
Netanyahu desafía a Trump: Israel no se retirará del Líbano pese al acuerdo con Irán
El primer ministro israelí comunicó a Washington que no se considera vinculado por el alto el fuego en el frente libanés, mientras ministros clave exigen la destrucción total de Hezbolá.
La anunciada paz entre Estados Unidos e Irán ha tropezado antes de firmarse con un obstáculo mayúsculo: la negativa frontal de Israel a aceptar el capítulo relativo al Líbano. En una conversación telefónica mantenida el 14 de junio, el primer ministro Benjamín Netanyahu trasladó al presidente Donald Trump que las Fuerzas de Defensa de Israel permanecerán en sus posiciones actuales en el sur del Líbano y que su país no se considera obligado por ninguna cláusula que limite su libertad de acción frente a Hezbolá. La filtración, difundida por el diario Ynet y corroborada por múltiples medios israelíes e internacionales, revela que Netanyahu obtuvo el respaldo unánime de su gabinete para esta postura, que quiebra uno de los ejes del entendimiento alcanzado con mediación paquistaní.
La reacción en cadena de la cúpula política y militar israelí no se hizo esperar. El ministro de Defensa, Israel Katz, declaró que las tropas permanecerán “de forma indefinida” en las denominadas zonas de seguridad del Líbano, Siria y Gaza, y advirtió que si Irán ataca a Israel a raíz de los acontecimientos en el Líbano, la respuesta será “con toda la fuerza”. Katz calificó el control de esos territorios como una de las mayores conquistas de la guerra y adelantó que se despoblará la zona de residentes locales y se demolerá la infraestructura, incluidas viviendas fronterizas. Desde el ala más radical del Ejecutivo, el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, sentenció que “el acuerdo de Trump no nos vincula” y que Israel no se conformará con nada que no sea el desmantelamiento total de Hezbolá, sin retirarse “ni un centímetro” de los terrenos tomados. El ministro de Energía, Eli Cohen, añadió que Israel está preparado para actuar incluso en solitario contra el régimen iraní.
El pacto entre Washington y Teherán, que según Pakistán se firmará el 19 de junio en Ginebra, incluye el cese inmediato y definitivo de las hostilidades en todos los frentes, también el libanés. Mientras la comunidad internacional ha recibido el anuncio con alivio, en Israel la condena es prácticamente unánime. El ex primer ministro Naftali Bennett, posible aspirante a suceder a Netanyahu, criticó que el actual gobierno no haya sabido convertir los logros militares en una seguridad duradera y acusó al Ejecutivo de arrastrar al país a “guerras de desgaste sin resultado”. Desde la óptica de las capitales árabes, analistas subrayan que el rechazo israelí deja en evidencia la fragilidad de un acuerdo que pretendía apagar todos los focos del conflicto regional de una sola vez.
Observadores en América Latina y España siguen el pulso con atención, conscientes de que una fractura abierta entre Israel y Estados Unidos en este momento podría reconfigurar las alianzas en Oriente Medio y afectar la estabilidad de los mercados energéticos globales. La extensión del estado de emergencia en el frente interno israelí hasta el 30 de junio, decidida por la incertidumbre sobre Líbano e Irán, confirma que el gobierno de Netanyahu se prepara para un escenario de tensión prolongada. La negativa a retirarse del Líbano, comunicada con crudeza a Trump, plantea un dilema inmediato: si Washington acepta la excepción israelí, el acuerdo con Irán nacería herido de credibilidad; si insiste en su cumplimiento, pondrá a prueba los límites de su influencia sobre un aliado que se declara soberano y decidido a no ceder.
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Los líderes israelíes rechazan el acuerdo EE.UU.-Irán, reivindicando la soberanía nacional y negándose a retirarse de las zonas de seguridad en el Líbano. Consideran que el pacto no garantiza la seguridad de Israel e insisten en el derecho a continuar las operaciones contra Hezbolá. Fuentes militares indican, no obstante, que si Hezbolá respeta el alto el fuego, Israel no atacará.
Israel ignora el acuerdo de alto el fuego entre Estados Unidos e Irán, negándose a retirar sus tropas de los territorios ocupados en el Líbano. Funcionarios israelíes anuncian planes para 'limpiar' la zona de población e infraestructura locales, señalando una ocupación permanente. El desafío se considera un golpe a los esfuerzos de paz y una continuación de la agresión militar.
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