
La OTAN llega a Ankara con la presión de Trump por el gasto militar y el debate sobre la seguridad ampliada
La Alianza Atlántica se reúne en Turquía entre exigencias de Washington de aumentar la inversión en defensa, el sostén a Ucrania y una controversia bilateral entre Italia y el secretario general Rutte sobre la operación contra Irán.
La cumbre de la OTAN en Ankara (7 y 8 de julio) se celebra bajo la renovada presión del presidente estadounidense, Donald Trump, para que los aliados europeos incrementen su gasto en defensa. A través de su red Truth Social, Trump calificó la relación transatlántica de “ridícula” y difundió gráficos que subrayan la desproporción entre el aporte de Washington y el de otros miembros. Según fuentes de la Casa Blanca, la exigencia se enmarca en el objetivo acordado en la cumbre de La Haya de destinar el 5 % del PIB a defensa para 2035, una meta que el mandatario considera insuficiente ante la falta de respaldo europeo en conflictos como la guerra contra Irán y que ya se ha traducido en anuncios de retirada parcial de tropas de Alemania.
Desde las capitales europeas, la respuesta combina propuestas de flexibilización y matices nacionales. La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, llegará al encuentro con una cifra de gasto total en seguridad del 2,8 % del PIB, de la cual solo el 2,09 % corresponde a defensa en sentido estricto y el 0,71 % a partidas como ciberseguridad, protección de fronteras o seguridad energética. Fuentes diplomáticas en Roma insisten en que este concepto ampliado de seguridad —que incluye infraestructuras críticas y respuesta a emergencias— debe distinguirse del programa europeo Safe y evitar que Ankara sea presentada como una cumbre de “porcentajes y carrera armamentista”. Mientras, el gobierno de España ha sido objeto de críticas directas de Trump, quien lo calificó de “desastre”, en un contexto de malestar por veto al uso de bases militares.
Sobre Ucrania, los aliados prevén reafirmar el respaldo a Kiev con una contribución voluntaria de 40.000 millones de euros, aunque sin avances sobre una futura adhesión. La negociación reveló discrepancias: Italia abogó por compromisos anuales para dejar margen a la evolución política, pero se impuso la línea mayoritaria de un horizonte bienal. Al margen de estos temas, la controversia generada por las declaraciones del secretario general, Mark Rutte, a la cadena Fox News tensó las relaciones con Roma. Rutte afirmó que 500 aeronaves estadounidenses despegaron desde bases en Italia en apoyo de la operación “Epic Fury” contra Irán, extremo que el gobierno italiano desmintió tajantemente al asegurar que solo se trató de vuelos técnicos.
En el plano estratégico, el foro servirá de escenario para consolidar la transición hacia la llamada “OTAN 3.0”, concepto auspiciado por el Pentágono que exige a Europa asumir la responsabilidad principal de su propia defensa. Según analistas en Bruselas, el éxito de la cumbre se medirá tanto por la capacidad del secretario general para presentar a Trump “planes concretos” de trayectoria de inversión como por la cohesión que logren mantener los Veintiocho frente la presión de Washington y las heridas abiertas por el expediente iraní. La declaración final, ya acordada, insistirá en mantener la presión sobre Rusia, aunque el verdadero termómetro de la cumbre será la reacción del inquilino de la Casa Blanca ante unos aliados a los que, en privado, considera “terribles”.
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