
Reino Unido, Italia y Japón sellan contrato de 4.600 millones de libras para su caza de sexta generación
El acuerdo tripartito impulsa la fase de diseño detallado del avión furtivo GCAP, mientras el proyecto rival europeo FCAS permanece paralizado y otras potencias aceleran sus propias adquisiciones.
El Reino Unido, Italia y Japón formalizaron un contrato de 4.600 millones de libras esterlinas (6.140 millones de dólares) con la empresa conjunta Edgewing para desarrollar el caza furtivo de sexta generación del Programa Global de Combate Aéreo (GCAP). El pacto, anunciado por el gobierno británico, extiende la colaboración hasta finales de 2027 y permite completar la fase de concepto para iniciar el diseño detallado. Se trata del segundo contrato internacional del programa, después de uno inicial de 686 millones de libras firmado en abril, y llega tras nueve meses de retrasos atribuidos por fuentes gubernamentales británicas a restricciones presupuestarias. Londres se comprometió esta semana a destinar 8.600 millones de libras en cuatro años al proyecto, un monto que el Ministerio de Defensa japonés calificó como “el nivel considerado necesario” y que disipó los temores de Tokio sobre una posible reducción de la contribución británica.
Desde la óptica de los tres socios fundadores, el GCAP —conocido como Tempest en el Reino Unido— representa un mecanismo para compartir los costos de desarrollo de una aeronave de combate avanzada y acceder a mercados internacionales. La joint venture Edgewing, controlada por BAE Systems, Leonardo y Japan Aircraft Industrial Enhancement, tiene sede en territorio británico y dirección ejecutiva italiana. El consorcio prevé volar un demostrador en 2030 y poner el primer avión en servicio en 2035. En paralelo, los gobiernos de los tres países han señalado que la eventual ampliación del programa a nuevos socios —Arabia Saudita y Canadá han mostrado interés, y la italiana Leonardo ha mencionado a Alemania como candidata atractiva— requeriría el consenso unánime de los miembros fundadores y podría articularse en distintos niveles de participación.
En contraste, el panorama de la cooperación europea en defensa muestra fracturas. El programa rival del Sistema de Combate Aéreo Futuro (FCAS), liderado por Francia, Alemania y España, colapsó en junio tras meses de desacuerdos entre Dassault Aviation y Airbus sobre el reparto de responsabilidades. El presidente ejecutivo de Airbus, Guillaume Faury, declaró en un foro económico en Aix-en-Provence que no se siente “necesariamente optimista” sobre el futuro de la colaboración en el continente y advirtió que, si se desaprovechan los próximos años, Europa acabará con “soluciones nacionales fragmentadas durante décadas”. Por su parte, el director general de Dassault, Éric Trappier, se mostró abierto a nuevas alianzas siempre que se establezcan “reglas aceptadas desde el principio”.
Mientras las alianzas industriales se reconfiguran, otras regiones aceleran sus propias capacidades. El Consejo de Adquisiciones de Defensa de la India aprobó en principio un paquete de 6.300 millones de dólares para la compra de misiles, sistemas de guerra electrónica y drones kamikaze, en un esfuerzo por reducir la dependencia histórica de Rusia y modernizar sus fuerzas ante la influencia china en el Índico. En América Latina, la situación refleja limitaciones presupuestarias más agudas: según testimonios recogidos por Caracol Radio, soldados colombianos han recurrido a colectas internas para adquirir drones comerciales de reconocimiento, ante la insuficiencia de los equipos institucionales y el alcance real limitado de los sistemas antidrones suministrados, que en la práctica no supera los 300 metros. El Ejército colombiano reconoció esas prácticas como decisiones individuales, no como una orden institucional.
El contrato del GCAP consolida un eje trilateral que avanza hacia la fase de ingeniería de detalle, mientras el FCAS permanece en punto muerto a la espera de un eventual reacomodo político-industrial. La firma de Edgewing con la Organización Gubernamental Internacional del GCAP (GIGO) fija el marco contractual hasta 2027, y los próximos hitos técnicos estarán condicionados a la revisión del diseño preliminar y a la confirmación de los compromisos presupuestarios plurianuales de cada socio.
| Prensa rusa y CEI | +0.70 | aligned |
|---|---|---|
| Prensa europea continental | −0.50 | critical |
Russia projects its industrial and military power, presenting the contract as proof of resilience and strategic autonomy.
The narrative emphasizes the continuity of national technological progress, minimizing external dependencies and turning sanctions into a driver of innovation.
Technical difficulties and program delays, as well as international criticism, are absent.
Europe universalizes the problem of internal fragmentation, presenting the lack of cooperation as an existential threat to continental security.
The discourse builds a hierarchy where political division is the main danger, surpassing even the technical capabilities of the aircraft.
Russian technological successes and the ability to circumvent sanctions are not mentioned.
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