
Noruega avanza a octavos con remada vikinga que desata celos escandinavos
La celebración sincronizada que emula el remo de los drakkars, liderada por Ødegaard y Haaland tras el 3-2 ante Senegal, provoca indiferencia en Suecia y envidia en Dinamarca.
Noruega selló su billete a los octavos de final del Mundial 2026 con una vibrante victoria por 3-2 sobre Senegal, un triunfo que desató una explosión de júbilo dentro y fuera del estadio. Al silbatazo final, el capitán Martin Ødegaard tomó un bombo y marcó el compás para que sus compañeros, con Erling Haaland a la cabeza, se sentaran sobre el césped e iniciaran la ya icónica «remada vikinga». Miles de aficionados nórdicos, que llenaban las gradas con banderas y cuernos simbólicos, se sumaron al unísono en una coreografía de balanceo de torsos y brazos que imita el ritmo de los antiguos remeros escandinavos.
El ritual, conocido como «Viking Row», hunde sus raíces en la historia naval de la región. Según la tradición recogida por la afición, los guerreros vikingos remaban sincronizadamente en sus drakkars para alcanzar la orilla antes del combate; una sola pérdida de ritmo podía condenar la maniobra. La versión contemporánea nació de la hinchada organizada, en particular del grupo Oljeberget y de un seguidor apodado «Mr. Row», Ole Frøystad, que buscaba un gesto autóctono para alentar al equipo. La coreografía se estrenó en un amistoso ante Suecia meses atrás, pero fue en suelo estadounidense donde alcanzó dimensión viral, con los jugadores apropiándose del rito y exportándolo a plazas icónicas como Times Square.
El eco de la celebración no ha sido uniforme en la vecindad escandinava. Desde Estocolmo, los internacionales suecos Gustaf Lagerbielke y Elliot Stroud expresaron una mezcla de indiferencia y hastío. «Nunca participaría en eso; se parece demasiado al ‘trueno’ islandés y cada vez que pueden lo repiten», declaró Lagerbielke, mientras Stroud admitió que el gesto «ya está quedando un poco gastado». En Copenhague, donde la selección danesa se quedó fuera del torneo tras caer en la repesca ante la República Checa, la prensa ha reaccionado con abierta envidia. Un columnista del tabloide B.T. calificó la euforia noruega de «acoso nórdico entre adultos» y lamentó que Dinamarca haya perdido la hegemonía futbolística regional, un dolor que, según sus palabras, «duele admitir».
La remada vikinga se ha convertido así en el emblema de una Noruega que regresa a una Copa del Mundo tras 28 años de ausencia y que, con el liderazgo de Ødegaard y la pegada de Haaland, aspira a prolongar su recorrido. Mientras la afición sigue conquistando espacios públicos con su sincronizado ritual, el combinado nórdico ya espera rival en la ronda de eliminación directa, donde la celebración promete volver a resonar con cada golpe de tambor.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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La celebración del 'remo vikingo' noruego se ha convertido en un fenómeno viral en el Mundial, contagiando a jugadores, aficionados e incluso a la familia real. Mientras los noruegos disfrutan del éxito de su selección, el ritual está poniendo a prueba la paciencia de los vecinos: los daneses admiten envidia y los suecos muestran una indiferencia estudiada. La moda subraya una rivalidad nórdica juguetona pero punzante que se despliega en el mayor escenario del fútbol.
El remo vikingo noruego se celebra como un punto culminante de la vibrante cultura de los aficionados en el Mundial, llevando una muestra de la herencia nórdica a audiencias globales. El espectáculo ha dinamizado ciudades anfitrionas como Nueva York, donde los seguidores noruegos han protagonizado una alegre invasión. Esta muestra de orgullo nacional se enmarca dentro del caos unificador y el bullicio económico del torneo.
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