
El precio de un plato saludable: la paradoja del hambre que retrocede pero se vuelve más cara
Un informe de la ONU revela que 645 millones de personas pasaron hambre en 2025, la cifra más baja en años, pero 2.690 millones no pueden costear una dieta nutritiva.
En una sala de la FAO en Roma, el economista jefe Máximo Torero deslizó una comparación que dejó en silencio a los periodistas: la línea de pobreza extrema es de 3 dólares diarios por persona, pero el costo de una dieta saludable asciende a 4,28 dólares. La diferencia, apenas 1,28 dólares, separa a un tercio de la humanidad de la posibilidad de comer no solo para llenar el estómago, sino para nutrirse. Era el 21 de julio de 2026 y se presentaba el informe El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo, la radiografía anual que cinco agencias de Naciones Unidas elaboran para medir el pulso del hambre global.
Los números ofrecen un respiro: por tercer año consecutivo, la subalimentación crónica retrocedió, afectando al 7,8% de la población mundial, unos 645 millones de personas, 43 millones menos que en 2022. Asia, con India a la cabeza gracias a programas de protección social y mayor productividad agrícola, y América Latina y el Caribe, donde Brasil redujo la inseguridad alimentaria severa a un mínimo histórico del 0,6%, lideran la mejora. Pero el mapa se ha reconfigurado: África superó por primera vez a Asia en número absoluto de hambrientos, con 309 millones de personas —uno de cada cinco africanos— atrapadas en una carencia crónica de calorías. “El centro de gravedad del hambre se ha desplazado de Asia a África”, explicó David Laborde, director de economía agroalimentaria de la FAO.
Ese desplazamiento no es solo estadístico. En el África subsahariana, el 66,6% de la población no puede permitirse una dieta saludable, más del doble que en Asia. Los motivos son estructurales: infraestructura deficiente, escasez de cadenas de frío, redes de transporte precarias y barreras comerciales que encarecen los alimentos perecederos como frutas, verduras, leche y carne. Mientras, en América Latina, el costo promedio de esa misma dieta es de 4,91 dólares, el más alto del mundo, pero la prevalencia del hambre es menor gracias a políticas de transferencias monetarias, alimentación escolar y apoyo a la agricultura familiar que, según el informe, han creado un “entorno propicio” para la reducción de la subalimentación.
El informe advierte que los avances son frágiles. La guerra en Oriente Medio ha disparado los precios de la energía y los fertilizantes, y las restricciones al transporte marítimo en el estrecho de Ormuz amenazan con revertir la tendencia. Los modelos proyectan que, si el conflicto se prolonga, entre 510 y 520 millones de personas seguirán padeciendo hambre en 2030, muy por encima de los 503 millones previstos antes de la crisis. A ello se suma la amenaza de un fenómeno de El Niño entre 2026 y 2027, capaz de devastar cosechas en regiones vulnerables. “Esperamos que la tendencia no cambie, pero hay varios riesgos que nos afectan en este momento”, admitió Torero.
En ese escenario de claroscuros, la paradoja se agudiza: mientras el hambre cede, la obesidad adulta se dispara —del 12,1% en 2012 al 16,2% en 2024— y la anemia en mujeres empeora. La desnutrición infantil persiste: 150 millones de niños menores de cinco años sufren retraso en el crecimiento. La imagen final la dibuja el propio informe: 2.690 millones de personas, casi un tercio de la humanidad, viven con la imposibilidad de pagar un plato que combine los nutrientes necesarios. Una cifra que, como recordó Torero, está “significativamente por encima” de la línea de pobreza extrema, y que convierte el acto cotidiano de comer en un lujo inalcanzable para demasiados.
| Prensa atlántica / anglosfera | 0.00 | neutral |
|---|---|---|
| Prensa africana subsahariana | −0.30 | critical |
| Prensa europea continental | −0.10 | neutral |
La comunidad internacional reconoce el progreso pero advierte sobre los riesgos inminentes de conflictos y clima.
Al enmarcar la historia a través de estadísticas globales y la autoridad de la ONU, la narrativa normaliza la disminución mientras mantiene la atención en las amenazas sistémicas, minimizando el sufrimiento humano local.
El bloque omite las historias humanas específicas del mercado de Ibadan, centrándose en cambio en datos agregados y riesgos futuros.
Somos los que sufrimos; el gobierno debe actuar ahora para aliviar el costo de vida.
Al yuxtaponer las estadísticas de la ONU con citas directas de nigerianos en dificultades, la narrativa crea una urgencia moral que exige una intervención gubernamental inmediata.
El bloque omite el contexto global de la disminución general del hambre, centrándose únicamente en el empeoramiento de la situación en África y las quejas locales.
Europa observa un cambio histórico en la geografía del hambre, pidiendo una atención renovada hacia África.
Al resaltar la superación sin precedentes de Asia, la narrativa enmarca a África como el nuevo epicentro del hambre, justificando la ayuda europea continua y el enfoque político.
El bloque omite los detalles locales específicos de la historia del mercado de Ibadan, tratando el cambio como un fenómeno estadístico.
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