
Israel rechaza retirarse del sur de Líbano pese a negociaciones de paz regional
La postura del ministro Katz, que condiciona el alto el fuego, tensa las conversaciones mediadas por Washington mientras Rubio busca calmar a aliados del Golfo escépticos ante el acuerdo con Irán.
El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, afirmó este miércoles que las tropas de su país no se retirarán del sur de Líbano y que, hasta el momento, no existe una exigencia estadounidense para hacerlo. La declaración, realizada durante un foro en Tel Aviv, introduce un obstáculo adicional en las negociaciones de alto el fuego que se desarrollan en Washington entre delegaciones de Israel y Líbano, y complica el frágil memorando de entendimiento firmado la semana pasada entre Estados Unidos e Irán para poner fin a la guerra regional.
Desde la óptica israelí, la permanencia en la franja de seguridad de diez kilómetros ocupada durante la ofensiva terrestre responde a la necesidad de proteger a las comunidades del norte del país. Katz subrayó que la infraestructura de Hezbolá ha sido desmantelada y que no se permitirá el regreso de 200.000 desplazados libaneses a la zona fronteriza, una decisión que, según el ministro, se basa en experiencias pasadas donde las zonas de seguridad con población civil se convirtieron en focos de ataques. El primer ministro Benjamin Netanyahu reforzó esa posición al asegurar que las fuerzas israelíes mantienen “plena libertad de acción” para neutralizar amenazas.
En contraste, desde Beirut se insiste en que cualquier acuerdo debe incluir la retirada total de las tropas israelíes y el desarme de Hezbolá. El presidente libanés, Joseph Aoun, rechazó la ocupación del sur y cualquier injerencia extranjera, en alusión al respaldo de Irán al grupo chií. Por su parte, Teherán vincula directamente el cese de hostilidades en Líbano con el avance del pacto global con Washington. El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Baqer Qalibaf, declaró en Bakú que “un alto el fuego en Líbano es tan importante como un alto el fuego en Irán” y que el fin de la guerra en ambos frentes es indisociable.
El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, recorre la región para disipar el escepticismo de los aliados del Golfo, que consideran el acuerdo demasiado generoso con Teherán al incluir un fondo de 300.000 millones de dólares y el levantamiento de sanciones. Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Baréin, que albergan bases militares estadounidenses y sufrieron ataques con misiles iraníes, han expresado reservas. Mientras, las conversaciones en Washington continúan sin que se haya alcanzado un consenso sobre los términos de la retirada israelí ni sobre el control del estratégico estrecho de Ormuz, cuyo cierre durante el conflicto presionó las economías globales. La próxima ronda de contactos diplomáticos se perfila como decisiva para evitar que la cuestión libanesa descarrile el frágil proceso de paz.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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El ministro de Defensa israelí declaró que las tropas permanecerán en el sur del Líbano independientemente de las demandas estadounidenses, citando la doctrina de seguridad y los fracasos pasados de las zonas de amortiguamiento. La postura se presenta como una medida necesaria para proteger a las comunidades israelíes, sin un calendario de retirada.
El ministro de Defensa israelí afirmó que Washington no ha exigido la retirada del sur del Líbano, aunque añadió que Israel ignoraría tal solicitud de todos modos. Esto endurece el estancamiento en las negociaciones de alto el fuego, donde el Líbano insiste en la retirada total como condición.
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