
Un Stonehenge de madera y un enigma maya: dos hallazgos que reescriben la historia religiosa
En Wiltshire y Veracruz, nuevas excavaciones revelan prácticas solares milenarias y arquitectura inédita, desafiando las cronologías establecidas sobre los rituales prehistóricos y prehispánicos.
A solo cinco kilómetros del célebre círculo de piedra de Stonehenge, en la llanura de Salisbury, arqueólogos británicos han desenterrado lo que consideran un prototipo de madera del monumento megalítico, una estructura ritual que adelanta en casi medio milenio la práctica de alinear templos con los solsticios. El hallazgo, fechado en torno al 3000 a.C., consta de dos postes de gran tamaño separados por unos 120 metros y orientados con precisión astronómica hacia la salida del sol en el solsticio de verano y la puesta en el de invierno. Junto a ellos, medio centenar de fosas rituales contenían restos de banquetes comunitarios y un raro cuchillo circular de sílex, posible símbolo solar, que refuerza la hipótesis de ceremonias vinculadas al culto del astro. Desde el sur de Inglaterra, los investigadores subrayan que esta arquitectura efímera en madera no solo antecede en 450 años a la fase principal de Stonehenge, sino que obliga a repensar el origen de las creencias que dieron forma al paisaje sagrado de la región.
Mientras tanto, al otro lado del Atlántico, un equipo del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México ha sacado a la luz en Coatepec, Veracruz, una plataforma prehispánica del periodo Clásico Temprano (200-600 d.C.) que desconcierta por sus rasgos constructivos y estilísticos. La estructura, erigida con piedras de río revestidas de arcilla y rematada con una escultura monolítica de filiación maya, no tiene parangón en la Costa del Golfo. Analistas en Ciudad de México destacan que la presencia de una pieza con rasgos mayas en una zona tradicionalmente asociada a las culturas totonaca y olmeca-xicalanca sugiere redes de intercambio simbólico mucho más extensas de lo documentado, y que la orientación de la plataforma podría estar vinculada a la observación celeste, un patrón recurrente en Mesoamérica.
Ambos descubrimientos, aunque separados por milenios y océanos, comparten un sustrato común: la necesidad de las sociedades tempranas de materializar en el paisaje su relación con los ciclos astronómicos. En Wiltshire, la alineación solar de los postes de Bulford demuestra que el paisaje ritual de Stonehenge no surgió de forma repentina, sino que hunde sus raíces en tradiciones de culto al sol mucho más antiguas, probablemente vinculadas a celebraciones estacionales y a una incipiente jerarquización del espacio. En Veracruz, la combinación de una técnica constructiva desconocida en la costa del Golfo con una escultura de rasgos mayas que, según los especialistas, “mira hacia lo divino”, apunta a una circulación de ideas religiosas y astronómicas entre el altiplano, el área maya y el litoral, desdibujando las fronteras culturales que la arqueología había trazado.
Desde una perspectiva europea, el hallazgo inglés refuerza la teoría de que los monumentos neolíticos no fueron proyectos aislados, sino la culminación de una evolución ritual que incluyó fases en materiales perecederos, hoy invisibles sin una excavación minuciosa. En contraste, la mirada latinoamericana pone el acento en la excepcionalidad del contexto veracruzano: una región donde nunca antes se había documentado una escultura monolítica de tal envergadura con iconografía maya, lo que obliga a revisar los mapas de influencia cultural del Clásico Temprano. Ambos casos ilustran cómo la arqueología contemporánea, al integrar tecnologías de datación y análisis espacial, está revelando capas de significado que permanecían ocultas bajo tierra y bajo prejuicios cronológicos.
De cara al futuro, los equipos en ambos continentes planean extender las excavaciones para determinar si estas estructuras formaban parte de complejos ceremoniales más amplios. En Inglaterra, se buscarán otros alineamientos solares en el valle del Avon que pudieron servir como marcadores territoriales o calendáricos. En México, el INAH profundizará el estudio de la plataforma para descifrar su función exacta y su relación con asentamientos cercanos. Lo que emerge de estas investigaciones paralelas es una lección compartida: la historia de las religiones antiguas está lejos de ser un relato cerrado, y cada nuevo perfil que aflora del subsuelo puede alterar, de raíz, nuestra comprensión del pasado espiritual de la humanidad.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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En México, una plataforma prehispánica con piedras circulares y una escultura monolítica de rasgos mayas fue descubierta en Veracruz. El hallazgo, sin precedentes en la costa del Golfo, arroja nueva luz sobre los cultos solares antiguos y reescribe la historia de las prácticas ceremoniales mesoamericanas.
A pocos kilómetros de Stonehenge se ha hallado una estructura de madera de 5000 años de antigüedad, alineada astronómicamente con los solsticios. Los arqueólogos la consideran un posible prototipo del famoso círculo de piedras, anterior en medio milenio.
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