
Tráfico en Ormuz repunta tras el acuerdo, pero Irán reclama control permanente
El paso de buques comerciales alcanza su mayor nivel desde febrero, aunque Teherán condiciona el tránsito a nuevos permisos y las negociaciones con Washington apenas inician su fase técnica.
El estrecho de Ormuz registró el lunes 22 de junio el mayor tránsito diario de buques de carga desde el inicio de la guerra a finales de febrero, con al menos 35 portacontenedores y tanqueros cruzando la vía, según datos de la firma Kpler citados por medios internacionales. La cifra equivale a cerca de un tercio del promedio de 120 cruces diarios en tiempos de paz, pero representa un salto frente a los menos de diez buques que se aventuraban durante la fase más aguda del bloqueo. El repunte se produce una semana después de la firma de un memorando de entendimiento entre Estados Unidos e Irán, que incluyó el levantamiento del bloqueo naval estadounidense y una licencia temporal que permite la venta de crudo iraní hasta el 21 de agosto. Sin embargo, las señales contradictorias desde Teherán —que el sábado anunció un nuevo cierre en respuesta a los ataques israelíes en Líbano y luego lo reabrió parcialmente— mantienen la incertidumbre entre armadores y aseguradoras.
Desde Teherán, el jefe negociador Mohamad Baqer Qalibaf afirmó que “la administración del estrecho nunca volverá a ser la de antes de la guerra” y que en adelante será Irán quien gestione la vía. La recién creada Autoridad del Estrecho del Golfo Pérsico (PGSA, por sus siglas en inglés) exige un permiso de paso a cada buque, aunque el embajador iraní ante la ONU en Ginebra, Ali Bahreini, precisó que no se cobrarán tasas durante los 60 días que dure el proceso de negociación. Washington, por su parte, sostiene que el acuerdo compromete a Irán a garantizar el paso seguro y gratuito en ese período, y que ambos países trabajarán con Omán para definir la administración futura. El presidente Donald Trump celebró la caída de los precios del petróleo y aseguró que Teherán aceptó inspecciones nucleares permanentes, afirmación que el propio Bahreini desmintió categóricamente. Las delegaciones concluyeron el lunes en Suiza una primera ronda de conversaciones técnicas y acordaron crear cuatro grupos de trabajo sobre sanciones, temas nucleares, indemnizaciones y verificación.
El forcejeo por el control del estrecho tiene implicaciones jurídicas y de seguridad que van más allá de la coyuntura bélica. Expertos en derecho marítimo consultados por medios europeos recuerdan que la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (Unclos) prohíbe la imposición de peajes en pasos naturales, salvo que se presten servicios específicos, y que Irán respetó ese principio durante décadas pese a no haber ratificado el tratado. La pretensión de Teherán de expedir permisos obligatorios y de limitar el número diario de tránsitos —anunciada por fuentes militares a la agencia Tasnim— introduce un elemento de discrecionalidad que, según analistas en Bruselas, podría chocar con la práctica consuetudinaria y afectar la asegurabilidad de las rutas. En paralelo, el canal central de navegación permanece cerrado por la presencia de minas, y el Centro Conjunto de Información Marítima (JMIC) ha instado a los buques a utilizar las rutas del norte, bajo control iraní. La Organización Marítima Internacional lanzó una operación de gran escala para evacuar a más de 11.000 marinos retenidos en el Golfo, mientras la interferencia de GPS que distorsionaba las posiciones de los barcos ha disminuido notablemente.
El memorando abre un compás de 60 días durante el cual las partes se han comprometido a negociar un acuerdo de paz definitivo y a mantener el cese de las operaciones militares en todos los frentes, incluido el Líbano, donde este martes dos personas murieron por disparos israelíes y Hezbolá acusó a Israel de violar la tregua. Para economías altamente dependientes de las importaciones energéticas, como las de India —once buques con destino a ese país han cruzado Ormuz desde el pacto, según el Ministerio de Asuntos Exteriores indio— o las de América Latina, la reanudación del tráfico alivia la presión sobre los precios, pero la estabilización completa de los flujos sigue supeditada al desenlace de las conversaciones. Los grupos de trabajo recién creados deberán abordar en paralelo el levantamiento de sanciones, el programa nuclear iraní y los mecanismos de verificación, mientras la comunidad marítima internacional espera que en las próximas semanas se aclare si el estrecho de Ormuz operará bajo un régimen de tránsito libre o bajo una administración unilateral iraní.
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Irán ha convertido el estrecho de Ormuz en un arma geopolítica, utilizando el control del paso como moneda de cambio. Aunque el memorando de entendimiento ha reabierto el tráfico y desplomado los precios del petróleo, la jugada de Teherán revela una estrategia a largo plazo para afirmar su hegemonía regional.
Para India, la reapertura del estrecho de Ormuz tiene un beneficio concreto: once buques con destino a India ya han cruzado el paso desde el acuerdo Irán-EE.UU. Nueva Delhi monitorea la situación con pragmatismo, centrándose en la seguridad de sus suministros energéticos y de los diez barcos de bandera india que aún permanecen en el Golfo.
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