
El fantasma de los dos lakh ausentes: la herida abierta del examen NEET en India
Mientras la agencia de evaluación se prepara para publicar los resultados de la repetición del polémico examen médico, la cifra de candidatos que no se presentaron y el silencio oficial avivan un debate sobre la salud mental y la transparencia del sistema educativo.
En los pasillos digitales de la National Testing Agency, un número se ha convertido en un espectro. La Students’ Federation of India exigió esta semana que se hagan públicas las cifras reales de asistencia a la repetición del NEET-UG, el examen de acceso a las facultades de medicina del país. La edición original, celebrada el 3 de mayo, congregó a unos 2,2 millones de aspirantes. Tras la anulación por una filtración masiva de preguntas, la repetición del 21 de junio movilizó, según el comunicado oficial, a “más de 2 millones de candidatos”. Esa diferencia de casi dos lakh de jóvenes —200.000 en el sistema de numeración indio— que no regresaron a las aulas es, para las organizaciones estudiantiles, el rastro de una fractura que va más allá de lo administrativo.
La controversia saltó de los centros de examen a la arena política con una crudeza inusual. El líder de la oposición, Rahul Gandhi, interpeló directamente al primer ministro Narendra Modi después de que este felicitase públicamente al ministro de Educación, Dharmendra Pradhan, por su cumpleaños. “Cuando el primer ministro elogiaba al ministro, ¿dedicó un solo pensamiento a estos niños?”, escribió Gandhi, adjuntando una lista de catorce aspirantes que, según denuncias recogidas por la prensa india, se quitaron la vida tras conocerse la filtración. La réplica del gobierno no se centró en las cifras de asistencia, sino en la defensa de la gestión de la crisis: el propio Modi destacó en una reunión de gabinete el enfoque “de todo el gobierno” que permitió repetir la prueba con escolta de las fuerzas aéreas y agencias de inteligencia.
Ese forcejeo entre la narrativa del deber cumplido y la del duelo no atendido se ha extendido a los propios libros de texto. El Consejo Nacional de Investigación y Formación Educativa (NCERT) introdujo este mes un capítulo sobre el Estado de Emergencia de 1975-1977 en el manual de ciencias sociales de noveno grado, presentándolo como un “desafío a la democracia”. El ministro Pradhan defendió la medida argumentando que “las generaciones futuras deben conocer los episodios oscuros para que no se repitan”. Desde la oposición, el Congreso lo calificó de “política divisiva” y un intento de desviar la atención del fracaso en la gestión de los exámenes. El cruce de acusaciones revela un trasfondo común: la educación se ha convertido en el campo de batalla donde se dirime la memoria histórica y la credibilidad de las instituciones.
Mientras India procesa su crisis, otros países del Sur global ajustan sus propios engranajes de selección académica con tensiones análogas, aunque de distinto signo. En Brasil, el Instituto Nacional de Estudos e Pesquisas Educacionais Anísio Teixeira (Inep) publicó el 26 de junio los resultados de las solicitudes de atención especializada para el Enem 2026, la gran prueba de acceso a la universidad. La ampliación de derechos —permite ahora acompañante para casos de ansiedad o trastorno obsesivo-compulsivo— contrasta con la rigidez del sistema indio, pero comparte con él la presión de millones de familias que cifran en un solo día el futuro de sus hijos. En Indonesia, el mismo viernes se anunciaron los resultados de la segunda fase de la Beasiswa Talenta Indonesia, una beca de excelencia para estudiantes de secundaria que funciona como un reconocimiento estatal al mérito, y el Instituto Tecnológico de Bandung publicó la lista de admitidos en sus programas de posgrado para docentes de formación profesional.
Al cierre de la semana, la página oficial del NEET seguía sin mostrar el botón de descarga de las calificaciones. Los candidatos que aún esperan saben que deberán introducir su número de solicitud y una contraseña para acceder a un documento que, en muchos hogares, se recibe con más temor que esperanza. En las calles de Calcuta, el Congreso de Bengala Occidental anunció que el 1 de agosto rodeará las oficinas del gobierno local exigiendo la dimisión del ministro. La imagen de esos dos lakh de pupitres vacíos en la repetición del examen no aparece en las notas de prensa oficiales, pero persiste como una pregunta sin respuesta en los foros estudiantiles y en los mítines: ¿dónde están los que no volvieron?
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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