
La Fed mantiene tipos pero inaugura la era Warsh con un giro restrictivo y profundas reformas
En su primera reunión al frente del banco central, Kevin Warsh congeló las tasas pero nueve miembros del comité anticiparon al menos una subida este año, mientras el comunicado eliminó toda orientación futura.
La Reserva Federal de Estados Unidos mantuvo este miércoles los tipos de interés en la horquilla del 3,50 % al 3,75 %, una decisión unánime que, sin embargo, ocultaba un viraje de fondo. En su estreno como presidente del banco central, Kevin Warsh no solo logró un consenso que no se veía desde hacía un año: las nuevas proyecciones trimestrales revelaron que nueve de los dieciocho miembros del Comité Federal de Mercado Abierto prevén al menos un alza de un cuarto de punto antes de que termine 2026, y seis de ellos anticipan múltiples incrementos. La inflación esperada para fin de año saltó del 2,7 % al 3,6 %, mientras el crecimiento del PIB se revisó a la baja hasta el 2,2 %. Desde Nueva York, analistas interpretaron el mensaje como un inequívoco endurecimiento del sesgo monetario, en contraste con las presiones que durante meses ejerció la Casa Blanca para abaratar el crédito.
El comunicado que acompañó la decisión fue el más breve en décadas: apenas 132 palabras, frente a las 341 de la reunión de abril. Desapareció por completo la llamada forward guidance, esa práctica de señalar la trayectoria probable de las tasas que Warsh lleva años criticando por considerar que encorseta a la autoridad monetaria. El nuevo presidente también se negó a presentar su propia proyección de tipos en el dot plot, una ruptura simbólica con la tradición de sus predecesores. En las capitales europeas, la prensa económica subrayó que la Fed ha entrado en una “era de halcones”: el comunicado promete garantizar la estabilidad de precios sin ambages, y Warsh anunció la creación de cinco grupos de trabajo para reformar áreas clave, desde la recolección de datos hasta la comunicación institucional. Para observadores latinoamericanos, el mensaje es inequívoco: la prioridad ya no es sostener el empleo a toda costa, sino domeñar una inflación que en mayo escaló al 4,2 % interanual, alimentada por el conflicto en Oriente Medio.
Los mercados reaccionaron con brusquedad. El índice S&P 500 cedió alrededor de un 1,5 %, el Dow Jones perdió más de 500 puntos y el Nasdaq retrocedió un 1,4 %, en la peor jornada de estreno para un presidente de la Fed desde 1994. El rendimiento de los bonos del Tesoro a dos años se disparó 16 puntos básicos hasta el 4,21 %, el dólar se fortaleció y el oro cayó un 1 %. Sin embargo, la sorpresa política llegó desde París: Donald Trump, que durante año y medio fustigó a Jerome Powell por no bajar las tasas, declaró que le parece “bien” que la Fed las mantenga o incluso las suba, “ahora que hay una persona muy válida al mando”. El comentario, recogido por corresponsales europeos, revela hasta qué punto el respaldo presidencial depende de la lealtad percibida del banquero central.
El horizonte sigue cargado de incertidumbre. Aunque las esperanzas de un acuerdo de paz con Irán han aliviado parcialmente los precios del crudo, la reapertura del estrecho de Ormuz sigue siendo una promesa frágil. Los mercados monetarios ya descuentan plenamente una subida de tipos para octubre, y desde centros financieros asiáticos se advierte que una Fed más restrictiva puede tensionar los flujos de capital hacia economías emergentes. Warsh, mientras tanto, promete “corregir” una inflación que lleva más de cinco años por encima de la meta del 2 %, y lo hace con un estilo que combina reformas estructurales y una comunicación minimalista. La era Warsh no ha hecho más que empezar, y su sello personal —menos palabras, más acción— podría redefinir la relación entre los bancos centrales y los mercados en los próximos años.
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El dólar se mantiene estable a la espera de la primera reunión de la Fed bajo Kevin Warsh, mientras el optimismo por un acuerdo provisional entre EE.UU. e Irán impulsa el apetito por el riesgo y reduce la demanda de la divisa refugio. Los mercados permanecen cautos, atentos a las señales del nuevo presidente sobre la senda de tipos.
Se espera que la Fed mantenga las tasas sin cambios en el debut de Warsh, pero crece la preocupación por la inflación avivada por la guerra de Irán y la presión política de Trump. Los mercados latinoamericanos siguen de cerca, evaluando posibles repercusiones en políticas monetarias locales como el Copom brasileño, mientras el escepticismo sobre las reformas propuestas por Warsh sigue alto.
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