
El meme que resume la rebelión silenciosa dentro de Meta
Mientras la empresa registra beneficios récord, los despidos masivos y un programa de vigilancia para entrenar IA desatan una ola de descontento interno que contrasta con el discurso optimista de Mark Zuckerberg.
En un foro interno de la compañía, un empleado de Meta colgó una imagen de la serie The Office con un contador que marcaba: “0 días desde nuestra última tontería”. El meme, que circuló entre los trabajadores de Facebook, Instagram y WhatsApp, cristalizó un malestar que venía gestándose desde principios de 2025. Ese día, la empresa acababa de suspender la Model Capability Initiative, un programa que registraba los clics, las pulsaciones de teclado y el historial de navegación de los empleados estadounidenses para entrenar agentes de inteligencia artificial. La suspensión llegó después de que, por un fallo del sistema, conversaciones privadas y métricas de rendimiento quedaran expuestas a toda la plantilla, y tras una petición firmada por más de 1.600 trabajadores que exigían su cancelación.
Mark Zuckerberg, fundador y consejero delegado con un control casi absoluto sobre la empresa, había defendido la iniciativa semanas antes con un argumento directo: “Los modelos de IA aprenden observando a personas realmente inteligentes hacer cosas”. Sin embargo, esa visión chocaba con la realidad de una plantilla que, en la primavera de 2026, recibió 8.000 despidos —el 10% de la fuerza laboral— mediante correos electrónicos enviados a las 4 de la madrugada, hora local, en oleadas que comenzaron en Asia y terminaron en América. Otros 7.000 empleados fueron recolocados en proyectos de IA, y 6.000 vacantes se eliminaron. En declaraciones públicas recogidas por la prensa estadounidense, Zuckerberg sostuvo que el futuro del empleo no pasaba por la automatización total, sino por “empoderar a las personas” con herramientas de “superinteligencia personal”. Pero dentro de la compañía, muchos veían sus tareas reasignadas como “embrutecedoras”, diseñadas para entrenar a las máquinas que, temían, acabarían por sustituirlos.
La apuesta de Meta por la inteligencia artificial no es nueva, pero se ha acelerado con una inversión prevista de hasta 145.000 millones de dólares este año, casi el doble que en 2025, mientras sus beneficios netos superaron los 26.000 millones en el primer trimestre de 2026 gracias a la publicidad. Para recuperar el terreno perdido frente a Google, OpenAI y Anthropic, Zuckerberg destinó más de 14.000 millones a Scale AI y fichó a su joven director ejecutivo, Alexandr Wang, de 28 años, para dirigir un laboratorio de “superinteligencia”. La jugada provocó la salida de Yann LeCun, premio Turing y uno de los padres de la IA moderna, que llevaba en Meta desde 2013 y de repente se vio obligado a reportar a alguien 35 años menor. En una entrevista con Financial Times, LeCun lamentó que Wang “no tiene experiencia en investigación” y calificó su empeño de “callejón sin salida”.
Desde la óptica de Bruselas, el programa de captura de datos también encendió alertas, ya que afectaba a comunicaciones entre empleados de ambos continentes y podía infringir las normativas europeas de privacidad. La portavoz de Meta aseguró que no había indicios de acceso indebido a los datos, pero la iniciativa quedó en pausa. Mientras tanto, el meme de The Office seguía circulando como un termómetro de un clima que la prensa brasileña ha descrito como “tóxico” y que los analistas en Estados Unidos vinculan a una “cultura del miedo”. La imagen de un contador a cero, reiniciado una y otra vez, se ha convertido en el emblema involuntario de una empresa que, pese a su pujanza financiera, no logra acallar el descontento de quienes la construyen.
| Prensa latinoamericana | −0.30 | critical |
|---|---|---|
| Prensa atlántica / anglosfera | 0.00 | neutral |
The AI race turns Meta into a data factory, but US regulation remains timid and fragmented. The Latin American bloc views market self-regulation with skepticism, emphasizing the necessary role of the state in curbing big tech excesses. The suspension of controls on Anthropic is seen as a sign of political weakness.
It presents Meta's case as a universal example of self-regulation failure, using the Anthropic episode to generalize a systemic critique of US AI governance.
Meta's transformation into a data factory is an inevitable consequence of the AI competition. The Atlantic bloc adopts a detached tone, focusing on the human skills needed to survive automation rather than corporate criticism. Emphasis is on individual adaptation, not regulation.
It shifts responsibility from the system to the individual, suggesting that the solution to the 'data factory' is developing soft skills, not structural intervention.
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