
Asesinato del ingeniero jefe de la central nuclear de Zaporiyia eleva la tensión sobre la seguridad atómica
Rusia acusa a Ucrania de un ataque selectivo con dron que mató a dos empleados; el OIEA condena el hecho y Moscú exige una investigación internacional.
El 15 de julio, un dron impactó un vehículo oficial de la central nuclear de Zaporiyia (ZNPP) en el límite entre la zona industrial y la ciudad de Energodar, causando la muerte del ingeniero jefe, Alexander Yakovlev, y del conductor Dmitri Filippov. La planta, la mayor de Europa, se encuentra bajo control ruso desde marzo de 2022 y todos sus reactores están en parada fría.
Desde Moscú, la corporación estatal Rosatom y el Ministerio de Asuntos Exteriores calificaron el ataque de «acto terrorista selectivo» del «régimen de Kiev» y exigieron una condena explícita del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). El director de Rosatom, Alexéi Lijachov, informó que en los últimos dos meses y medio los ataques contra Energodar y la central han dejado 13 muertos y 48 heridos, y advirtió del riesgo de un «incidente nuclear masivo». El portavoz del Kremlin para asuntos internacionales acusó a Occidente de ser «cómplice» al alentar a Kiev. Por su parte, el director general del OIEA, Rafael Grossi, condenó el ataque como «inaceptable» y una «grave amenaza para la seguridad nuclear», e instó al cese inmediato de toda acción violenta contra instalaciones nucleares y su personal. Hasta el momento, Ucrania no ha emitido una declaración oficial, pero según el diario alemán Bild, fuentes ucranianas señalan que Yakovlev, de origen ucraniano, había colaborado voluntariamente con las fuerzas rusas, obtenido un pasaporte ruso y firmado un contrato con Rosatom, lo que lo convertía en un objetivo legítimo en el contexto del conflicto.
El ataque se produce en un escenario de reiteradas agresiones contra la central y su personal. En octubre de 2024, un atentado con coche bomba mató al jefe de seguridad de la planta, y en abril de 2026 otro dron causó la muerte de un conductor en el taller de transporte. La ZNPP ha quedado desconectada de la red eléctrica externa en veinte ocasiones desde el inicio de la guerra, dependiendo de generadores diésel de emergencia para la refrigeración de los reactores. Analistas en seguridad nuclear consultados por medios europeos subrayan que, incluso en parada fría, el riesgo de un accidente radiológico persiste si se dañan los sistemas de respaldo. Desde la óptica de Bruselas, la reiteración de ataques en el perímetro de la planta refuerza los llamados a una zona desmilitarizada, una propuesta que el OIEA ha impulsado sin éxito desde 2022.
Rusia ha anunciado que impulsará una investigación internacional completa sobre el asesinato de Yakovlev, con el respaldo del Comité de Asuntos Internacionales del Consejo de la Federación. El OIEA, que mantiene una misión permanente de observación en la central desde septiembre de 2022, deberá pronunciarse en los próximos días sobre el alcance de su condena y las medidas adicionales de protección al personal. Mientras, la situación en Energodar sigue siendo volátil: las autoridades locales reportan ataques diarios con drones y cortes de suministro eléctrico, y la población civil permanece expuesta a los efectos colaterales de una guerra que ha convertido a la mayor central atómica de Europa en un punto de fricción estratégica.
| Prensa rusa y CEI | −1.00 | critical |
|---|---|---|
| Prensa europea continental | −0.20 | neutral |
Rusia acusa a Ucrania de terrorismo nuclear y fascismo, pidiendo una reacción internacional para detener la escalada.
Utiliza un lenguaje históricamente cargado (nazismo, fascismo) para demonizar al adversario y presentar el evento como un paso hacia una catástrofe nuclear, legitimando una respuesta dura.
Omite cualquier contexto de ocupación rusa de la planta y la posibilidad de que el ataque sea una reacción a acciones rusas previas.
Europa enmarca el evento como un incidente en territorio ocupado, cuestionando la versión rusa y enfatizando la falta de verificación independiente.
Utiliza la etiqueta 'ocupado' para deslegitimar el control ruso y sitúa el evento en un marco de conflicto, reduciendo la denuncia rusa a una afirmación no verificada.
Omite la fuerte condena rusa y el vínculo con el terrorismo nuclear, así como el llamado a la reacción del OIEA.
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