
El patrocinio ruso frena la designación de Pirlo como seleccionador italiano
La firma del contrato hasta 2030 quedó en suspenso tras una tormenta política y legal por su vínculo con la casa de apuestas Fonbet, mientras la FIGC evalúa alternativas como Conte o Mancini.
La confirmación de Andrea Pirlo como nuevo commissario tecnico de la selección italiana de fútbol, que durante días se dio por cerrada tras el no de Pep Guardiola, se detuvo en seco la noche del sábado. Lo que iba a ser un contrato por 1,5 millones de euros anuales hasta el Mundial de 2030 fue congelado por el presidente de la Federación Italiana (FIGC), Giovanni Malagò, después de que trascendiera el rol del excentrocampista como embajador global de la casa de apuestas rusa Fonbet y su reciente viaje a Moscú junto a Marco Materazzi para un evento promocional. Desde la óptica de Bruselas y varios sectores políticos italianos, esa asociación comercial — calificada por la vicepresidenta del Parlamento Europeo, Pina Picierno, como una “normalización del régimen de Putin” — se consideró incompatible con un cargo de representación nacional en plena guerra de Ucrania.
Las críticas subieron de tono cuando se recordó que la visita a la capital rusa a fines de mayo, con firma de autógrafos y sesiones fotográficas, coincidió con uno de los mayores bombardeos sobre Kiev. El senador Carlo Calenda, líder del partido Azione, sentenció que “quien hace o ha hecho propaganda por Rusia después de 2022 no debería ocupar cargos nacionales”. Desde Kiev, el presidente de la federación ucraniana y excompañero de Pirlo en el Milan, Andriy Shevchenko, expresó su desilusión: “Condeno lo que hicieron, les transmití mi insatisfacción”. La presión no provino solo de un flanco: la asociación de consumidores Codacons anunció un doble movimiento legal — una denuncia ante la Autoridad de Comunicaciones por violar la prohibición de publicidad de apuestas en Italia y un recurso ante el tribunal administrativo regional para bloquear el nombramiento.
Sin embargo, en el interior del debate italiano también emergieron voces que defendían la separación entre deporte y política. El eurodiputado Roberto Vannacci, líder de Futuro Nazionale, rechazó que exista “cuestión ética” y pidió evaluar a Pirlo solo por su competencia técnica: “Cultura, arte y deporte deben quedar fuera de la política y las relaciones internacionales”. La división se reprodujo incluso en la FIGC: mientras el director técnico Paolo Maldini apostó fuerte por su antiguo compañero de selección, Malagò — según fuentes cercanas — albergaba dudas desde el inicio y prefería un perfil con más recorrido de banquillo, como Antonio Conte o el regreso de Roberto Mancini.
El trasfondo deportivo agravó la tormenta. Italia arrastra tres ausencias consecutivas en Copas del Mundo, la mayor crisis de su historia, y la elección del seleccionador se presentaba como el primer ladrillo de una reconstrucción liderada por Maldini y el asesor Leonardo. Los reparos sobre Pirlo no eran nuevos: su única experiencia en un grande, la Juventus en 2020‑21, terminó con el primer scudetto perdido por el club en una década, y luego dirigió en Turquía, la Serie B y los Emiratos Árabes sin títulos relevantes. La promesa de rescindir el contrato con Fonbet sin penalización, anunciada por sus abogados, no ha bastado para disipar el ruido.
Ahora el foco se desplaza al Consejo Federal del martes en Roma. Hasta entonces, el silencio de Malagò hacia Pirlo — que espera en un retiro en Austria — se interpreta como un mal augurio. Si la federación confirma el paso atrás, recobrarían fuerza las alternativas de Conte y Mancini, este último ya había rechazado ofertas de Benfica y clubes ingleses convencido de que la Nazionale volvería a llamar a su puerta. Por el contrario, un desistimiento definitivo de la cúpula federativa podría arrastrar las renuncias de Maldini y Leonardo y dejar al fútbol italiano sin rumbo a las puertas de la clasificación para la Eurocopa 2028.
| Prensa europea continental | −0.30 | critical |
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| Prensa del Golfo árabe | 0.00 | neutral |
| Prensa israelí | 0.00 | neutral |
L'Italia è divisa tra chi difende la libertà commerciale di Pirlo e chi chiede coerenza con i valori dello sport.
La narrazione polarizza il dibattito attorno a un dettaglio (la sponsorizzazione) per amplificare le divisioni preesistenti, trasformando un fatto personale in una questione nazionale.
Viene trascurata la posizione di Pirlo stesso e i dettagli del contratto con Fonbet, nonché le opinioni neutrali degli esperti legali.
Il Golfo osserva da lontano la vicenda, senza prendere posizione.
La copertura si limita a citare fonti italiane senza aggiungere analisi, mantenendo un tono puramente informativo.
Non vengono approfondite le implicazioni politiche interne all'Italia o il contesto della sponsorizzazione.
Israele riporta il fatto con distacco, seguendo l'evoluzione della vicenda.
Si affida a fonti italiane note, riproducendone la narrazione senza filtrarla o commentarla.
Manca il contesto del ruolo di Maldini e delle pressioni politiche, nonché la reazione di Pirlo.
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