
Al menos 28 muertos al caer un autobús por un precipicio en el norte de Etiopía
El siniestro, ocurrido en una sinuosa carretera de la región de Amhara, reaviva el debate sobre la precariedad de las infraestructuras viales en el segundo país más poblado de África.
Un autobús interurbano que cubría la ruta entre Dessie y la capital, Adís Abeba, se precipitó el lunes por un barranco de aproximadamente 100 metros de profundidad en la región septentrional de Amhara, Etiopía, cobrando la vida de al menos 28 personas —cifra que fuentes policiales y hospitalarias elevan hasta 31— y dejando heridas a decenas de pasajeros. El vehículo, que al parecer viajaba con exceso de ocupantes, se salió de la calzada en el tramo conocido localmente como Harego “S”, una sucesión de curvas cerradas que serpentea por un terreno escarpado y desprovisto de servicios de emergencia inmediatos. Los equipos de rescate no lograron llegar con celeridad, y alrededor de una treintena de víctimas mortales se atribuyen directamente a la demora en las asistencias.
Muchos de los supervivientes tuvieron que ser evacuados en transportes públicos hacia los hospitales de Dessie y Kombolcha, donde se reportan lesiones de gravedad variable, desde contusiones leves hasta politraumatismos que comprometen la vida. Las imágenes difundidas por las autoridades regionales muestran el autobús prácticamente desintegrado sobre la ladera, un testimonio elocuente del impacto. El conductor figura entre los fallecidos, y las investigaciones preliminares apuntan a la conjunción de un trazado sinuoso, la antigüedad del vehículo y la posible sobrecarga de pasajeros.
El accidente se inscribe en una larga serie de tragedias viales que asolan Etiopía, donde la red de carreteras sufre un mantenimiento deficiente y los estándares de conducción son a menudo precarios. Apenas en diciembre de 2024, otro siniestro en la región meridional de Sidama dejó más de 70 muertos cuando un camión se precipitó a un río; el actual percance es considerado por algunos observadores locales como el más letal en un cuarto de siglo. Desde una mirada latinoamericana, el drama recuerda la vulnerabilidad de las rutas rurales en los países en desarrollo, donde la mezcla de vehículos sobrecargados, trazados peligrosos y escasa inversión pública se traduce en pérdidas humanas recurrentes. Analistas en Ciudad de México subrayan que la tragedia no es un hecho aislado, sino el síntoma de una brecha de infraestructura que comparten numerosas economías emergentes.
Observadores en Bruselas y en foros multilaterales insisten en que, más allá del duelo inmediato, este tipo de sucesos interpela a las autoridades etíopes a acelerar los planes de modernización de la red vial y a dotar de ambulancias y puestos de socorro a los corredores más transitados. Mientras se investigan las causas exactas —que podrían incluir fallos mecánicos, exceso de velocidad o impericia—, la sociedad civil exige medidas concretas para romper el ciclo de tragedias evitables. El desafío, común a las economías del Sur Global, es transformar el aumento de la movilidad en un factor de desarrollo, no en un multiplicador de duelos que frena el progreso social.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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Los medios rusos ignoran la tragedia del autobús en Etiopía y en su lugar cubren un accidente local en la región de Tiumén, con un muerto y 11 heridos, destacando la respuesta estatal de emergencia.
La prensa europea continental presenta el accidente como consecuencia de carreteras mal mantenidas y autobuses sobrecargados en Etiopía, destacando los retrasos en el rescate y calificándolo como el más mortífero en 25 años, con un tono de crítica preocupada.
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