
El ascenso de Eisenkot redefine la carrera electoral en Israel
El exjefe militar, de origen marroquí, lidera las encuestas frente a Netanyahu a cuatro meses de los comicios, fracturando la base electoral del Likud.
El partido centrista Yashar, liderado por el exjefe del Estado Mayor Gadi Eisenkot, ha superado al Likud de Benjamín Netanyahu en varias encuestas israelíes de cara a las elecciones del 27 de octubre. Según sondeos difundidos por la televisión israelí, Yashar obtendría entre 23 y 24 escaños, frente a los 22 del Likud, mientras que en la preferencia directa para primer ministro Eisenkot aventaja a Netanyahu por 43% frente a 34%. Se trata de la primera campaña desde el colapso de seguridad del 7 de octubre de 2023 y, de acuerdo con analistas en Tel Aviv, la más reñida para el actual mandatario en años.
Eisenkot, de 66 años e hijo de inmigrantes marroquíes, encarna un perfil que contrasta con el del primer ministro. Su historial militar de cuatro décadas, su paso por la jefatura del ejército entre 2015 y 2019 y la muerte de su hijo y dos sobrinos en combate en Gaza le otorgan un capital de credibilidad en seguridad. Observadores en el mundo árabe subrayan que su origen mizrají —los judíos procedentes de Oriente Medio y el Magreb— le permite disputar a Netanyahu una base electoral que el Likud ha monopolizado desde los años setenta, cuando Menájem Beguin canalizó el resentimiento de esas comunidades frente a la élite asquenazí. La prensa europea señala que el video difundido por el entorno de Netanyahu para ridiculizar el inglés con acento marroquí de Eisenkot fue interpretado como un “autogol”, al reactivar estereotipos que refuerzan la identificación del candidato con los votantes de origen norteafricano.
Desde la óptica de los asesores del primer ministro, citados por medios israelíes, el objetivo de Netanyahu no es tanto una victoria clara como impedir que el bloque opositor alcance los 61 escaños necesarios para formar gobierno. Un empate político le permitiría mantenerse al frente de un ejecutivo de transición mientras enfrenta su juicio por corrupción, cuya sentencia aún está pendiente. El bloque que respalda al Likud —que incluye a partidos ultraortodoxos y de colonos— rondaría los 51 escaños, mientras que la oposición judía liderada por Eisenkot se sitúa en torno a 59. Los dos partidos árabes sumarían diez bancas, cuyo eventual apoyo externo a Eisenkot es tachado de “antipatriótico” por Netanyahu, pese a que en 2021 él mismo negoció con la formación islamista Ra’am.
La irrupción de Eisenkot no implica un giro en la política de seguridad. El exgeneral ha calificado de “fuera de contexto” las demandas para crear un Estado palestino y criticó a Netanyahu por ceder a las presiones de Washington para un alto el fuego en Líbano. Sin embargo, se le considera un centrista abierto a coaliciones con la izquierda y partidario del reclutamiento militar de árabes y ultraortodoxos. Con el voto mizrají como posible fiel de la balanza y sin una mayoría clara a la vista, la campaña se encamina hacia una negociación de coalición de alta complejidad. La cita electoral está fijada para finales de octubre, y los próximos meses definirán si Israel abre un capítulo político nuevo o prolonga la era Netanyahu en un gobierno de interinidad.
| Prensa árabe Levante-Magreb | 0.00 | neutral |
|---|---|---|
| Prensa israelí | −0.40 | critical |
| Prensa iraní y afín | −0.30 | critical |
| Prensa europea continental | −0.40 | critical |
Eisenkot, hijo de inmigrantes marroquíes, plantea un desafío directo a la base electoral de Netanyahu.
La técnica retórica es la personalización étnica: enfatizar la identidad mizrají de Eisenkot para explicar su ascenso, haciendo plausible que pueda atraer a votantes tradicionalmente leales al Likud.
Omite las maniobras de Netanyahu para asegurar la seguridad de su familia y su estrategia de estancamiento, presentes en la prensa israelí.
Netanyahu se aferra al poder con maniobras desesperadas, mientras Eisenkot emerge como una amenaza creíble.
Fragmentación estratégica: al cubrir múltiples aspectos (seguridad personal, estrategia electoral, críticas políticas), la prensa crea un retrato compuesto de un líder en problemas.
No profundiza en el papel de los votantes mizrajíes y la identidad marroquí de Eisenkot, que son centrales en la prensa árabe.
El régimen sionista está en crisis: las encuestas muestran la inminente derrota de Netanyahu.
Deslegitimación sistémica: el uso del término 'régimen' y el enfoque en la derrota de Netanyahu sirven para socavar la legitimidad del Estado israelí.
Omite las divisiones internas israelíes y los antecedentes de Eisenkot, que podrían humanizar la competencia.
Netanyahu es un líder debilitado, lidiando con las consecuencias del 7 de octubre y una campaña electoral cuesta arriba.
Historización crítica: al situar las elecciones en el contexto del fallo de seguridad del 7 de octubre, se sugiere que Netanyahu es responsable y que su declive es merecido.
No menciona el papel de los votantes mizrajíes ni la perspectiva iraní, centrándose únicamente en Netanyahu y el contexto histórico.
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