
La UE estudia abandonar los grandes paquetes de sanciones contra Rusia para evitar vetos
Bruselas evalúa adoptar medidas individuales o temáticas tras el bloqueo de Grecia al 21º paquete, en un intento por agilizar las restricciones y limitar el poder de veto de los Estados miembros.
La Unión Europea se plantea un cambio de método en su política de sanciones contra Rusia: abandonar los grandes paquetes de medidas coordinadas y pasar a aprobar restricciones de forma individual o en pequeños bloques temáticos. La discusión, confirmada por varios funcionarios europeos a Financial Times, cobró fuerza después de que Grecia retrasara la adopción del 21º paquete al exigir excepciones para su naviera Dynagas en el transporte de gas natural licuado ruso. El paquete fue finalmente aprobado la semana pasada con concesiones, pero fuentes comunitarias advierten de que podría ser el último de ese formato. “Ahora está absolutamente claro que este enfoque ya no funciona”, declaró uno de los interlocutores.
Desde Bruselas, la Comisión Europea y los Estados miembros más favorables a mantener una línea dura con Moscú impulsan la reforma con el objetivo de acelerar la imposición de sanciones y reducir la capacidad de veto de los países que, según fuentes diplomáticas, han utilizado cada vez más ese derecho para proteger intereses corporativos nacionales. El caso griego es el más reciente, pero no el único: en 2022, Chipre, Malta y la propia Grecia bloquearon temporalmente el límite al precio del petróleo ruso por el impacto sobre sus flotas de petroleros, y Hungría ha frenado en varias ocasiones medidas energéticas. La regla de la unanimidad, piedra angular del proceso decisorio en política exterior de la UE, convierte a cada Estado en un potencial obstáculo cuando las sanciones se agrupan en paquetes omnicomprensivos.
La fragmentación de las sanciones tendría implicaciones tanto para la previsibilidad del régimen restrictivo como para su eficacia. Desde la óptica de Moscú, la misión rusa ante la UE ya advirtió de que preparará contramedidas y sostuvo que las nuevas restricciones agravarán la situación socioeconómica europea. Analistas en centros de estudio latinoamericanos señalan que un goteo constante de medidas individuales podría dificultar el cumplimiento normativo para empresas de terceros países con vínculos comerciales en Rusia, al multiplicar las actualizaciones legales sin el contexto de un paquete unificado. En cambio, en las capitales europeas más favorables a Ucrania se interpreta el cambio como una forma de sortear los vetos y mantener la presión sobre el Kremlin sin pausas prolongadas.
El 21º paquete, uno de los más amplios por número de personas y entidades designadas, incluyó a 48 individuos y 170 organizaciones, entre ellas la Bolsa de Moscú y decenas de bancos, y extendió el límite al precio del crudo ruso hasta 2027. La práctica de los grandes paquetes, pensada originalmente para maximizar el impacto mediático y simbólico en fechas señaladas, ha chocado con la realidad de unos intereses nacionales cada vez más divergentes. El debate sobre el nuevo procedimiento se encuentra en fase exploratoria y no existe aún una propuesta formal, pero fuentes comunitarias indican que la Comisión podría empezar a aplicar el enfoque gradual en las próximas rondas de sanciones, a medida que se elaboren nuevas medidas contra sectores como la metalurgia, la minería o las criptomonedas.
| Prensa rusa y CEI | −0.40 | critical |
|---|---|---|
| Prensa atlántica / anglosfera | 0.00 | neutral |
| Prensa europea continental | 0.00 | neutral |
La Unión Europea muestra sus grietas: el mecanismo de sanciones se estanca debido a los vetos cruzados. El 21º paquete podría ser el último, señal de que la UE ya no puede mantener la cohesión.
Al enfatizar las divisiones internas y el riesgo de fracaso, la narrativa rusa presenta el cambio de procedimiento como una debilidad estructural de la UE, no como una mejora.
La narrativa rusa omite que la UE sigue comprometida a mantener las sanciones y que el nuevo enfoque busca hacerlas más efectivas, no reducirlas.
La UE está revisando su enfoque para hacer las sanciones más eficientes después de la excepción griega. El objetivo es evitar bloqueos y acelerar las decisiones.
La narrativa atlántica normaliza el cambio como una racionalización técnica, sin enfatizar las divisiones políticas.
La narrativa atlántica omite que la demanda griega fue vista como una concesión a los intereses nacionales, y que el nuevo proceso podría debilitar la presión general sobre Rusia.
Los diplomáticos europeos quieren dificultar el bloqueo de las sanciones. Se propone un proceso continuo para evitar que un país bloquee todo por una sola medida.
La narrativa europea continental presenta la propuesta como una solución técnica y neutral, sin asignar culpas ni enfatizar conflictos.
La narrativa europea continental omite que Grecia usó el veto para proteger sus intereses económicos, y que el nuevo enfoque podría reducir la transparencia de las decisiones.
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