
El Pentágono cifra en 37.500 millones de dólares el costo de la guerra con Irán y pide 67.000 millones más
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, reveló la cifra ante el Senado mientras la Casa Blanca presiona para aprobar un paquete presupuestario que incluye fondos para el conflicto, ayuda agrícola y cambios electorales.
El secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, informó este martes ante el Comité de Asignaciones del Senado que la guerra contra Irán ha costado hasta ahora 37.500 millones de dólares, un incremento de casi 8.000 millones desde la última estimación oficial de mayo. Durante una audiencia interrumpida en cuatro ocasiones por manifestantes que gritaban consignas contra los bombardeos, Hegseth defendió una solicitud de financiamiento suplementario de 67.000 millones de dólares para el Pentágono, que se sumaría a un presupuesto de defensa de 1,5 billones propuesto por la administración Trump. El jefe del Estado Mayor Conjunto, general Dan Caine, compareció junto a él y advirtió que, sin los fondos, el entrenamiento militar y la reposición de municiones se verían comprometidos.
Desde la óptica de la Casa Blanca, los recursos son “urgentes y necesarios” para mantener la superioridad tecnológica y garantizar la libertad de navegación en el estrecho de Ormuz, donde la Armada estadounidense escolta buques comerciales de manera encubierta desde mayo. Hegseth vinculó la partida a la doctrina de “paz mediante la fuerza” y acusó a la administración anterior de negligencia presupuestaria. En contraste, la principal demócrata del comité, la senadora Patty Murray, calificó el conflicto como “otra guerra eterna” y recordó que el presidente Trump ha prometido más de cuarenta veces un acuerdo inminente sin resultados concretos. Legisladores demócratas cuestionaron que se destinen decenas de miles de millones a bombas mientras los ciudadanos enfrentan el alza del precio de la gasolina, que ya supera los cuatro dólares por galón.
El nuevo cálculo de costos se produce en un contexto de escalada militar tras el colapso del alto el fuego a principios de julio. En los últimos diez días, Estados Unidos ha lanzado ataques diarios contra posiciones iraníes, mientras Teherán responde con misiles y drones que han causado la muerte de al menos 17 soldados estadounidenses y heridas a más de 400. Analistas en centros de estudios estratégicos de Washington estiman que el gasto diario del conflicto ronda los 890 millones de dólares, y advierten que la cifra oficial no incluye costos operativos ya presupuestados. Desde la perspectiva de Bruselas y de capitales latinoamericanas como Buenos Aires o Ciudad de México, la prolongación de las hostilidades añade presión a los mercados energéticos globales y reaviva el debate sobre la legalidad de una campaña militar sin autorización expresa del Congreso.
El paquete presupuestario que impulsan los republicanos asciende a 95.000 millones de dólares e incluye, además de los fondos de guerra, 10.000 millones en ayuda a agricultores afectados por los aranceles y otros 10.000 millones para modificaciones de la ley electoral, como nuevos requisitos de identificación. La votación en la Cámara de Representantes está prevista para esta misma semana, antes del receso legislativo por la campaña de las elecciones de medio término, en las que el control del Congreso está en juego. La Casa Blanca ha instado a aprobar la resolución “sin modificaciones y de inmediato”, mientras la mayoría de los estadounidenses desaprueba la gestión del conflicto, según un sondeo de AP-NORC.
| Prensa atlántica / anglosfera | −0.60 | critical |
|---|---|---|
| Prensa iraní y afín | −0.40 | critical |
| Prensa del Golfo árabe | −0.10 | neutral |
La administración está desangrando al ejército con una guerra no planificada; el Congreso debe exigirle cuentas.
Al yuxtaponer el aumento de costos y las muertes de soldados con la solicitud de la administración, la narrativa crea un sentido de crisis fiscal y moral que exige supervisión del Congreso.
El bloque omite cualquier justificación detallada de la guerra desde la perspectiva de la administración, como la necesidad estratégica o la amenaza de Irán, centrándose en cambio en los costos y las luchas políticas.
La máquina de guerra estadounidense se está desangrando en una agresión fútil contra Irán; el costo real es mucho mayor de lo admitido.
Al enmarcar el costo como una señal de desesperación y resaltar la carga para los contribuyentes estadounidenses, la narrativa deslegitima la guerra y retrata a Estados Unidos como sobrecargado.
El bloque omite cualquier mención de la lógica estratégica estadounidense o la amenaza que representa Irán, centrándose únicamente en el fracaso financiero y moral de la guerra.
El esfuerzo bélico debe mantenerse; los fondos solicitados son esenciales para la preparación militar y para evitar socavar la campaña.
Al centrarse en el impacto operativo y las advertencias de expertos, la narrativa enmarca la solicitud de financiamiento como una necesidad práctica más que como un tema político.
El bloque omite el costo humano de la guerra, como las muertes de soldados y las víctimas civiles, y la controversia política que rodea el conflicto.
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