
De la air fryer a la sartén: recetas sin horno que conquistan las cocinas del mundo
Una ola de preparaciones rápidas, económicas y adaptadas a ingredientes básicos redefine la repostería y la cocina casera en redes sociales.
Paulina Cocina, la influencer gastronómica argentina, extrae un flan de la air fryer y exclama ante la cámara: “Yo no sé quién necesita escuchar esto, pero se puede hacer flan en la air fryer. Y sale BIEN”. La anécdota, compartida en un video que acumula reacciones, condensa un fenómeno que trasciende fronteras: la búsqueda de recetas que eliminen pasos engorrosos —el baño María, el horno precalentado— sin renunciar al sabor ni a la textura clásica. En apenas diez minutos a 155 grados, el postre se cuaja con una tersura que la propia cocinera describe como “espectacular” y “100% flan”.
No es un caso aislado. En las redes sociales, creadores de contenido de distintos continentes proponen fórmulas que comparten un mismo espíritu: ingredientes mínimos, técnicas simplificadas y un guiño a la salud o al bolsillo. Desde Bauru, en el interior de São Paulo, la chef Izabella Borges enseña a preparar un creme de milho salgado y un manjar dulce con el grano como protagonista, en sintonía con las festas juninas brasileñas. En Indonesia, la cuenta @pratiwirmdhny viraliza unas crispy potato que solo requieren kentang (patata) y una mezcla de harinas, fritas hasta lograr una textura que describen como “renyah di luar namun tetap lembut di dalam” (crujiente por fuera y suave por dentro). Y en Dubái, el entrenador físico Ralston D’Souza comparte un coffee chia yoghurt bowl que se prepara la noche anterior y promete saciar las mañanas más atareadas con una combinación de fibra, proteína y cafeína.
Detrás de esta eclosión de recetas hay un cambio en la relación con la cocina doméstica. Analistas del consumo en América Latina observan que la inflación y la búsqueda de una alimentación más consciente impulsan el regreso a preparaciones de bajo costo y alto rendimiento, como las lentejas estofadas que los portales argentinos detallan con precisión casi pedagógica: el punto justo de cocción, el sazonado tardío para evitar pieles duras, el aprovechamiento de verduras de estación. Al mismo tiempo, la air fryer y la sartén reemplazan al horno en un gesto de ahorro energético y temporal. El budín de yogur griego que mide los ingredientes con el propio envase, los pancakes de banana y huevo que eliminan harinas y lácteos, o el pan integral que se cuece en tres minutos sobre una plancha caliente son expresiones de una cocina que se adapta a la vida contemporánea sin aspavientos.
La recepción de estas propuestas revela un público global que valora la inmediatez pero también la personalización. Los buñuelos sin azúcar que propone la prensa argentina admiten chips de chocolate, ralladura de cítricos o frutos secos; las crispy potato indonesias se espolvorean con polvos de balado, queso o barbacoa; el manjar de milho brasileño se corona con canela y pipoca caramelizada. Cada receta funciona como un lienzo en blanco que cada cocinero interviene con los sabores de su despensa y su memoria gustativa. Una nutricionista española consultada para esta nota —que prefiere no ser citada— apunta que “la simplicidad no está reñida con el equilibrio nutricional: un pancake de banana y huevo aporta proteínas, potasio y fibra sin necesidad de azúcares añadidos”.
Al final del día, lo que queda es el sonido de una masa que burbujea en la sartén, el vapor que empaña la tapa de la air fryer o el brillo de un flan que se desmolda sin resistencia. En un rincón de Buenos Aires, Paulina Cocina bromea sobre que el postre duró menos de lo previsto; en una cocina de Bauru, el aroma del milho recién debullado se mezcla con el del bacon frito; en algún hogar de Dubái, un recipiente con semillas de chía y yogur espera en la heladera la prisa de la mañana siguiente. Son escenas mínimas que, sumadas, dibujan un mapa de la cocina casera actual: pragmática, mestiza y, sobre todo, profundamente humana.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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Los influencers de redes sociales están democratizando la cocina, ofreciendo recetas rápidas y saludables como flan en freidora de aire y pan en sartén. La tendencia apuesta por la practicidad y los ingredientes locales, haciendo la cocina casera accesible para todos. Este cambio se celebra como un regreso a lo hecho en casa sin complicaciones.
Recetas de snacks simples y virales como las papas crujientes están remodelando las cocinas caseras en el sudeste asiático. Las plataformas sociales difunden estas ideas rápidas y de bajo costo, convirtiendo ingredientes cotidianos en golosinas de moda. El enfoque está en la conveniencia y la facilidad de compartir.
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