
Del pupitre al plato: la odisea cotidiana de los comedores escolares en tres continentes
Mientras Ghana frena la expansión de su programa por falta de fondos, Nigeria y Canadá multiplican las raciones; en India, los alumnos alzan la voz por la calidad de la comida.
Los estudiantes del internado de la Escuela de Reclamación Kallar, en Dindigul, sur de la India, rodearon al ministro de Bienestar de las Castas Desfavorecidas sin el menor titubeo. Acababan de probar un almuerzo decente, pero sabían que era una excepción: el cocinero había sido contratado a toda prisa al conocerse la visita oficial. Con la naturalidad de quien ha normalizado la queja, le explicaron que los paquetes de alimentos solían estar caducados y que en el albergue femenino la encargada nunca aparecía. El ministro apuntó los números de teléfono de varios chicos y prometió medidas. La escena, recogida por la prensa local, condensa una tensión que recorre miles de kilómetros: la distancia entre la promesa de un plato caliente en la escuela y la realidad de los ingredientes, los presupuestos y los controles.
Esa misma semana, en Accra, la ministra de Género, Infancia y Protección Social de Ghana, Agnes Naa Momo Lartey, comparecía ante el Parlamento para anunciar que en 2026 no habrá ni una sola escuela más en el Programa de Alimentación Escolar. La partida presupuestaria no obtuvo la autorización financiera necesaria, de modo que los 4,2 millones de alumnos de 12.000 centros públicos que ya reciben una comida diaria no verán crecer la cobertura. La ministra detalló otras medidas en curso: se ha eliminado el componente impositivo de los pagos a los catereros y se ha elevado la subvención por ración de 1,50 a 2 cedis. Al mismo tiempo, advirtió de que se revocarán contratos a quienes sirvan comidas por debajo de los estándares, tras varios episodios en los que los inspectores obligaron a repetir la preparación delante de los maestros. Desde la óptica de los legisladores ghaneses, el programa sigue siendo un pilar para la matriculación y la producción agrícola local, pero la falta de fondos frena su expansión.
A unos cientos de kilómetros, en Lagos, la narrativa es otra. El Gobierno federal de Nigeria, en alianza con el estado y los 57 concejos locales, presentó la iniciativa “Adopt a School for Snacks for Thought – PBAT FEEDS”, que arrancará el 30 de junio con el objetivo de ofrecer un refrigerio matutino a 30.000 alumnos de primaria y secundaria cada día. La responsable nacional del Programa de Alimentación Escolar de Cosecha Propia, Aderemi Adebowale, explicó que el modelo se apoya en un panel digital que permite a empresas, organizaciones religiosas y particulares apadrinar escuelas y seguir en tiempo real el impacto de su aportación. En paralelo, en el estado septentrional de Jigawa, el comisionado de Asuntos Humanitarios informó de que 154.412 hogares vulnerables han sido registrados para recibir una transferencia monetaria incondicional de 25.000 nairas por ciclo, el triple que la asignación anterior, con el fin de mejorar la nutrición familiar y dinamizar la microeconomía de vendedores ambulantes y teterías.
Al otro lado del Atlántico, la provincia canadiense de Nueva Escocia completará en septiembre la universalización de su programa de almuerzos escolares asequibles. Los 37 institutos de secundaria que faltaban se sumarán a un sistema de pago según los ingresos familiares —el precio máximo es de 6,50 dólares canadienses— que ya sirvió más de 12 millones de comidas desde su lanzamiento en 2024. El menú, que incorpora las sugerencias de los estudiantes, incluye desde wraps de pollo César hasta tazones de fideos ramen, y las raciones se ampliarán en secundaria. El gobierno provincial subraya que la medida alivia el presupuesto de las familias y, al mismo tiempo, mejora la concentración en el aula.
En todos estos escenarios, el comedor escolar funciona como un espejo de las prioridades públicas. Mientras en Dindigul los alumnos le pasan al ministro su número de móvil para que no se olvide de ellos, en Lagos un patrocinador puede ver en una pantalla cuántos niños desayunan gracias a su donación. Son las dos caras de una misma moneda: la convicción, compartida por gobiernos de rentas muy dispares, de que el aprendizaje empieza por el estómago, y la dificultad de convertir esa certeza en un plato que llegue caliente, nutritivo y todos los días.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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El gobierno ghanés reconoce que las limitaciones presupuestarias impiden añadir más escuelas al programa de alimentación escolar este año, mientras sigue sirviendo a 4 millones de alumnos al día. Las autoridades también se disponen a sancionar a los proveedores que ofrecen comidas de baja calidad, destacando el efecto positivo del programa en la asistencia escolar.
El programa de alimentación escolar de Ghana atraviesa una crisis financiera que deja a miles de niños sin la comida caliente prometida y genera temores de malnutrición y abandono escolar. Los críticos señalan la mala gestión y la dependencia de asignaciones presupuestarias inciertas, y reclaman apoyo internacional urgente y reformas sistémicas.
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