
Scheffler persigue la historia en Shinnecock Hills mientras una joven promesa irrumpe con el hijo de Tiger Woods como caddie
El número uno mundial busca completar el Grand Slam en su primer intento, hazaña que solo Tiger Woods logró en la era moderna, en un Abierto de Estados Unidos que también ve debutar al adolescente Miles Russell.
El mundo del golf contiene la respiración ante la cita de Shinnecock Hills, donde Scottie Scheffler se presenta con la posibilidad de inscribir su nombre en un club tan exclusivo que ni siquiera la mayoría de las leyendas consiguió franquear su puerta en el primer intento. Tras su aplastante victoria en el Abierto Británico de Royal Portrush, el texano tiene ante sí la oportunidad de completar el Grand Slam profesional —los cuatro ‘majors’— en su estreno en el US Open, un hito que en la era moderna solo pertenece a Tiger Woods. La prensa estadounidense subraya el paralelismo inevitable: Woods necesitó apenas 35 días entre su triunfo en Pebble Beach y la conquista de St. Andrews en 2000; Scheffler, que cumplirá 30 años el domingo, día de la final y también del Día del Padre en Estados Unidos, intentará emular a Jack Nicklaus, Gene Sarazen y al propio Woods como los únicos que han sellado el Grand Slam en su primera oportunidad.
Mientras la élite concentra todas las miradas, una historia paralela cautiva al público desde la perspectiva juvenil. Miles Russell, de 17 años, se ha convertido en el jugador más joven del field y ya genera asombro con su desparpajo. Preguntado por sus recuerdos del US Open de 2018, la última vez que el torneo se disputó en Shinnecock Hills, el fenómeno de Florida respondió con una sinceridad que, según analistas norteamericanos, “hizo sentir viejo a todo el mundo”: apenas tenía 11 años y no guarda memoria alguna de aquella edición. La prensa sueca añade un detalle que multiplica la atención mediática: Russell logró la clasificación acompañado por su amigo y caddie Charlie Woods, también de 17 años e hijo de Tiger Woods y la exmodelo sueca Elin Nordegren. La presencia del joven Woods en la bolsa del prodigio no solo conecta generaciones, sino que refuerza el eco escandinavo en un deporte donde Ludvig Åberg ya representa la nueva ola europea.
Desde una óptica más global, el fin de semana deportivo ofrece un curioso espejo entre superficies. Mientras los mejores golfistas del planeta se miden en el césped neoyorquino de Shinnecock Hills —un par 70 de 7.440 yardas que exige precisión quirúrgica—, el circuito ATP despliega su temporada de hierba en Halle, Alemania. Allí, los estadounidenses Ben Shelton y Taylor Fritz prolongan su buen momento sobre el pasto: Shelton, recién coronado en Stuttgart, avanzó con autoridad ante Lorenzo Sonego y ya suma un récord de 5-0 en esta superficie, adaptándose a una cancha que, según sus propias palabras, “es diferente a cualquier otra en la que haya jugado”. La coincidencia de ambos torneos, en continentes distintos pero sobre el mismo tapiz natural, ofrece una perspectiva transatlántica de la alta competición.
El US Open, tercer ‘major’ de la temporada, reúne por primera vez en 2026 al circuito completo del PGA Tour y a las figuras de LIV Golf, lo que devuelve al torneo su pureza competitiva. Los antecedentes recientes —con campeones como Bryson DeChambeau en 2024, Wyndham Clark en 2023 o Matt Fitzpatrick en 2022— demuestran que Shinnecock Hills no distingue entre favoritos y revelaciones. Analistas europeos recuerdan que el campo de Southampton ha sido escenario de desenlaces imprevisibles, y la prensa latinoamericana observa con atención el desempeño de una nueva generación que, con Russell como símbolo, amenaza con acelerar el recambio generacional. Scheffler, por su parte, intenta restar dramatismo a la cita, pero la historia le ha puesto una cita ineludible: si el domingo alza el trofeo, su nombre quedará grabado junto al de los inmortales.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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El US Open en Shinnecock Hills genera millones, pero la tribu nativa local recibe solo una fracción y exige una parte más justa. La cobertura destaca la creciente demanda de justicia económica en tierras ancestrales.
Un prodigio de 17 años se ha clasificado para el US Open, atrayendo atención adicional porque el hijo de Tiger Woods le lleva la bolsa. La historia subraya el aura especial del joven, aunque señala que está lejos de ser el clasificado más joven de la historia.
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