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Sociedad y Culturamiércoles, 15 de julio de 2026

Del hielo en los testículos al cosquilleo: las nuevas geografías del deseo

Desde la menopausia hasta el biohacking masculino, una serie de tendencias globales revela cómo se renegocia la intimidad en el siglo XXI.

Una madrugada de julio, la actriz brasileña Claudia Raia encendió la cámara de su teléfono y, con una mezcla de humor y desesperación, compartió con sus millones de seguidores el insomnio que le provocaba la menopausia. El video, publicado en Instagram, desató una cascada de comentarios de mujeres que reconocían esa misma vigilia nocturna, ese «reír por no llorar» que describió una de ellas. La escena, íntima y viral, no era un desahogo aislado: en las mismas semanas, en foros de internet y consultorios de distintas latitudes, se discutían otras formas de intervenir el cuerpo para modular el deseo, la fertilidad o el placer.

En plataformas como Reddit, donde ciertos hilos acumulan más de medio millón de visitas semanales, hombres de diversas edades promueven la aplicación de hielo en los testículos como una técnica de biohacking para mejorar la calidad del esperma y la libido. La práctica, impulsada por figuras como el empresario Bryan Johnson —quien asegura tener una concentración espermática cuatro veces superior a la media—, se apoya en una lógica fisiológica elemental: los testículos necesitan una temperatura inferior a la corporal para funcionar correctamente. Médicos consultados en el Reino Unido y Rusia confirman que el calor excesivo puede perjudicar la producción de esperma, pero advierten que no hay evidencia científica de que el frío extremo la optimice. La doctora Azadeh Ovaici, entrevistada por medios británicos, subraya que el hielo provoca vasoconstricción, el efecto contrario al necesario para una erección, y alerta sobre el riesgo de daños cutáneos si se aplica directamente.

Esa misma pulsión por hackear la intimidad adopta formas más lúdicas en otras latitudes. Desde Moscú, el sexólogo Dmitri Gujman propuso un juego de cosquillas previo al sexo: los miembros de la pareja se rozan desde los pies hacia arriba sin sonreír; quien cede, se desprende de una prenda y besa al otro. Gujman sostiene que la excitación que produce la cosquilla es casi idéntica a la sexual, y que el acto suele comenzar antes de que alguien quede completamente desnudo. En la misma ciudad, el ginecólogo Dmitri Lubnin divulgó un consejo sencillo para hacer más placentero el uso del preservativo: depositar una gota de lubricante en la punta del pene antes de desenrollarlo, un gesto mínimo que, según él, transforma la sensación masculina sin comprometer la seguridad.

Mientras tanto, en el sudeste asiático, una investigación con parejas heterosexuales de cinco países arrojó que la penetración vaginal dura en promedio 5,4 minutos antes de la eyaculación, y que las sesiones de entre 3 y 13 minutos entran dentro de lo que los terapeutas sexuales consideran normal. El estudio, recogido por medios indonesios, revela que las mujeres necesitan unos 13 minutos para alcanzar el orgasmo, y que este depende más de la estimulación adicional que de la penetración prolongada. La conclusión implícita es que la calidad no se mide en cronómetro, sino en comunicación y juego previo.

En la capital mexicana, un encuentro organizado por la iniciativa Mujeres Que Inspiran Mujeres reunió a decenas de invitadas en la Gran Cantina Filomeno para hablar de sexualidad después de los 40. La sexóloga Claudia Rampazzo desmontó el mito de que la menopausia equivale al fin del deseo y la describió como una transformación que puede favorecer la autonomía y el autoconocimiento. Las asistentes compartieron experiencias sobre bochornos, sequedad vaginal y cambios de humor, pero también sobre la posibilidad de una vida sexual «libre, saludable y sin límites». Al final, entre copas y confidencias, quedó flotando la imagen de un cuerpo que, lejos de apagarse, se redescubre a sí mismo con nuevas reglas: las del hielo que unos se aplican con fe de hacker, las del cosquilleo que desnuda sin prisas, o las de una madrugada de insomnio que, filmada con humor, se convierte en espejo de miles de mujeres.

Divergencia — quién la cuenta y cómo
5%Baja
3 bloques · posiciones de 0.00 a +0.10
CríticoFavorable
RUSLATSEA
Divergencia entre bloques de prensa
Prensa rusa y CEI0.00neutral
Prensa latinoamericana+0.10neutral
Prensa del Sudeste Asiático0.00neutral
Prensa rusa y CEI0.00
Voz

Los médicos rusos aconsejan métodos prácticos para mejorar la intimidad, pero advierten contra las tendencias no verificadas.

Mecanismoconsiglio prudente

Presenta los consejos como provenientes de autoridades médicas, equilibrando utilidad con escepticismo.

Omisión

Omite la perspectiva femenina y los temas de menopausia presentes en otros bloques.

EscepticismoPragmatismo
Prensa latinoamericana+0.10
Voz

Las mujeres latinoamericanas reivindican su sexualidad después de los 40, con ayuda de expertas y testimonios de celebridades.

Mecanismonormalizzazione tramite celebrity

Utiliza historias personales y figuras públicas para normalizar y desestigmatizar los cambios de la menopausia.

Omisión

No menciona las tendencias masculinas como el hielo en los testículos, centrándose solo en la sexualidad femenina.

IroníaPragmatismo
Prensa del Sudeste Asiático0.00
Voz

La investigación científica desmiente el mito de la larga duración, enfatizando la comunicación y la comodidad.

Mecanismoautorità scientifica

Cita estudios internacionales para dar credibilidad a un consejo que de otro modo sería simple.

Omisión

No aborda ni las tendencias masculinas ni la menopausia, limitándose a un único aspecto cuantitativo.

PragmatismoDistancia

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Del hielo en los testículos al cosquilleo: las nuevas geografías del deseo

Desde la menopausia hasta el biohacking masculino, una serie de tendencias globales revela cómo se renegocia la intimidad en el siglo XXI.

Una madrugada de julio, la actriz brasileña Claudia Raia encendió la cámara de su teléfono y, con una mezcla de humor y desesperación, compartió con sus millones de seguidores el insomnio que le provocaba la menopausia. El video, publicado en Instagram, desató una cascada de comentarios de mujeres que reconocían esa misma vigilia nocturna, ese «reír por no llorar» que describió una de ellas. La escena, íntima y viral, no era un desahogo aislado: en las mismas semanas, en foros de internet y consultorios de distintas latitudes, se discutían otras formas de intervenir el cuerpo para modular el deseo, la fertilidad o el placer.

En plataformas como Reddit, donde ciertos hilos acumulan más de medio millón de visitas semanales, hombres de diversas edades promueven la aplicación de hielo en los testículos como una técnica de biohacking para mejorar la calidad del esperma y la libido. La práctica, impulsada por figuras como el empresario Bryan Johnson —quien asegura tener una concentración espermática cuatro veces superior a la media—, se apoya en una lógica fisiológica elemental: los testículos necesitan una temperatura inferior a la corporal para funcionar correctamente. Médicos consultados en el Reino Unido y Rusia confirman que el calor excesivo puede perjudicar la producción de esperma, pero advierten que no hay evidencia científica de que el frío extremo la optimice. La doctora Azadeh Ovaici, entrevistada por medios británicos, subraya que el hielo provoca vasoconstricción, el efecto contrario al necesario para una erección, y alerta sobre el riesgo de daños cutáneos si se aplica directamente.

Esa misma pulsión por hackear la intimidad adopta formas más lúdicas en otras latitudes. Desde Moscú, el sexólogo Dmitri Gujman propuso un juego de cosquillas previo al sexo: los miembros de la pareja se rozan desde los pies hacia arriba sin sonreír; quien cede, se desprende de una prenda y besa al otro. Gujman sostiene que la excitación que produce la cosquilla es casi idéntica a la sexual, y que el acto suele comenzar antes de que alguien quede completamente desnudo. En la misma ciudad, el ginecólogo Dmitri Lubnin divulgó un consejo sencillo para hacer más placentero el uso del preservativo: depositar una gota de lubricante en la punta del pene antes de desenrollarlo, un gesto mínimo que, según él, transforma la sensación masculina sin comprometer la seguridad.

Mientras tanto, en el sudeste asiático, una investigación con parejas heterosexuales de cinco países arrojó que la penetración vaginal dura en promedio 5,4 minutos antes de la eyaculación, y que las sesiones de entre 3 y 13 minutos entran dentro de lo que los terapeutas sexuales consideran normal. El estudio, recogido por medios indonesios, revela que las mujeres necesitan unos 13 minutos para alcanzar el orgasmo, y que este depende más de la estimulación adicional que de la penetración prolongada. La conclusión implícita es que la calidad no se mide en cronómetro, sino en comunicación y juego previo.

En la capital mexicana, un encuentro organizado por la iniciativa Mujeres Que Inspiran Mujeres reunió a decenas de invitadas en la Gran Cantina Filomeno para hablar de sexualidad después de los 40. La sexóloga Claudia Rampazzo desmontó el mito de que la menopausia equivale al fin del deseo y la describió como una transformación que puede favorecer la autonomía y el autoconocimiento. Las asistentes compartieron experiencias sobre bochornos, sequedad vaginal y cambios de humor, pero también sobre la posibilidad de una vida sexual «libre, saludable y sin límites». Al final, entre copas y confidencias, quedó flotando la imagen de un cuerpo que, lejos de apagarse, se redescubre a sí mismo con nuevas reglas: las del hielo que unos se aplican con fe de hacker, las del cosquilleo que desnuda sin prisas, o las de una madrugada de insomnio que, filmada con humor, se convierte en espejo de miles de mujeres.

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Mecanismoconsiglio prudente

Presenta los consejos como provenientes de autoridades médicas, equilibrando utilidad con escepticismo.

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EscepticismoPragmatismo
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Las mujeres latinoamericanas reivindican su sexualidad después de los 40, con ayuda de expertas y testimonios de celebridades.

Mecanismonormalizzazione tramite celebrity

Utiliza historias personales y figuras públicas para normalizar y desestigmatizar los cambios de la menopausia.

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No menciona las tendencias masculinas como el hielo en los testículos, centrándose solo en la sexualidad femenina.

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