
Bajo la lluvia de Écône, los lefebvrianos consuman su desafío al Papa y ordenan cuatro obispos
La Fraternidad San Pío X ignoró el último llamado de León XIV y celebró una ceremonia en latín que la deja al borde de la excomunión automática.
La lluvia caía sobre el valle del Ródano mientras una larga procesión de sacerdotes avanzaba hacia el altar instalado bajo una carpa blanca. En el campo de Écône, el mismo lugar donde en 1988 Marcel Lefebvre desafió a Juan Pablo II, miles de fieles se congregaron el 1 de julio de 2026 para presenciar la consagración de cuatro nuevos obispos sin mandato pontificio. Un código QR apareció en la transmisión en vivo de YouTube para recibir donaciones, y los paramentos que vistieron los ordenados eran los mismos que se usaron hace 38 años. “Es un día histórico. Algo muy importante está sucediendo; esto no se detendrá aquí”, dijo a la agencia AFP Jean-Pierre Stauffer, un fiel de 79 años que viajó desde Ginebra.
La ceremonia, presidida por el obispo Alfonso de Galarreta —uno de los cuatro consagrados por Lefebvre en 1988— y asistida por Bernard Fellay, duró más de cuatro horas y se ofició íntegramente en latín. Los nuevos obispos son el suizo Pascal Schreiber, el estadounidense Michael Goldade y los franceses Michel Poinsinet de Sivry y Marc Hanappier. Horas antes, el superior general de la Fraternidad, Davide Pagliarani, había respondido al Papa León XIV con una carta en la que pedía “considerar la autenticidad de esta intención” y aseguraba que no buscaban separarse de Roma sino “servirla de modo extraordinario, como se ayuda a una madre en dificultad”. El Pontífice, en un mensaje publicado el día anterior, había suplicado: “Les ruego y les pido de todo corazón: ¡Den marcha atrás!”, calificando el acto como un “pecado de extrema gravedad”.
La Fraternidad Sacerdotal San Pío X, fundada en 1970 por el arzobispo francés Marcel Lefebvre, rechaza las reformas del Concilio Vaticano II —la liturgia en lenguas vernáculas, el ecumenismo, la libertad religiosa— y celebra la misa tridentina en latín. Desde la óptica de Roma, la consagración de obispos sin aprobación papal constituye un acto cismático que acarrea la excomunión automática, la misma sanción que Juan Pablo II aplicó en 1988 y que Benedicto XVI levantó en 2009 como gesto de reconciliación. Analistas en Francia recuerdan que Lefebvre, misionero en África, regresó a Europa y se convirtió en portavoz de un catolicismo minoritario que añoraba un pasado preconciliar. Hoy la Fraternidad cuenta con unos 600.000 fieles, 733 sacerdotes y 264 seminaristas en más de 70 países, y se ha convertido en un polo de atracción para sectores ultraconservadores.
A la ceremonia asistieron delegaciones de la ultraderecha italiana, como Forza Nuova y Futuro Nazionale, y el evento fue seguido por miles de personas a través de las redes sociales, donde la Fraternidad demostró un manejo diestro de las plataformas digitales. Mientras los nuevos obispos recibían la imposición de manos, Pagliarani afirmó en su homilía: “El sacrificio que Dios nos pide hoy es ser tratados como rebeldes, pero nosotros queremos servir a la Iglesia como una madre que sufre”. Al final de la mañana, la lluvia había cesado y los fieles se dispersaban entre los puestos de recuerdos, donde se ofrecía una caja de vinos conmemorativa con etiquetas alusivas a la mitra, el anillo y el báculo episcopal. La imagen de aquellos cuatro hombres revestidos con los mismos ornamentos de 1988, arrodillados ante el altar en un campo suizo, quedó como el emblema de una fractura que la Santa Sede aún no ha declarado oficialmente.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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La Fraternidad San Pío X ha consumado el cisma al ordenar a cuatro obispos sin mandato pontificio, desafiando el llamamiento del Papa León XIV. El acto, transmitido en directo, recuerda la ruptura de 1988 y conlleva la excomunión automática. La ceremonia en Écône, bajo la lluvia, supone un nuevo desgarrón en la túnica de Cristo.
Un grupo tradicionalista disidente desafió al Papa León XIV al consagrar a cuatro obispos sin su consentimiento, arriesgándose a un cisma. La ceremonia en Suiza supone la primera gran crisis para el pontificado de León, que ha priorizado la unidad. El acto conlleva la excomunión automática, pero la Fraternidad San Pío X siguió adelante pese a las advertencias.
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