
Escándalo en la final del Mundial: Argentina pierde los papeles y la FIFA investiga
Tras caer 1-0 ante España en la prórroga, jugadores y cuerpo técnico argentinos protagonizaron agresiones que derivaron en una investigación disciplinaria y posibles sanciones.
La final de la Copa del Mundo de 2026, disputada en el MetLife Stadium de Nueva Jersey, concluyó con un triunfo por 1-0 de España sobre Argentina gracias a un gol de Ferran Torres en el minuto 106 de la prórroga. Sin embargo, el pitido final desató una batalla campal. Leandro Paredes agarró del cuello a Eric García y derribó a Gavi, lo que le valió la tarjeta roja. Nahuel Molina golpeó a Rodri durante la celebración, y el ayudante técnico Roberto Ayala forcejeó con Dani Olmo. La tensión se había agravado por la expulsión de Enzo Fernández en el minuto 93, que dejó a Argentina con diez hombres.
El origen de la hostilidad se remontaba a la semana previa. El defensa español Aymeric Laporte había declarado que el juego agresivo de Argentina solía quedar impune y pidió a los árbitros que estuvieran atentos. Esas palabras calaron hondo. Apenas terminado el partido, Nicolás Otamendi encaró a Rodri y le recriminó: “Estuviste llorando toda la semana, vos y Laporte, quejándose de los árbitros”. Rodri intentó calmar los ánimos, pero el cruce verbal reflejó el malestar acumulado. Desde la prensa española, el comportamiento argentino fue calificado de “escandaloso” y Paredes fue señalado como “enemigo público”, mientras que en Italia se habló de una “figuraccia”.
La repercusión internacional fue unánime en la condena. En el Reino Unido, exfutbolistas como Joe Hart, Gary Neville y Wayne Rooney tacharon la actitud argentina de “repugnante” y “una vergüenza”, y destacaron que solo Lionel Messi mantuvo la compostura. En América Latina, algunos análisis matizaron que la provocación española había contribuido al estallido. El seleccionador Lionel Scaloni reconoció la superioridad del rival y pidió “saber perder”, aunque no ocultó su emoción.
La FIFA abrió una investigación disciplinaria basada en el informe del árbitro Slavko Vinčić y en las imágenes de televisión. Paredes se expone a una sanción de entre tres y doce partidos por conducta violenta, mientras que Molina, Thiago Almada, Cristian Romero y Emiliano Martínez también están bajo la lupa. La Asociación del Fútbol Argentino ya recibió una multa de 20.000 dólares por la tarjeta roja directa, y podrían sumarse sanciones adicionales por la acumulación de amonestaciones. De manera paralela, el Gobierno británico solicitó a la FIFA que investigue la exhibición de una bandera con la leyenda “Las Malvinas son argentinas” tras la semifinal ante Inglaterra.
El Comité Disciplinario de la FIFA analizará las pruebas en las próximas semanas y su fallo podría tener consecuencias directas sobre las eliminatorias sudamericanas. Argentina arriesga perder a varios titulares en el arranque de la clasificación, un castigo deportivo que se suma al desgaste de una imagen que hasta hace poco era sinónimo de éxito y fair play.
| Prensa latinoamericana | −0.40 | critical |
|---|---|---|
| Prensa europea continental | −0.80 | critical |
| Prensa atlántica / anglosfera | −0.50 | critical |
| Prensa india y del sur de Asia | −0.30 | critical |
Argentina admits frustration but rejects accusations of disloyalty, pointing at alleged Spanish referee pressure.
It gives space to the Argentine version (referee complaints, gesture of respect toward fans) to soften unilateral condemnation, creating a more nuanced picture.
Spain celebrates a deserved triumph, while Argentina covers itself in shame with an unworthy brawl.
It contrasts Spain's legitimate celebration with Argentina's gratuitous violence, building a clear opposition between virtuous winners and unfair losers.
It does not report Argentine complaints about alleged referee favoritism nor the explanation for turning backs during the ceremony.
FIFA must apply the rules: the violent behavior of Paredes and company deserves an exemplary suspension.
It frames the event as a regulatory violation to be sanctioned, shifting focus from morality to rules and disciplinary procedures.
It does not delve into the reasons for Argentine frustration nor the match context (e.g., red cards, alleged referee favors).
Argentina accuses Spain of influencing the referee, but the brawl overshadows any legitimate protest.
It explains the brawl as an outcome of a pre-match dispute about the referee's role, partially normalizing the Argentine reaction.
It does not mention the severity of Paredes' physical assaults nor the ongoing FIFA investigation.
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