
Tras el acuerdo entre Washington y Teherán, los primeros superpetroleros cruzan el estratégico estrecho de Ormuz
La reanudación del tránsito de crudo saudí por el paso marítimo clave del Golfo Pérsico marca un alivio inmediato para los mercados energéticos globales, aunque persisten dudas por la fragilidad del alto el fuego.
Horas después de que el presidente estadounidense Donald Trump y su homólogo iraní Masoud Pezeshkian firmaran un memorando de entendimiento para poner fin a meses de hostilidades, tres superpetroleros con bandera saudí atravesaron el estrecho de Ormuz cargados con seis millones de barriles de crudo. El movimiento, captado por sistemas de rastreo marítimo, representa la mayor salida de crudo por esa vía en semanas y una señal de distensión en una de las rutas energéticas más sensibles del planeta. Desde el inicio del conflicto el 28 de febrero, Arabia Saudí se había visto forzada a desviar la mayor parte de sus exportaciones hacia el puerto de Yanbu, en el mar Rojo, para evitar el bloqueo de facto del Golfo Pérsico, lo que perturbó el suministro de cientos de millones de barriles al mercado internacional.
La reapertura parcial del estrecho fue recibida con cautela por los mercados y las navieras. Durante semanas, los buques habían ocultado sus posiciones en los sistemas públicos de rastreo para minimizar el riesgo de ser atacados. Ahora, además de los tres superpetroleros saudíes, otras embarcaciones —entre ellas un petrolero francés con 765.000 barriles— volvieron a mostrar sus rutas en el estrecho. Sin embargo, analistas en centros financieros como Londres y Singapur advierten que el retorno a la normalidad será gradual. Las compañías navieras insisten en que, antes de reanudar el tráfico regular, es imprescindible garantizar la seguridad de la vía y completar la remoción de minas que aún podrían estar sembradas en la zona.
El optimismo inicial se vio empañado casi de inmediato por la continuación de los combates en otros frentes. En Líbano, donde más de un millón de personas han sido desplazadas, las fuerzas israelíes lanzaron nuevos ataques aéreos la misma mañana de la firma del acuerdo. Esta ofensiva paralela, que Trump se ha comprometido a detener, siembra dudas sobre la capacidad de Washington para imponer un cese total de las hostilidades a sus aliados regionales. Observadores en Bruselas y en las capitales del sur de Europa, particularmente sensibles a la volatilidad del precio del petróleo, interpretan la persistencia de los bombardeos como un recordatorio de que el memorando de entendimiento es un primer paso frágil, no un tratado de paz consolidado.
Desde América Latina, la noticia fue seguida con atención por economías exportadoras como Brasil, México y Colombia, para las que la estabilidad de los precios del crudo es un factor fiscal determinante. Analistas en São Paulo y Ciudad de México señalaron que, si bien el gesto de reapertura de Ormuz alivia las presiones alcistas de corto plazo, la prima de riesgo geopolítico no desaparecerá hasta que se verifique un cese real de las hostilidades en todos los teatros de la región. La experiencia de anteriores crisis en el Golfo indica que las aseguradoras marítimas mantendrán primas elevadas mientras persistan las dudas sobre la solidez del acuerdo.
El memorando firmado en Islamabad representa un punto de inflexión diplomático, pero su implementación efectiva dependerá de la capacidad de las partes para extender la tregua a otros actores y de la voluntad de Teherán de permitir un tránsito seguro y permanente por Ormuz. Por el estrecho circula cerca de un tercio del petróleo transportado por mar a nivel mundial, por lo que su reapertura sostenida es vital para la economía global. Los próximos días serán decisivos para confirmar si el regreso de los superpetroleros saudíes es el inicio de una normalización duradera o apenas un respiro en un conflicto que aún proyecta sombras sobre el Mediterráneo oriental.
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Tras la firma del memorando entre EE.UU. e Irán, tres superpetroleros saudíes con 6 millones de barriles cruzaron Ormuz, señalando una reanudación tentativa de los flujos energéticos. Sin embargo, nuevos ataques aéreos israelíes en el Líbano siembran dudas sobre la solidez del alto el fuego general. Los datos de navegación ofrecen una señal concreta de distensión, pero el panorama regional sigue siendo frágil.
Los primeros petroleros cruzaron el estrecho de Ormuz tras el acuerdo entre EE.UU. e Irán, pero las navieras advierten que llevará tiempo volver a los niveles de tráfico anteriores a la guerra debido a las minas y las garantías de seguridad. Mientras tanto, los bombardeos israelíes en el Líbano plantean dudas sobre el alcance real del pacto de paz, atenuando cualquier celebración prematura.
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