
Alemania cancela el mayor proyecto naval desde 1945 y sacude a la industria de defensa
La suspensión del programa de fragatas F126 hunde las acciones de Rheinmetall, reaviva el debate sobre la gestión de los grandes contratos militares y altera el mapa industrial europeo.
El Ministerio de Defensa alemán, encabezado por Boris Pistorius, ha decidido cancelar el programa de construcción de seis fragatas F126, el mayor proyecto naval del país desde la Segunda Guerra Mundial, según informaciones coincidentes de la prensa alemana y europea. La noticia, aún sin confirmación oficial, provocó este miércoles un desplome de hasta el 20% en las acciones del consorcio armamentístico Rheinmetall —que iba a asumir el contrato principal tras la compra de la división naval de Lürssen— y arrastró a la baja a otros valores europeos del sector, como Leonardo, Hensoldt y Renk. En contraste, los títulos de ThyssenKrupp Marine Systems (TKMS) se dispararon cerca de un 15% ante la expectativa de que herede el pedido alternativo de ocho fragatas MEKO A-200.
Desde la óptica del Gobierno federal, la cancelación responde a problemas técnicos, organizativos y financieros que arrastraba el programa desde su adjudicación en 2020 al astillero neerlandés Damen Naval. El proyecto, valorado inicialmente en unos 12.800 millones de euros, había consumido ya alrededor de 2.300 millones sin que se hubiera completado ninguna unidad. Según fuentes del Ministerio citadas por el semanario Der Spiegel, los plazos y los costes se habían desbordado de forma irreversible, lo que llevó a Pistorius a optar por una solución más rápida y económica: la compra de fragatas de menor tamaño y tecnología probada a TKMS, con un coste estimado de 12.000 millones de euros para ocho buques, aunque analistas en Fráncfort advierten de que, sumados los fondos ya perdidos, el programa naval resultante será el más oneroso de la historia de la Bundeswehr.
La decisión se produce apenas dos semanas después del colapso del proyecto franco-alemán-español de avión de combate FCAS, lo que, en opinión de expertos en política de defensa de Berlín, evidencia una crisis sistémica en la gestión de los grandes programas de armamento. El diario Frankfurter Allgemeine Zeitung señala que, entre ambos fracasos, las arcas públicas alemanas habrán dilapidado unos 4.000 millones de euros sin contrapartida operativa. Desde la perspectiva de Bruselas, estos reveses complican el esfuerzo europeo por alcanzar una autonomía estratégica en defensa y generan dudas sobre la capacidad de Alemania para liderar proyectos multinacionales, justo cuando el continente acelera el rearme tras la invasión rusa de Ucrania.
En el plano financiero, la operación se facilita por la excepción a la regla constitucional del freno de la deuda que permite a la Bundeswehr financiar armamento mediante créditos extraordinarios. El Tribunal de Cuentas alemán y economistas como Lars Feld han advertido que este mecanismo incentiva el gasto ineficiente. Mientras, la industria naval europea se reconfigura: Damen pierde su contrato emblemático, Rheinmetall ve frenada su expansión en el sector marítimo y TKMS se consolida como proveedor de referencia para la Marina alemana. El Ministerio de Defensa ha confirmado que ya se han encargado cuatro fragatas MEKO A-200 y que el pedido se ampliará a ocho; se espera que el comité de presupuestos del Bundestag formalice la nueva partida en las próximas semanas.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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El ministro de Defensa alemán ha hundido el proyecto de la fragata F126, el mayor programa naval desde la Segunda Guerra Mundial, tras sobrecostes y fallos técnicos. Los contribuyentes afrontan miles de millones en costes irrecuperables, y la industria de defensa sufrió un desplome bursátil histórico, con Rheinmetall perdiendo un 17 % en un solo día. Es el último de una serie de proyectos armamentísticos de prestigio fallidos, lo que suscita serias dudas sobre la competencia alemana en adquisiciones de defensa.
Alemania ha abandonado su programa de buques de guerra más ambicioso desde la Segunda Guerra Mundial, con el proyecto de la fragata F126 colapsando por problemas de costes y coordinación. El contratista principal Rheinmetall ve desplomarse sus acciones, mientras Berlín amortiza miles de millones. El episodio pone de relieve las dificultades de las industrias de defensa occidentales para entregar plataformas navales complejas.
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