
La guerra en Ucrania supera los dos millones de bajas mientras el avance ruso se frena
Un estudio del CSIS cifra en 1,4 millones las pérdidas rusas y revela que Moscú perdió más territorio del que conquistó en la primavera de 2026.
El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), con sede en Washington, ha publicado un informe que sitúa las bajas militares combinadas de Rusia y Ucrania por encima de los dos millones desde el inicio de la invasión a gran escala en febrero de 2022. Del total, 1,4 millones corresponden a las fuerzas rusas —entre 400.000 y 450.000 de ellas mortales—, mientras que las ucranianas suman entre 525.000 y 625.000, con entre 125.000 y 150.000 fallecidos. La cifra de muertos rusos, según el estudio, supera en más de nueve veces las bajas soviéticas y rusas en todos los conflictos posteriores a 1945 y cuadruplica las pérdidas estadounidenses en todas sus guerras desde entonces.
Ese costo humano no se ha traducido en avances territoriales significativos. De acuerdo con el Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW), las fuerzas de Moscú apenas ganaron 40,64 kilómetros cuadrados entre diciembre de 2025 y mayo de 2026, frente a los 515,84 del mismo período del año anterior. En la primavera boreal de 2026, Rusia registró por primera vez desde agosto de 2024 pérdidas netas de terreno, cediendo unos 400 kilómetros cuadrados en abril y mayo. Analistas militares europeos atribuyen el estancamiento a la combinación de densos campos minados, fortificaciones múltiples y una zona de peligro de más de 20 kilómetros saturada de drones, donde el avance diario rara vez supera los 90 metros.
El desgaste de las tropas rusas se ha acelerado hasta un punto en que las bajas mensuales —entre 30.000 y 34.000— sobrepasan la capacidad de reclutamiento, estimada en unos 27.000 nuevos efectivos al mes, según el CSIS. El director del servicio de inteligencia británico GCHQ, en una intervención pública en mayo, elevó la cifra de soldados rusos muertos a cerca de medio millón. Desde Moscú no se difunden datos oficiales, pero las estimaciones occidentales coinciden en que la proporción de bajas se ha inclinado marcadamente en contra de Rusia: en el primer semestre de 2026, por cada baja ucraniana se contabilizaron ocho rusas, frente a una relación de dos o tres a uno en fases anteriores. El estudio subraya que el impacto demográfico recae de forma desproporcionada sobre las regiones más pobres y las minorías étnicas de la Federación Rusa.
En el plano geopolítico, la administración del presidente estadounidense Donald Trump ha señalado su desvinculación del conflicto, afirmando que este no afecta a Washington más allá de la venta de armamento. Esa postura ha llevado a las capitales europeas a reevaluar su arquitectura de seguridad, mientras Corea del Norte ha aportado más de 10.000 soldados para apoyar la recuperación rusa de la región de Kursk. Al mismo tiempo, la campaña ucraniana de ataques con drones de medio alcance contra refinerías, depósitos de combustible y fábricas de armamento en territorio ruso ha generado escasez de carburante y malestar social, según reportes de prensa y análisis de inteligencia de fuentes abiertas. El informe del CSIS se conoce en un momento de desgaste mutuo y sin que se vislumbre una salida negociada, con el frente prácticamente congelado y la guerra de desgaste como única dinámica activa.
| Prensa atlántica / anglosfera | −0.50 | critical |
|---|---|---|
| Prensa europea continental | −0.20 | neutral |
| Prensa del Golfo árabe | +0.10 | neutral |
The conflict is turning into a war of attrition that demands strategic patience; Russian losses are severe but not decisive.
A hierarchy of threats is built: Russian attrition is real, but not enough to justify premature optimism; the reader is urged not to let down their guard.
It omits that the CSIS study is funded by defense-industry-linked donors, which could color the interpretation of the numbers.
The numbers speak for themselves: two million total losses, Russian advance stalled. The war continues without breakthroughs.
A calm, news-report register is adopted, presenting the data as objective facts rather than political argument, reducing emotional charge.
It does not delve into the study's methodology or possible implications for European strategy.
Losses are heavy, but the war continues; no hasty conclusions are drawn.
Moral or political judgment is avoided, treating the conflict as a matter of power and numbers, in line with a tradition of realism.
It does not cite the CSIS as an American think tank, nor discuss the reliability of the estimates.
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