
Kazajistán presiona a Putin para congelar la guerra mientras los ataques masivos dejan decenas de muertos en Ucrania y Rusia
El presidente kazajo, Kasim-Yomart Tokáyev, pidió a su homólogo ruso el fin de las hostilidades, en un contexto de intensos bombardeos contra infraestructuras y zonas civiles a ambos lados del frente.
Ataques ucranianos contra un campamento de veraneo en la ocupada región de Zaporiyia causaron la muerte de al menos once personas, cuatro de ellas menores, según las autoridades instaladas por Moscú. En paralelo, un bombardeo ruso con drones sobre una sede de la empresa de mensajería Nova Poshta en la ciudad nororiental de Sumy mató a tres conductores civiles, de acuerdo con fuentes de Kiev. Ambos incidentes se suman a una semana de escalada que, según Naciones Unidas, ha provocado un incremento del 37% en las bajas civiles durante el primer semestre de 2026 respecto al año anterior. Las partes se acusan mutuamente de atacar intencionadamente a la población, aunque insisten en que no es su objetivo.
Desde la óptica de Ucrania, la ofensiva con drones de largo alcance contra refinerías, plataformas petrolíferas en el mar Caspio y buques de carga vinculados a Irán –algunos de ellos a más de 2.000 kilómetros de sus fronteras– busca desgastar la capacidad bélica y la economía rusas, forzando al Kremlin a negociar en condiciones menos favorables. Moscú, por su parte, justifica sus ataques a puertos, depósitos de drones e infraestructuras logísticas ucranianas como medidas para interrumpir el suministro militar enemigo. Observadores en Bruselas advierten de que esta fase de la guerra consolida un patrón de desgaste mutuo que dificulta una salida diplomática, mientras analistas latinoamericanos subrayan el impacto colateral sobre los precios internacionales de los cereales y los combustibles, que podría repercutir en las economías de la región.
El giro diplomático más relevante provino de Asia Central. Durante un foro bilateral en la ciudad siberiana de Omsk, el presidente kazajo, Kasim-Yomart Tokáyev, afirmó ante Vladímir Putin que «ha llegado el momento de congelar este conflicto» y que «es lamentable, mueren jóvenes». Tokáyev, cuyo país es aliado pero nunca ha respaldado la invasión, calificó los orígenes de la guerra de «poco comprensibles para muchos, incluidos nosotros» y propuso retomar los Acuerdos de Estambul de 2022. Putin se limitó a prometerle información detallada. Para especialistas en relaciones internacionales consultados en Madrid, la intervención de Tokáyev refleja una creciente inquietud entre las repúblicas vecinas de Rusia por el coste humano y económico de un conflicto que se acerca a los cinco años.
En este contexto, las conversaciones impulsadas por Washington se encuentran estancadas, con la atención estadounidense puesta en Oriente Medio y la insistencia rusa en controlar la totalidad del este ucraniano. El presidente Volodímir Zelenski tiene previsto reunirse este martes con Donald Trump en la Casa Blanca, según confirmaron fuentes estadounidenses. Mientras, la OTAN se enfrenta a reiteradas violaciones de su espacio aéreo: Rumanía derribó por segundo día consecutivo un dron –presuntamente ruso– que penetró en su territorio, un incidente que Bucarest ha calificado de «inaceptable» y que eleva la tensión en el flanco oriental de la Alianza. El próximo voto en el Consejo de Seguridad de la ONU sobre una resolución de alto el fuego se perfila como la oportunidad más inmediata para medir el aislamiento diplomático de Moscú.
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