
Rutte minimiza el repliegue militar de EE.UU. en Europa y destaca el aumento del gasto aliado
El secretario general de la OTAN asegura que el ajuste estadounidense no es un abandono, mientras los socios europeos y Canadá elevan sus inversiones en defensa casi un 20% en un año.
En vísperas de la reunión de ministros de Defensa de la OTAN en Bruselas, el secretario general Mark Rutte salió al paso de los temores sobre una retirada estadounidense del continente. Washington comunicó a sus aliados a principios de junio que reducirá los recursos asignados al Modelo de Fuerza de la Alianza, el mecanismo que determina qué capacidades aporta cada miembro en caso de crisis. Desde la óptica de Bruselas, Rutte insistió en que “esto se ha presentado como un distanciamiento, pero no es la realidad” y subrayó que Estados Unidos sigue firmemente comprometido con la defensa colectiva. El mensaje, sin embargo, encierra una transformación profunda: la Casa Blanca espera que los europeos asuman la “responsabilidad primordial” de su propia defensa convencional.
El reajuste estadounidense, detallado por fuentes militares, es significativo. Implica la reducción de un tercio de los cazas desplegados —de 150 a 100 aeronaves—, el adelgazamiento de las flotas de reabastecimiento aéreo, el traslado de escuadrones de bombarderos a otros teatros y una menor presencia naval, incluidos submarinos lanzamisiles y grupos de portaaviones en el mar del Norte y el Báltico. Analistas en Washington interpretan estos movimientos como una presión calculada para corregir lo que altos funcionarios de la Alianza han calificado en privado de “dependencia poco saludable” de las capacidades estadounidenses. La administración Trump mantiene su exigencia de que los aliados alcancen el 5% del PIB en gasto militar para 2035, una meta ambiciosa que ya empieza a materializarse en los presupuestos.
Los datos que presentó Rutte reflejan una respuesta europea contundente. Los aliados europeos y Canadá incrementaron sus inversiones fundamentales en defensa en más de 90.000 millones de dólares en 2025, un salto cercano al 20% en un solo año, y ya hay aumentos adicionales programados para 2026. En paralelo, los países europeos han elevado sus contribuciones al modelo de fuerzas de la OTAN, cubriendo buena parte de los vacíos que deja Washington. “Las cifras hablan por sí solas”, afirmó Rutte, quien espera planes “claros, concretos y creíbles” para cumplir el objetivo del 5% antes del plazo acordado. Desde capitales como Madrid o Roma se observa este esfuerzo como un punto de inflexión hacia una arquitectura de seguridad más equilibrada, aunque persisten dudas sobre la velocidad con que se puede sustituir la superioridad tecnológica y logística estadounidense.
El contexto se completa con la guerra en Ucrania. Rutte reconoció que Estados Unidos seguirá proporcionando ayuda militar esencial a Kiev, pero serán los europeos quienes carguen con el peso financiero. Esta división del trabajo refleja el nuevo paradigma que se debatirá en la cumbre de Ankara y que, desde una perspectiva latinoamericana, podría leerse como un anticipo de una reorientación estratégica global de Washington. Sin embargo, el secretario general evitó dramatizar: admitió que en algunas áreas aún se necesitan más medidas, pero calificó el panorama general de “esperanzador”. La OTAN se encamina así hacia un modelo en el que la disuasión recae cada vez más sobre hombros europeos, sin que ello implique, por ahora, una fractura del vínculo transatlántico.
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Rutte insta a Europa a presentar planes creíbles para alcanzar el objetivo del 5% del PIB en gasto de defensa para 2035, enmarcando la reducción estadounidense no como una retirada sino como un impulso necesario hacia la autonomía europea. También destaca el papel muy positivo de Trump en el proceso de paz de Ucrania, aclarando que la ayuda militar esencial continuará pero recaerá sobre Europa.
Estados Unidos está abandonando Europa y desmantelando la defensa de la OTAN con un recorte sin precedentes: un tercio de los cazas, los sistemas de reabastecimiento aéreo, los bombarderos y la presencia naval se reducen drásticamente. Washington obliga así a los aliados europeos a renunciar a su dependencia total y a valerse por sí mismos, marcando un giro estratégico peligroso.
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