
Japón rescata un empate agónico ante Países Bajos y sus hinchas vuelven a dar una lección de civismo mundial
El gol de Kamada en el minuto 89 selló el 2-2 en Dallas, pero fueron los seguidores nipones quienes acapararon la atención al limpiar las gradas y la caseta, una tradición cultural que ya es seña de identidad en las Copas del Mundo.
El estreno de Japón en el Grupo F del Mundial 2026 dejó una doble impronta: la deportiva, con un empate 2-2 frente a Países Bajos que extiende a diez partidos su racha invicta ante selecciones europeas, y la cultural, con una nueva exhibición de civismo que dio la vuelta al planeta. Cuando Daichi Kamada transformó el definitivo tanto en el minuto 89, el banquillo nipón celebró con la mesura de quien había trabajado cada detalle —incluido un tablero numérico que el cuerpo técnico mostró desde la banda para gestionar el tiempo restante, un método que analistas en Yakarta y Medellín calificaron de ingenioso—, mientras el técnico Hajime Moriyasu admitía su insatisfacción por no haber logrado la victoria. Ronald Koeman, por su parte, defendió los cambios que diluyeron la ventaja neerlandesa, en un duelo que los cronistas europeos describieron como vibrante y táctico.
Sin embargo, la imagen que monopolizó las redes sociales fue la de cientos de aficionados japoneses que, armados con bolsas azules, permanecieron en las gradas del AT&T Stadium para recoger hasta el último residuo. “Es nuestra cultura, una forma de respeto a los jugadores, al estadio y a todos”, explicó una seguidora a la FIFA, mientras que el joven Eita Tanaka detalló a la agencia AFP que en las escuelas primarias se enseña a dejar cualquier espacio más ordenado de lo que se encontró. Medios de Oriente Medio como Al Ittihad y Hespress subrayaron que esta práctica, conocida como ‘sōji’, se remonta a la primera participación mundialista de Japón en 1998 y se ha repetido en cada gran cita, incluidos los Juegos Olímpicos. La prensa latinoamericana —desde Buenos Aires hasta São Paulo— calificó el gesto de “ejemplo de civilidad”, y un video que mostraba a un hincha en silla de ruedas sumándose a la limpieza conmovió especialmente a las audiencias de Teherán y Dacca.
La disciplina trascendió las tribunas. Los propios futbolistas dejaron la caseta impecable, doblando la ropa y embolsando los restos de comida, según reportaron medios rusos y estadounidenses. En paralelo, la celebración en el cruce de Shibuya, en Tokio, se volvió viral por su sincronización perfecta: los aficionados solo invadieron la calle durante los cuarenta segundos que duró el semáforo en rojo, una coreografía urbana que los diarios italianos interpretaron como metáfora del autocontrol colectivo. Incluso el quarterback de la NFL Jameis Winston, corresponsal de Fox Sports, se unió a la recogida de basura, un gesto que desde Washington se leyó como puente entre culturas deportivas.
De cara a la segunda jornada, Japón se medirá a Túnez con la intención de transformar su solidez defensiva y su resiliencia en tres puntos que allanen los octavos de final, una fase que se les ha negado en las cuatro últimas ediciones. El empate ante la ‘Oranje’ confirma que los Samuráis Azules ya no son una simple revelación: su racha invicta ante equipos europeos, que incluye victorias sobre Alemania y España en Catar 2022, los sitúa como un adversario incómodo para cualquier favorito. Más allá de los resultados, el legado de sus hinchas y jugadores consolida a Japón como un referente de respeto y civismo en el escenario global, un relato que, desde Bruselas hasta Nueva Delhi, se celebra como una de las narrativas más edificantes de este Mundial.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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La noticia resalta la conmovedora tradición de los aficionados japoneses de limpiar el estadio, y señala que el mariscal de campo de la NFL Jameis Winston se unió a ellos, mostrando cómo el gesto tiende puentes entre culturas. El énfasis está en el respeto y el momento viral compartido por la FIFA.
Los aficionados japoneses son celebrados como 'impecables' y su comportamiento se presenta como una muestra de clase permanente, según la máxima de que la forma es temporal pero la clase es eterna. La limpieza se retrata como una virtud duradera que merece elogios mundiales y establece un referente de etiqueta para los hinchas.
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