
El Niño se consolida y amenaza cosechas y suministro de agua en América Latina
Los centros meteorológicos confirman un episodio de gran intensidad que ya distorsiona los patrones de lluvia y eleva los precios de los alimentos, con riesgo acentuado para el Cono Sur y la región andina.
El fenómeno de El Niño se ha instalado en el Pacífico ecuatorial y, según el Centro de Predicción Climática de Estados Unidos (CPC), alcanzó en mayo las condiciones que lo definen, con una probabilidad del 81 % de que se clasifique como “muy fuerte” entre octubre y diciembre. La Organización Meteorológica Mundial lo equipara ya con los episodios de 1982-83, 1997-98 y 2015-16. En América Latina, los primeros efectos se materializan en forma de tormentas en el sur de Brasil y el noreste argentino, mientras los mercados de materias primas descuentan pérdidas en las cosechas de cacao, azúcar y café.
Los datos confirmados por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) apuntan a un alza de los precios de los alimentos de hasta el 4,7 % en 2026, con incrementos de hasta el 8,4 % para los productos derivados del azúcar y el cacao. En Colombia, la Asociación Nacional de Comercio Exterior (Analdex) advierte de que ocho de los diez principales productos agropecuarios de exportación —café, banano, flores, aguacate hass, aceite de palma y azúcar— están expuestos a las anomalías climáticas. Las exportaciones agropecuarias colombianas ya cayeron un 1,1 % entre enero y mayo, según el Dane, y el Ideam confirmó que el fenómeno se fortalecerá rápidamente.
En el Cono Sur, los servicios meteorológicos de Argentina y Brasil han emitido alertas por tormentas severas. El Instituto Nacional de Meteorología (Inmet) de Brasil prevé para Rio Grande do Sul acumulados de hasta 400 milímetros en diez días, con vientos de hasta 100 km/h, y advierte de impactos en la agricultura y la ganadería. En Argentina, el climatólogo Juan Mario Navarro, del Observatorio Salsipuedes, anticipa episodios de lluvia de hasta 300 milímetros en un solo día en provincias del norte y centro, y señala que el fenómeno se manifestará en dos fases, con un segundo pico en 2027-2028. Las autoridades de Santa Fe ya han dispuesto un fondo de emergencia de 10.000 millones de pesos.
Persisten, no obstante, incertidumbres sobre la magnitud final del episodio. Meteorólogos consultados en Londres y Nueva York subrayan que ningún Niño es idéntico a otro y que las condiciones podrían acelerarse o desacelerarse en los próximos meses. El cambio climático, al añadir calor y humedad a la atmósfera, amplifica la variabilidad, lo que ha obligado a modificar las escalas de medición. Los modelos proyectan que el episodio podría igualar a los más intensos del registro moderno, pero los pronósticos estacionales mantienen un margen de cautela.
Hasta el momento, las evaluaciones de daños son preliminares. Un estudio de Dartmouth College cifró en 7,8 billones de dólares las pérdidas de productividad global del Niño 2015-16, aunque extrapolar esa cifra al presente es prematuro. Las agencias gubernamentales de la región monitorean la evolución de las lluvias y los caudales, mientras los mercados de futuros agrícolas reflejan primas de riesgo. La situación, coinciden los analistas, dependerá de la duración e intensidad que alcance el calentamiento del Pacífico en los próximos meses.
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