
Un terremoto de magnitud 6,7 sacude Sulawesi y revive el fantasma del tsunami de 2018
El sismo superficial, sin riesgo de maremoto, causó daños dispersos, evacuaciones hospitalarias y al menos ocho heridos, mientras decenas de réplicas mantienen en vilo a la población.
Un potente terremoto de magnitud 6,7 estremeció este martes la isla indonesia de Sulawesi, con epicentro a 42 kilómetros al sureste de Palu y una profundidad de apenas 10 kilómetros. El temblor, registrado a las 11:27 hora local, activó de inmediato los protocolos de emergencia en una región que aún carga con las cicatrices del devastador seísmo y tsunami de 2018. La Agencia de Meteorología, Climatología y Geofísica de Indonesia (BMKG) descartó el riesgo de tsunami al localizar el foco en tierra firme, pero la violencia del movimiento —originado en la falla de Sausu, distinta a la de Palu-Koro que provocó la tragedia anterior— desató escenas de pánico colectivo. Miles de residentes abandonaron sus viviendas y lugares de trabajo, mientras varios hospitales evacuaban a pacientes, algunos aún conectados a sueros intravenosos, hacia patios y estacionamientos.
Los daños materiales, aunque dispersos, reflejan la intensidad del sacudimiento. En la ciudad de Palu, el auditorio de la Universidad Tadulako y al menos dos hoteles sufrieron desperfectos estructurales; el techo de la oficina del regente de Sigi se desplomó parcialmente. En el vecino distrito de Parigi Moutong, quince viviendas resultaron averiadas y se reportaron deslizamientos de tierra que sepultaron tramos de la carretera Sigi-Napu y dejaron atrapados a varios ciervos en la zona de Nokilalaki. Las autoridades locales cerraron temporalmente el puente Palu III por precaución y ordenaron la instalación de carpas de campaña en el hospital Undata. Ocho personas sufrieron lesiones en Sigi, dos de ellas fracturas y contusiones craneales por derrumbes, aunque hasta el cierre de esta edición no se habían confirmado víctimas mortales. La combinación de miedo y necesidad llevó a largas filas en las gasolineras, donde los ciudadanos buscaban asegurar combustible ante la incertidumbre de las réplicas.
Desde la óptica de los sismólogos europeos y asiáticos, el evento reaviva el debate sobre la preparación sísmica en el Cinturón de Fuego del Pacífico. La falla de Sausu, responsable de este movimiento de tipo normal, no había generado un terremoto de similar magnitud en décadas, lo que tomó por sorpresa incluso a los sistemas de alerta. El BMKG contabilizó más de 40 réplicas en las primeras horas, algunas de magnitud 5,2, y advirtió que la actividad podría prolongarse durante días. Aunque la agencia intentó acallar los rumores sobre un posible tsunami —alimentados por un video viral que mostraba el retroceso del mar en la bahía de Palu—, el temor a la licuefacción, fenómeno que en 2018 engulló barrios enteros, se mantuvo latente. Los expertos señalaron que el riesgo de licuefacción es bajo y se limitaría a zonas arenosas muy concretas, pero la memoria colectiva amplifica cualquier señal de peligro.
El gobernador de Sulawesi Central, Anwar Hafid, que se encontraba en Yakarta, instruyó el despliegue inmediato de equipos de rescate y la activación de puestos de mando en las áreas afectadas. La Agencia Nacional de Gestión de Desastres (BNPB) coordinó con las oficinas regionales la evaluación de daños, mientras el gobierno declaró el estado de emergencia en Parigi Moutong. Observadores en el Sudeste Asiático subrayan que, pese a la ausencia de un tsunami, la respuesta rápida y la transparencia informativa serán claves para evitar una crisis de confianza como la que siguió al desastre de 2018. A largo plazo, el episodio vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de reforzar los códigos de construcción y los sistemas de alerta temprana en un archipiélago que convive a diario con la amenaza telúrica.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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La prensa local describe el pánico y la evacuación de pacientes de los hospitales, con escenas vívidas de personas saliendo corriendo. Las autoridades confirman que no hay amenaza de tsunami, pero el foco está en el fuerte temblor y la rápida respuesta para poner a salvo a los pacientes. La narrativa es urgente y centrada en la comunidad.
Los medios rusos ignoraron el terremoto de Indonesia y en su lugar informaron sobre eventos sísmicos menores en Mongolia y Cuba. La cobertura es distante y pragmática, limitada a temblores cerca de las fronteras rusas o en lugares inusuales, pasando por alto por completo el gran evento en el sudeste asiático.
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