
Muere Hamad bin Khalifa Al Thani, el ex emir que convirtió a Catar en una potencia global
El ex mandatario, quien gobernó de 1995 a 2013 y transformó el país gracias al gas natural, falleció a los 74 años; Doha declara cuatro días de luto oficial.
El ex emir de Catar, jeque Hamad bin Khalifa Al Thani, falleció el domingo 12 de julio a los 74 años, según confirmó el Diwan Amiri catarí sin precisar las causas. Su deceso marca el cierre de una era para el pequeño Estado del Golfo, que bajo su liderazgo pasó de ser un emirato periférico a un actor con peso en los mercados energéticos, la diplomacia regional y los medios de comunicación globales.
Las autoridades cataríes decretaron un luto nacional de cuatro días, con banderas a media asta, cierre de oficinas gubernamentales y suspensión de actividades en las instituciones públicas a partir del lunes. Los funerales tuvieron lugar el mismo domingo en Lusail, tras la oración del atardecer, y el actual emir, Tamim bin Hamad Al Thani, recibirá condolencias entre el 13 y el 15 de julio. Gobiernos de diversas regiones expresaron sus condolencias: India declaró un día de duelo nacional y el primer ministro indio lo calificó de «visionario y amigo verdadero»; Malasia, mediante su primer ministro Anwar Ibrahim, recordó su «acto excepcional de estadista» al abdicar voluntariamente en 2013; Indonesia, Nigeria, Egipto, Líbano, Pakistán e Irán también enviaron mensajes de pesar.
Desde la óptica de analistas en la región, Hamad bin Khalifa es considerado el artífice del Catar moderno. Durante sus dieciocho años de gobierno amplió la explotación de las reservas de gas natural hasta convertir al país en el mayor exportador mundial de gas natural licuado. Con esa riqueza fundó la Autoridad de Inversiones de Catar, que adquirió activos emblemáticos como los grandes almacenes Harrods en Londres o el club de fútbol Paris Saint-Germain, y lanzó la cadena Al Yazira en 1996, un medio que redefinió el panorama informativo árabe y proyectó la influencia catarí más allá del Golfo. Asimismo, bajo su mandato Catar obtuvo la sede de la Copa Mundial de la FIFA 2022, aceleró la expansión de Qatar Airways y construyó el aeropuerto internacional Hamad.
En el plano diplomático, fuentes oficiales cataríes y analistas internacionales destacan que ejerció de mediador en conflictos de la región —Líbano, Yemen, Darfur— y mantuvo canales abiertos con actores contrapuestos, desde Estados Unidos, que alberga en Catar el Mando Central, hasta Irán y grupos como Hamás. Ese posicionamiento generó fricciones con sus vecinos del Golfo, especialmente por el respaldo catarí a movimientos islamistas durante la Primavera Árabe, lo que derivó en un bloqueo regional en años posteriores. La abdicación voluntaria de 2013 en favor de su hijo, interpretada por observadores europeos y árabes como una maniobra para anticiparse a demandas generacionales, fue un gesto inusual en las monarquías hereditarias de la zona, especialmente si se recuerda que él mismo había llegado al poder mediante un golpe incruento contra su padre en 1995.
El legado de Hamad bin Khalifa queda atravesado por luces y sombras: a la modernización económica se suman las críticas de organizaciones de derechos humanos por las condiciones de los trabajadores migrantes y la represión de la disidencia. Mientras Catar honra a su padre fundador contemporáneo, los siguientes días estarán marcados por los ritos fúnebres y la recepción de delegaciones extranjeras que desde este lunes desfilan por Doha.
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| Prensa atlántica / anglosfera | +1.00 | aligned |
| Prensa europea continental | +0.70 | aligned |
Qatar gathers in grief for the loss of the Father Emir, whose reign brought prosperity and international prestige.
A narrative of national unity is built around the sovereign as father of the nation, emphasizing official mourning as a collective ritual.
Silent about the coup against his father and controversies around rapid modernization, such as treatment of foreign workers.
The former emir redefined the role of a small country on the world stage, with a story of rise that inspires admiration.
A classical 'rise and fall' lexicon is used, emphasizing transformation from 'backwater' to 'global powerhouse' to universalize Qatar's success.
Does not mention details of official mourning or criticisms of the development model, such as migrant labor.
The former emir used natural resources to position Qatar as a global player, with particular attention to internal reforms.
Policies are hierarchized: natural gas and World Cup as priorities, omitting the media dimension (Al Jazeera) and diplomatic role.
No mention of Al Jazeera's role or mediation in regional conflicts, nor the voluntary abdication.
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