
Fallece Serguéi Ivanov, el exministro de Defensa que rozó la sucesión de Putin
El antiguo jefe de la administración presidencial y estrecho colaborador de Putin murió a los 73 años, cerrando una carrera de medio siglo junto al líder ruso.
El fallecimiento de Serguéi Ivanov, anunciado el viernes por la Liga Unida VTB de baloncesto —de la que era presidente honorario—, pone fin a la trayectoria de uno de los colaboradores más longevos del presidente Vladímir Putin. Ivanov, de 73 años, había abandonado en febrero pasado su último cargo oficial como representante especial para asuntos medioambientales y fue excluido del Consejo de Seguridad de Rusia, órgano del que era miembro permanente desde 1999. El Kremlin confirmó el deceso sin precisar las causas y Putin transmitió sus condolencias a la familia mediante un telegrama, según informó su portavoz, Dmitri Peskov.
Formado en el KGB soviético, Ivanov compartió destino con Putin en la dirección de Leningrado en los años setenta y, a diferencia de este, continuó en los servicios de inteligencia exterior tras la disolución de la URSS. En 1998, Putin lo nombró subdirector del FSB y, posteriormente, secretario del Consejo de Seguridad. En 2001 se convirtió en el primer civil en dirigir el Ministerio de Defensa ruso, cargo desde el que impulsó una reducción del servicio militar y el inicio de la profesionalización de las fuerzas armadas, aunque analistas militares en Moscú señalan que las reformas estructurales profundas llegarían después, con su sucesor Anatoli Serdiukov.
Durante el segundo mandato de Putin, Ivanov fue considerado, junto a Dmitri Medvédev, el principal aspirante a la sucesión presidencial. Desde la óptica de observadores europeos, su perfil de silovik —hombre de los servicios de seguridad— y una polémica declaración sobre las novatadas en el ejército («la dedovshchina empieza en la guardería») minaron sus opciones frente al jurista Medvédev, quien finalmente asumió la presidencia en 2008. Tras la derrota en esa pugna, Ivanov ocupó la jefatura de la administración presidencial entre 2011 y 2016, antes de ser desplazado a la cartera ecológica, un movimiento que fuentes cercanas al Kremlin atribuyen al impacto personal de la muerte de su hijo mayor en 2014 y a un progresivo deterioro de su salud.
En América Latina, la figura de Ivanov apenas trascendió más allá de los círculos diplomáticos, aunque su muerte coincide con un momento de reconfiguración de las élites rusas. Analistas en Buenos Aires y Madrid coinciden en que su desaparición no altera el equilibrio de poder en Moscú, pero subraya el envejecimiento del núcleo duro que acompaña a Putin desde la época soviética. El Kremlin no ha anunciado ceremonias fúnebres de Estado, y se espera que el legado de Ivanov quede circunscrito a su papel como arquitecto de la primera etapa de modernización castrense y como testigo de la consolidación del sistema de poder actual.
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