
La Galería de Apolo reabre vacía: el Louvre recupera su salón ceremonial sin las joyas robadas
Tras el robo de ocho piezas de la Corona francesa valoradas en 88 millones de euros, el museo parisino devuelve al público la suntuosa sala, ahora despojada de vitrinas y convertida en un paseo arquitectónico del siglo XVII.
En la mañana del miércoles, Jenny Lee, una guía turística surcoreana de 34 años, fue una de las primeras en cruzar el umbral de la Galería de Apolo del Louvre. “Para mí es un honor estar aquí el primer día”, confesó a la agencia AFP, mientras contemplaba una sala que, por primera vez en siglos, se mostraba desnuda de joyas. La escena, lejos de ser desoladora, atrajo a curiosos como Alison Leslie, una expolicía escocesa de 52 años, quien declaró: “Es hermosa, tal como la recuerdo. Creo que la prefiero vacía, sin las joyas”. El vacío se ha convertido en la nueva atracción de uno de los espacios más suntuosos del museo más visitado del mundo.
La reapertura se produce nueve meses después del audaz atraco del 19 de octubre de 2025, cuando un comando de ladrones utilizó una grúa montada sobre un camión para alcanzar el balcón de la galería, rebanar con sierras de disco las ventanas y las vitrinas, y huir en patinetes con ocho piezas de la Corona francesa valoradas en 88 millones de euros. El golpe, ejecutado en menos de ocho minutos a plena luz del día, dejó al descubierto graves fallos de seguridad que una auditoría interna de 2019 ya había señalado sin que se tomaran medidas. La entonces directora, Laurence des Cars, dimitió en febrero, y el nuevo responsable, Christophe Leribault, decidió retirar las joyas supervivientes a una cámara acorazada sin ventanas y devolver la Galería de Apolo a su función original del siglo XVII: la de un espacio ceremonial concebido para el paseo de la monarquía.
La sala, cuyos techos fueron diseñados por Charles Le Brun y más tarde enriquecidos por Eugène Delacroix, inspiró la Galería de los Espejos de Versalles y constituye uno de los testimonios más deslumbrantes del fasto de Luis XIV. Desde la óptica de París, la ministra de Cultura, Catherine Pégard, calificó el robo como “un trauma para el mundo entero” y prometió reforzar la seguridad de los museos nacionales. Mientras, en América Latina, medios como El Universal de México o Ámbito Financiero de Argentina han seguido con atención la reapertura, subrayando la paradoja de que el fracaso en la recuperación del botín —los cuatro sospechosos detenidos no han revelado el paradero de las piezas— haya convertido la galería vacía en un reclamo turístico adicional. El Louvre, que recibe más de nueve millones de visitantes al año, ha instalado nuevas cámaras y sistemas antiintrusión en el marco del plan “Louvre Nuevo Renacimiento”, un proyecto de 800 millones de euros que busca modernizar el museo y dar a la Mona Lisa una sala propia para 2031.
Mientras los investigadores franceses, con apoyo de policías de Bélgica e Italia, siguen rastreando los diamantes y tiaras desaparecidos, la corona de la emperatriz Eugenia —hallada rota junto al museo— se restaura en algún taller silencioso. En la Galería de Apolo, entre dorados y frescos, los visitantes pasean hoy bajo un cielo pintado de dioses, sin más tesoro que la memoria de lo que fue sustraído y la belleza de lo que permanece.
| Prensa atlántica / anglosfera | −0.10 | neutral |
|---|---|---|
| Prensa europea continental | −0.30 | critical |
| Prensa del Sudeste Asiático | +0.10 | neutral |
The dramatic heist and the museum's response are the centerpiece; the narrative emphasizes the audacity and the security failure.
By focusing on the brazen nature of the theft and the subsequent security upgrades, the story creates a sense of urgency and vulnerability, making the reopening a news event rather than a cultural milestone.
The critical perspective on the Louvre's broader management issues and the long-term deterioration of the building is omitted, as is the fact that the gallery's return to its 17th-century function is a positive reframing.
The museum's priorities are questioned; the reopening is framed as a missed opportunity to address deeper structural problems.
By including a critical expert voice (Rykner) and contrasting the security expense with the neglected infrastructure, the narrative shifts from a simple reopening to a debate on institutional governance.
The positive tourist experience and the beauty of the gallery are downplayed; the human interest angle is largely absent.
The visitor's perspective takes center stage; the heist becomes a footnote to the gallery's enduring beauty and historical significance.
By quoting a tourist guide who calls the robbery 'new history', the story normalizes the event and reframes it as an added layer of interest rather than a security failure.
The security concerns, the ongoing investigation, and the critical views on museum management are omitted; the focus is solely on the positive visitor experience.
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