ser contenido mediante la retirada de nidos, pero la ventana de actuación se estrecha.

Para el jardinero sueco, el consejo de los expertos encierra una paradoja: hay que perdonar a la babosa pantera, una competidora moteada que ataca y devora a la babosa asesina. Ese gesto de alfabetización ecológica resuena con prácticas que brotan en otras latitudes. En Nigeria, los agricultores aprenden a sembrar bordes floridos para atraer mariquitas y crisopas. En Indonesia, los fitopatólogos reclaman un manejo integrado que respete la red de polinizadores, depredadores y parasitoides. La comisión parlamentaria británica sobre polinizadores investiga qué insectos invasores prosperarán en una isla más cálida, con el fin de reforzar la bioseguridad antes de que se conviertan en residentes permanentes.

Al caer la tarde en el jardín escandinavo, la pala del hortelano se vuelve instrumento de una justicia selectiva: un corte preciso un centímetro detrás de la cabeza de la babosa asesina basta para eliminarla, pero la pantera moteada sigue ilesa, aliada viva en el crepúsculo húmedo. La misma lluvia que reanima la plaga sostiene también al depredador, y en ese equilibrio frágil se cifra la esperanza de quienes cultivan la tierra en un tiempo de climas trastocados.

Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.

2 grupos editoriales · 4 idiomas

57%
TonoTemperaturaEnfoquePosicionamientoHorizonte
Prensa europea continentalPrensa del Sudeste Asiático
Prensa europea continental/ Nórdica
TriunfoPragmatismo

Los propietarios de jardines suecos reciben buenas noticias: la primavera inusualmente seca ha reducido drásticamente la población de la babosa española invasora. Un experto confirma que las cifras están muy por debajo del pico del verano de 2024, aunque el clima de las próximas semanas será decisivo. La lucha silenciosa contra esta plaga de jardín podría tener un respiro este año.

Prensa del Sudeste Asiático
AlarmaUrgencia

En Indonesia, el cambio climático está convirtiendo las plagas en una amenaza formidable para la seguridad alimentaria nacional. El gusano cogollero, que apareció en 2019, ahora se comporta de manera más agresiva y es más difícil de controlar, ilustrando un patrón más amplio. La lucha global silenciosa contra las plagas invasoras se intensifica a medida que el calentamiento altera el comportamiento de los organismos nocivos.

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martes, 23 de junio de 2026

La plaga que depende de la lluvia: invasores silenciosos en un clima cambiante

Desde los jardines suecos hasta los maizales de Indonesia, las especies invasoras aprovechan el nuevo clima para desafiar la seguridad alimentaria y la convivencia doméstica.

En un jardín del sur de Suecia, las primeras lluvias de junio de 2026 han despertado a un enemigo diminuto y voraz. Después de una primavera inusualmente seca que había reducido su número, la babosa española —conocida localmente como mördarsnigel, la «babosa asesina»— emerge de la tierra húmeda para depositar sus huevos. Ted von Proschwitz, experto del Museo de Historia Natural de Gotemburgo, observa que la tregua concedida por la sequía pende de un hilo: «Las lluvias recientes han sacado a los ejemplares que quedaban y están poniendo huevos. Que prosperen dependerá de la precipitación de las próximas semanas». La escena condensa una inquietud que atraviesa continentes: el clima, convertido en árbitro imprevisible de plagas que ya no respetan fronteras ni estaciones.

Esa babosa no es un caso aislado. En Indonesia, la oruga cogollera del maíz (Spodoptera frugiperda), detectada por primera vez en 2019, se ha vuelto un emblema de cómo el calentamiento global amplifica las amenazas biológicas. Investigadores del sudeste asiático documentan que cada grado Celsius adicional acelera el metabolismo de los insectos, acorta sus ciclos de vida y expande su distribución geográfica, con pérdidas significativas en arroz, maíz y trigo. En Nigeria, la estación húmeda que nutre tomates, pimientos y okra también multiplica pulgones, moscas blancas y barrenadores de frutos; el Instituto Nacional de Investigación Hortícola promueve extractos de neem, ajo y pimienta, y la protección de insectos benéficos como alternativa a los químicos. En Australia, los cerdos asilvestrados causan estragos valorados en casi mil millones de dólares anuales, pero ganaderos como Derek Larsen denuncian que los propietarios absentistas no participan en los programas de trampeo colectivo, lo que vuelve ineficaz cualquier control.

La respuesta a estas invasiones revela una tensión entre la guerra química y la estrategia ecológica. En Indonesia, el uso intensivo de insecticidas sintéticos ha generado resistencias y el fenómeno de resurgimiento: al eliminar también a depredadores y parasitoides, las plagas regresan con más fuerza. Desde el Reino Unido, la Real Sociedad Entomológica advierte que especies como el avispón asiático y la hormiga argentina figuran entre las principales causas del declive de insectos nativos; el calentamiento permite que la hormiga argentina sobreviva al invierno londinense al aire libre, mientras el avispón acecha colmenas con una conducta de «halconeo» que diezma a las abejas obreras. A diferencia de la mariquita arlequín, dispersa e incontrolable, el avispón aún puede ser contenido mediante la retirada de nidos, pero la ventana de actuación se estrecha.

Para el jardinero sueco, el consejo de los expertos encierra una paradoja: hay que perdonar a la babosa pantera, una competidora moteada que ataca y devora a la babosa asesina. Ese gesto de alfabetización ecológica resuena con prácticas que brotan en otras latitudes. En Nigeria, los agricultores aprenden a sembrar bordes floridos para atraer mariquitas y crisopas. En Indonesia, los fitopatólogos reclaman un manejo integrado que respete la red de polinizadores, depredadores y parasitoides. La comisión parlamentaria británica sobre polinizadores investiga qué insectos invasores prosperarán en una isla más cálida, con el fin de reforzar la bioseguridad antes de que se conviertan en residentes permanentes.

Al caer la tarde en el jardín escandinavo, la pala del hortelano se vuelve instrumento de una justicia selectiva: un corte preciso un centímetro detrás de la cabeza de la babosa asesina basta para eliminarla, pero la pantera moteada sigue ilesa, aliada viva en el crepúsculo húmedo. La misma lluvia que reanima la plaga sostiene también al depredador, y en ese equilibrio frágil se cifra la esperanza de quienes cultivan la tierra en un tiempo de climas trastocados.

Divergencia de las fuentes

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Cómo las fuentes narran los mismos hechos de manera diferente.

Cómo se dividen

Favorable56%
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Crítico33%

Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.

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Prensa europea continentalPrensa del Sudeste Asiático
Prensa europea continental/ Nórdica
TriunfoPragmatismo

Los propietarios de jardines suecos reciben buenas noticias: la primavera inusualmente seca ha reducido drásticamente la población de la babosa española invasora. Un experto confirma que las cifras están muy por debajo del pico del verano de 2024, aunque el clima de las próximas semanas será decisivo. La lucha silenciosa contra esta plaga de jardín podría tener un respiro este año.

Prensa del Sudeste Asiático
AlarmaUrgencia

En Indonesia, el cambio climático está convirtiendo las plagas en una amenaza formidable para la seguridad alimentaria nacional. El gusano cogollero, que apareció en 2019, ahora se comporta de manera más agresiva y es más difícil de controlar, ilustrando un patrón más amplio. La lucha global silenciosa contra las plagas invasoras se intensifica a medida que el calentamiento altera el comportamiento de los organismos nocivos.

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