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Sociedad y Culturamartes, 30 de junio de 2026

El aula como escenario del acoso: la suspensión de Monedero y otras caídas institucionales

La sanción al cofundador de Podemos por parte de la Complutense se suma a una serie de medidas disciplinarias en Francia y Brasil que revelan un nuevo umbral de tolerancia frente al abuso de poder en espacios culturales y académicos.

En las aulas de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, varias alumnas recuerdan gestos que se repetían como una coreografía incómoda: palmaditas en los hombros, masajes improvisados durante la clase, comentarios sobre el cuerpo. Una de ellas, la influencer Sindy Takanashi, recogió testimonios anónimos que hablaban de insultos como “zorras” o “vacas lecheras” cuando las estudiantes mencionaban su deseo de ser madres. Esos pasillos, que para muchos representan el debate de ideas, se convirtieron para algunas en el escenario de una invasión sistemática del espacio vital. El profesor que protagonizaba esas escenas era Juan Carlos Monedero, politólogo, cofundador de Podemos y exasesor del gobierno de Hugo Chávez.

La Universidad Complutense ha resuelto suspenderlo de sus funciones durante un año por una falta muy grave de acoso sexual, tras una investigación interna que comenzó en enero de 2025 a raíz de la denuncia de una alumna. Aunque la Fiscalía archivó el caso penal al no apreciar delito contra la integridad moral, calificó la conducta de “improcedente” y “moralmente reprochable”. La sanción administrativa, sin embargo, llegó después de que el Punto Violeta del campus de Somosaguas cuestionara el archivo y exigiera actuar por la vía disciplinaria. Monedero ya había cumplido seis meses de suspensión preventiva, por lo que solo deberá permanecer medio año más alejado de las aulas. La universidad, amparada en la normativa de protección de datos, no ha confirmado oficialmente los detalles, pero fuentes cercanas a la denunciante y la prensa española han reconstruido el proceso.

El caso de Monedero no es un episodio aislado. En Francia, el presidente del Museo de las Civilizaciones de Europa y del Mediterráneo (Mucem) de Marsella, Pierre-Olivier Costa, fue suspendido por cuatro meses el 30 de junio tras una investigación penal por acoso sexual y moral, una auditoría administrativa y múltiples alertas sindicales. Costa, cercano al matrimonio Macron, había sido reconfirmado en el cargo en noviembre de 2025 pese a las denuncias. La decisión del Ministerio de Cultura provocó, según el diario Le Figaro, “manifestaciones de alegría” entre los trabajadores del museo, que desde 2023 venían señalando un “management tóxico” y sospechas de discriminación sindical. En Brasil, la Defensoría Pública de Mato Grosso exoneró a finales de junio al asesor especial Bruno Proença, quien integraba el equipo del exsubdefensor Rogério Borges Freitas, investigado por dos denuncias de acoso moral y sexual. Una de las víctimas relató que Proença habría utilizado los sistemas internos de la institución para favorecer a su superior mientras ocupaba un cargo de confianza.

Desde la óptica latinoamericana, la suspensión de Monedero adquiere una resonancia particular. En 2024, el politólogo fue invitado por el Gobierno colombiano como panelista de honor en un encuentro de medios alternativos, lo que generó polémica por su defensa del régimen de Nicolás Maduro. Analistas en Colombia observan que la sanción en Madrid llega apenas dos años después de aquella participación, y que el perfil del acusado —un intelectual de izquierda con vínculos estrechos con el chavismo— tensa las costuras de un debate regional sobre la coherencia entre el discurso público y la conducta privada. Mientras, en España, el partido Podemos reconoció en 2023 haber recibido denuncias de dos mujeres por “violencia sexual” contra su fundador, pero mantuvo en secreto los hechos y le permitió seguir participando en el Consejo Ciudadano Estatal. La formación morada justificó entonces su destitución como presidente del Instituto República y Democracia, aunque sin hacer públicas las acusaciones.

En Marsella, la llegada de la inspectora general Anne-Marie Le Guével como presidenta interina del Mucem fue recibida por los sindicatos como “un alivio real”. La CGT celebró el fin de un ciclo marcado por “decisiones administrativas no conformes” y “tendencias al favoritismo”, y exigió que el museo recupere el funcionamiento propio de cualquier institución nacional. En Cuiabá, la Defensoría Pública aseguró que las denuncias contra Rogério Borges siguen bajo análisis de la Corregiduría, mientras la Comisión de Prevención y Enfrentamiento del Acoso continúa ofreciendo “escucha cualificada y acogimiento humanizado”. En Madrid, el aula donde Monedero daba clase permanecerá sin su presencia durante un semestre más. Quedan los testimonios de quienes sintieron que el conocimiento se impartía con un peaje de humillación, y la imagen de un pasillo universitario que, por un tiempo, deja de ser el territorio de un profesor que, según un ex alto cargo de Podemos, “invadía el espacio vital más de la cuenta”.

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El aula como escenario del acoso: la suspensión de Monedero y otras caídas institucionales

La sanción al cofundador de Podemos por parte de la Complutense se suma a una serie de medidas disciplinarias en Francia y Brasil que revelan un nuevo umbral de tolerancia frente al abuso de poder en espacios culturales y académicos.

En las aulas de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, varias alumnas recuerdan gestos que se repetían como una coreografía incómoda: palmaditas en los hombros, masajes improvisados durante la clase, comentarios sobre el cuerpo. Una de ellas, la influencer Sindy Takanashi, recogió testimonios anónimos que hablaban de insultos como “zorras” o “vacas lecheras” cuando las estudiantes mencionaban su deseo de ser madres. Esos pasillos, que para muchos representan el debate de ideas, se convirtieron para algunas en el escenario de una invasión sistemática del espacio vital. El profesor que protagonizaba esas escenas era Juan Carlos Monedero, politólogo, cofundador de Podemos y exasesor del gobierno de Hugo Chávez.

La Universidad Complutense ha resuelto suspenderlo de sus funciones durante un año por una falta muy grave de acoso sexual, tras una investigación interna que comenzó en enero de 2025 a raíz de la denuncia de una alumna. Aunque la Fiscalía archivó el caso penal al no apreciar delito contra la integridad moral, calificó la conducta de “improcedente” y “moralmente reprochable”. La sanción administrativa, sin embargo, llegó después de que el Punto Violeta del campus de Somosaguas cuestionara el archivo y exigiera actuar por la vía disciplinaria. Monedero ya había cumplido seis meses de suspensión preventiva, por lo que solo deberá permanecer medio año más alejado de las aulas. La universidad, amparada en la normativa de protección de datos, no ha confirmado oficialmente los detalles, pero fuentes cercanas a la denunciante y la prensa española han reconstruido el proceso.

El caso de Monedero no es un episodio aislado. En Francia, el presidente del Museo de las Civilizaciones de Europa y del Mediterráneo (Mucem) de Marsella, Pierre-Olivier Costa, fue suspendido por cuatro meses el 30 de junio tras una investigación penal por acoso sexual y moral, una auditoría administrativa y múltiples alertas sindicales. Costa, cercano al matrimonio Macron, había sido reconfirmado en el cargo en noviembre de 2025 pese a las denuncias. La decisión del Ministerio de Cultura provocó, según el diario Le Figaro, “manifestaciones de alegría” entre los trabajadores del museo, que desde 2023 venían señalando un “management tóxico” y sospechas de discriminación sindical. En Brasil, la Defensoría Pública de Mato Grosso exoneró a finales de junio al asesor especial Bruno Proença, quien integraba el equipo del exsubdefensor Rogério Borges Freitas, investigado por dos denuncias de acoso moral y sexual. Una de las víctimas relató que Proença habría utilizado los sistemas internos de la institución para favorecer a su superior mientras ocupaba un cargo de confianza.

Desde la óptica latinoamericana, la suspensión de Monedero adquiere una resonancia particular. En 2024, el politólogo fue invitado por el Gobierno colombiano como panelista de honor en un encuentro de medios alternativos, lo que generó polémica por su defensa del régimen de Nicolás Maduro. Analistas en Colombia observan que la sanción en Madrid llega apenas dos años después de aquella participación, y que el perfil del acusado —un intelectual de izquierda con vínculos estrechos con el chavismo— tensa las costuras de un debate regional sobre la coherencia entre el discurso público y la conducta privada. Mientras, en España, el partido Podemos reconoció en 2023 haber recibido denuncias de dos mujeres por “violencia sexual” contra su fundador, pero mantuvo en secreto los hechos y le permitió seguir participando en el Consejo Ciudadano Estatal. La formación morada justificó entonces su destitución como presidente del Instituto República y Democracia, aunque sin hacer públicas las acusaciones.

En Marsella, la llegada de la inspectora general Anne-Marie Le Guével como presidenta interina del Mucem fue recibida por los sindicatos como “un alivio real”. La CGT celebró el fin de un ciclo marcado por “decisiones administrativas no conformes” y “tendencias al favoritismo”, y exigió que el museo recupere el funcionamiento propio de cualquier institución nacional. En Cuiabá, la Defensoría Pública aseguró que las denuncias contra Rogério Borges siguen bajo análisis de la Corregiduría, mientras la Comisión de Prevención y Enfrentamiento del Acoso continúa ofreciendo “escucha cualificada y acogimiento humanizado”. En Madrid, el aula donde Monedero daba clase permanecerá sin su presencia durante un semestre más. Quedan los testimonios de quienes sintieron que el conocimiento se impartía con un peaje de humillación, y la imagen de un pasillo universitario que, por un tiempo, deja de ser el territorio de un profesor que, según un ex alto cargo de Podemos, “invadía el espacio vital más de la cuenta”.

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