
Noruega celebra a sus héroes: 100.000 personas reciben a Haaland y compañía tras su histórica participación en el Mundial
La selección noruega, eliminada en cuartos de final por Inglaterra, fue homenajeada por la familia real y una multitud en Oslo, mientras Haaland acaparaba la atención con un mapache disecado como souvenir.
La aventura noruega en la Copa del Mundo de 2026 concluyó el sábado en Miami con una derrota por 2-1 ante Inglaterra en la prórroga, un resultado que, sin embargo, no empañó la mejor actuación de su historia en el torneo. El equipo dirigido por Ståle Solbakken, que regresaba a una fase final tras 28 años de ausencia, se adelantó con un gol de Andreas Schjelderup, pero dos tantos de Jude Bellingham —el definitivo en el minuto 93 del tiempo extra— frustraron el sueño de semifinales. Antes, los nórdicos habían firmado una campaña memorable: victoria por 3-2 sobre Senegal, un traspié ante Francia (4-1) y, sobre todo, un triunfo épico por 2-1 frente a Brasil en octavos de final, con un doblete de Erling Haaland, quien cerró su primer Mundial con siete goles en cinco partidos.
Dos días después de la eliminación, la capital noruega se volcó en un recibimiento multitudinario que, según estimaciones de la prensa local, congregó a cerca de 100.000 personas en los alrededores del Palacio Real y la céntrica avenida Karl Johans gate. La familia real al completo —el rey Harald, el príncipe heredero Haakon y los príncipes Ingrid Alexandra y Sverre Magnus— recibió a la delegación en una ceremonia protocolaria en la que el monarca agradeció a los jugadores “todo lo que hemos vivido”. El momento culminante llegó cuando el propio príncipe Haakon, que ya había viajado a Miami para arropar al equipo, tomó un tambor y dirigió desde las escalinatas del palacio el ya célebre “remo vikingo”, la coreografía colectiva que se convirtió en seña de identidad de la selección durante el torneo. La celebración prosiguió con un desfile en autobús descapotable por el centro de Oslo, aunque el avance se ralentizó por la marea humana.
Más allá del fervor popular, la imagen que dio la vuelta al mundo fue la del delantero Erling Haaland descendiendo del avión en el aeropuerto de Gardermoen con un mapache disecado que sostiene una botella de whisky. El excéntrico souvenir, adquirido por 750 dólares en la tienda Wild Bill’s Western Store de Dallas durante la concentración del equipo en Texas, desató un fenómeno viral después de que el propio jugador publicara la fotografía en Instagram con el mensaje “Me siguió hasta casa”. Medios estadounidenses recogen que la pieza, bautizada como “Whiskey Raccoon”, se agotó de inmediato y el establecimiento, un negocio familiar con casi medio siglo de historia, se vio obligado a habilitar envíos internacionales ante la avalancha de pedidos desde Noruega y otros países. Haaland, que también compró botas de piel de serpiente y un sombrero de vaquero con sus iniciales, llegó a gastar 10.000 dólares en artículos texanos, según reportes de la prensa rusa, y abrió una encuesta entre sus seguidores para poner nombre al animal.
Pese a que Haaland y el centrocampista Sander Berge tuvieron que abandonar la fiesta popular antes de tiempo para tomar un vuelo a Sicilia, el eco de la gesta noruega resonó mucho más allá de los actos oficiales. Analistas en Europa septentrional subrayan que la clasificación para cuartos de final —la primera en la historia del país— y la eliminación de Brasil han transformado la percepción del fútbol noruego, que ahora encara el futuro con una generación liderada por Haaland y Martin Ødegaard. Mientras la Copa del Mundo avanza hacia las semifinales con Inglaterra como próximo rival de Argentina, Noruega regresa a casa con la certeza de haber escrito el capítulo más brillante de su historia mundialista.
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