
El pato Merlín, vetado del estadio por la FIFA pese a su fama viral
La mascota más célebre del Mundial 2026 no pudo presenciar el México-Chequia desde la grada, aunque accedió al perímetro del Azteca para una grabación televisiva.
El desenlace fue agridulce para el fenómeno animal del torneo. Merlín, el pato que en dos semanas pasó de deambular entre festejos callejeros a ser recibido en Palacio Nacional, se quedó sin butaca en el Estadio Ciudad de México la tarde del miércoles. Aunque la FIFA le franqueó el acceso al anillo exterior del recinto para filmar una cápsula con Televisa, el reglamento que prohíbe la entrada de animales a los graderíos por razones de bienestar le impidió permanecer durante el partido contra Chequia. Su dueña, Carla Ivette Gómez, confirmó a medios locales que la familia sí ingresó al inmueble, mientras el ave aguardó resguardada fuera de las tribunas.
La resolución administrativa puso fin a una campaña de aficionados que reclamaban un lugar para el palmípedo en el encuentro. Merlín llegó al estadio dentro de una caja transportadora, cubierto con una manta morada y escoltado por personal del organismo rector, en un operativo de seguridad que contrastó con sus habituales paseos a pie entre la multitud. Un portavoz del torneo confirmó que se le permitió ingresar al perímetro, pero no al graderío, y declinó hacer más comentarios. Desde la óptica de la FIFA, la medida se enmarca en protocolos de protección animal que no contemplan excepciones para celebridades virales.
El veto no empaña una trayectoria meteórica. Merlín saltó a la fama durante los festejos por el triunfo inaugural de México sobre Sudáfrica, cuando fue grabado junto a su familia mientras vendían bebidas en la capital. En menos de quince días, el pato de dos años lució la camiseta verde del Tri en estudios de televisión, se mezcló con seguidores en el Zócalo, visitó las oficinas de Netflix y fue invitado a la conferencia matutina de la presidenta Claudia Sheinbaum. Analistas en Ciudad de México subrayan que su imagen ha trascendido lo folclórico para convertirse en un símbolo espontáneo del mundial en casa, comparable a otras mascotas no oficiales que han irrumpido en grandes citas deportivas.
En paralelo, el animal protagonizó una disputa de propiedad intelectual que el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial zanjó a favor de la familia Gómez. El director general del organismo, Vidal Llerenas Morales, declaró hecho público y notorio que la marca pertenece a la dueña original, desestimando solicitudes de terceros que pretendían registrar el nombre para uso comercial. La presidenta Sheinbaum calificó esos intentos como un abuso, en un respaldo político que, desde la perspectiva de observadores europeos, refleja la inusual capacidad del ave para permear todas las esferas de la vida pública mexicana durante la Copa del Mundo.
Con Merlín fuera de las gradas, su familia ocupó los asientos asignados para presenciar el duelo del Grupo A. Gómez describió la experiencia como una “emoción muy fuerte” y, pese a la ausencia física del animal, sostuvo que su influjo se mantiene intacto: “Merlín es un amuleto de la suerte, y sé que, con él, la selección mexicana volverá a ganar hoy”. El próximo capítulo de esta historia queda abierto a futuras convocatorias mediáticas, incluida una petición pública del personaje Abelardo Montoya, de Plaza Sésamo, para conocer a su “primo lejano”.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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El pato Merlín, mascota improvisada de la campaña mundialista mexicana, llegó al estadio como invitado especial tras conquistar al público y ser recibido por la presidenta. Pero las estrictas normas de la FIFA sobre animales frustraron su sueño de ver el partido, obligando a su familia a dejarlo al cuidado de alguien afuera. El episodio pone de relieve el choque entre el cariño popular y la frialdad de las reglas institucionales.
El pato Merlín, sensación de internet convertido en héroe popular, fue excluido del partido de México por la política antianimales de la FIFA, pese a la campaña de los aficionados. Hizo una breve aparición en el perímetro del estadio para un segmento televisivo antes de ser rechazado. El incidente fue recibido con una mezcla de diversión y resignación.
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