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Sociedad y Culturamartes, 16 de junio de 2026

La Kaaba estrena su Kiswa: seda, oro y plata en un ritual que une al mundo islámico

La ceremonia anual de renovación de la cubierta sagrada, realizada por 150 artesanos saudíes, marca el inicio del año 1448 de la Hégira y exhibe una tradición de once meses de minuciosa elaboración.

Con la llegada del nuevo año islámico 1448, la Kaaba en La Meca ha vuelto a vestirse con la Kiswa, la emblemática cubierta negra que envuelve el lugar más sagrado del islam. El ritual, ejecutado el primer día de Muharram —que este año coincidió con el 16 de junio de 2026—, movilizó a unos 150 artesanos y técnicos del Complejo Rey Abdulaziz para la Kiswa de la Kaaba, quienes descendieron la antigua envoltura y desplegaron la nueva ante la mirada atenta del mundo musulmán. La operación, supervisada por las autoridades de los Santos Lugares, reafirma el papel de Arabia Saudita como custodio de los espacios más venerados de la fe islámica.

La elaboración de la Kiswa es una proeza artesanal que se extiende durante casi un año. Según datos difundidos desde Riad, la nueva cubierta está confeccionada con aproximadamente 1.000 kilogramos de seda natural, teñida de negro profundo, y se compone de 47 paños lujosos unidos con precisión milimétrica. Sobre esa superficie se bordan en hilos de plata bañada en oro de 24 quilates treinta versículos del Corán, caligrafiados con una maestría que perpetúa siglos de tradición. El conjunto, que incluye la cortina de la puerta y los ornamentos dorados, alcanza un peso total cercano a los 1.410 kilogramos, lo que exige una coordinación logística impecable para izar cada panel hasta la cima del edificio cúbico y fijarlo sin dañar la estructura.

Desde el Magreb hasta el sudeste asiático, la renovación de la Kiswa es interpretada como un símbolo de unidad y continuidad espiritual. Observadores en el norte de África subrayan que la ceremonia conecta a las comunidades musulmanas con un legado que se remonta a los primeros siglos del islam, cuando la cubierta era enviada desde Egipto o Yemen. En Europa, analistas destacan el valor de esta manifestación como puente cultural: la meticulosa labor textil evoca, para muchos en España, ecos del refinamiento artístico de Al-Ándalus, mientras que en Francia el evento alimenta el debate sobre la visibilidad de las tradiciones religiosas en sociedades secularizadas.

En América Latina, donde las comunidades musulmanas crecen de manera sostenida —especialmente en Argentina, Brasil y México—, la noticia de la nueva Kiswa circula con creciente interés. Líderes comunitarios en Buenos Aires y São Paulo señalan que la ceremonia no solo refuerza la identidad religiosa de los fieles, sino que también despierta la curiosidad de un público más amplio por la riqueza estética del islam, en una región donde el diálogo intercultural gana espacio. La transmisión de imágenes por plataformas digitales y canales satelitales permite que la diáspora musulmana y los hispanohablantes de toda Iberoamérica participen simbólicamente del rito.

Más allá de su dimensión espiritual, la renovación anual de la Kiswa proyecta la evolución de una industria sagrada que combina técnicas ancestrales con innovación controlada. El complejo especializado en La Meca no solo preserva oficios como el bordado en metales preciosos, sino que incorpora estándares de calidad que garantizan la durabilidad de la cubierta frente a las inclemencias del clima y la afluencia masiva de peregrinos. De cara al futuro, las autoridades saudíes enmarcan este esfuerzo dentro de la Visión 2030, que busca modernizar los servicios a los visitantes de los Santos Lugares sin desvirtuar la esencia de los rituales. Así, la Kiswa se consolida como un emblema de continuidad: un manto que envuelve la Kaaba y, al mismo tiempo, cobija la memoria colectiva de una fe compartida por casi dos mil millones de personas.

Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.

2 grupos editoriales · 2 idiomas

48%
TonoTemperaturaEnfoquePosicionamientoHorizonte
Prensa del Golfo árabePrensa árabe Levante-Magreb
Prensa del Golfo árabe/ Saudí
TriunfoPaternalismo

Al comenzar el nuevo año islámico, la Kaaba fue revestida con su nueva Kiswa, un manto de seda negra bordado con hilos de oro y plata. Elaborada por 150 artesanos saudíes a lo largo de once meses, la cubierta refleja el cuidado permanente del Reino por el lugar más sagrado del islam y su maestría en la artesanía sacra.

Prensa árabe Levante-Magreb
DistanciaPragmatismo

El primer día de Muharram, la Kaaba recibió su nueva cubierta en una ceremonia que combina tradición y precisión técnica. 159 técnicos y artesanos reemplazaron los cuatro paños y la cortina de la puerta, bajo la supervisión de las autoridades saudíes para las Dos Mezquitas Sagradas.

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martes, 16 de junio de 2026

La Kaaba estrena su Kiswa: seda, oro y plata en un ritual que une al mundo islámico

La ceremonia anual de renovación de la cubierta sagrada, realizada por 150 artesanos saudíes, marca el inicio del año 1448 de la Hégira y exhibe una tradición de once meses de minuciosa elaboración.

Con la llegada del nuevo año islámico 1448, la Kaaba en La Meca ha vuelto a vestirse con la Kiswa, la emblemática cubierta negra que envuelve el lugar más sagrado del islam. El ritual, ejecutado el primer día de Muharram —que este año coincidió con el 16 de junio de 2026—, movilizó a unos 150 artesanos y técnicos del Complejo Rey Abdulaziz para la Kiswa de la Kaaba, quienes descendieron la antigua envoltura y desplegaron la nueva ante la mirada atenta del mundo musulmán. La operación, supervisada por las autoridades de los Santos Lugares, reafirma el papel de Arabia Saudita como custodio de los espacios más venerados de la fe islámica.

La elaboración de la Kiswa es una proeza artesanal que se extiende durante casi un año. Según datos difundidos desde Riad, la nueva cubierta está confeccionada con aproximadamente 1.000 kilogramos de seda natural, teñida de negro profundo, y se compone de 47 paños lujosos unidos con precisión milimétrica. Sobre esa superficie se bordan en hilos de plata bañada en oro de 24 quilates treinta versículos del Corán, caligrafiados con una maestría que perpetúa siglos de tradición. El conjunto, que incluye la cortina de la puerta y los ornamentos dorados, alcanza un peso total cercano a los 1.410 kilogramos, lo que exige una coordinación logística impecable para izar cada panel hasta la cima del edificio cúbico y fijarlo sin dañar la estructura.

Desde el Magreb hasta el sudeste asiático, la renovación de la Kiswa es interpretada como un símbolo de unidad y continuidad espiritual. Observadores en el norte de África subrayan que la ceremonia conecta a las comunidades musulmanas con un legado que se remonta a los primeros siglos del islam, cuando la cubierta era enviada desde Egipto o Yemen. En Europa, analistas destacan el valor de esta manifestación como puente cultural: la meticulosa labor textil evoca, para muchos en España, ecos del refinamiento artístico de Al-Ándalus, mientras que en Francia el evento alimenta el debate sobre la visibilidad de las tradiciones religiosas en sociedades secularizadas.

En América Latina, donde las comunidades musulmanas crecen de manera sostenida —especialmente en Argentina, Brasil y México—, la noticia de la nueva Kiswa circula con creciente interés. Líderes comunitarios en Buenos Aires y São Paulo señalan que la ceremonia no solo refuerza la identidad religiosa de los fieles, sino que también despierta la curiosidad de un público más amplio por la riqueza estética del islam, en una región donde el diálogo intercultural gana espacio. La transmisión de imágenes por plataformas digitales y canales satelitales permite que la diáspora musulmana y los hispanohablantes de toda Iberoamérica participen simbólicamente del rito.

Más allá de su dimensión espiritual, la renovación anual de la Kiswa proyecta la evolución de una industria sagrada que combina técnicas ancestrales con innovación controlada. El complejo especializado en La Meca no solo preserva oficios como el bordado en metales preciosos, sino que incorpora estándares de calidad que garantizan la durabilidad de la cubierta frente a las inclemencias del clima y la afluencia masiva de peregrinos. De cara al futuro, las autoridades saudíes enmarcan este esfuerzo dentro de la Visión 2030, que busca modernizar los servicios a los visitantes de los Santos Lugares sin desvirtuar la esencia de los rituales. Así, la Kiswa se consolida como un emblema de continuidad: un manto que envuelve la Kaaba y, al mismo tiempo, cobija la memoria colectiva de una fe compartida por casi dos mil millones de personas.

Divergencia de las fuentes

Sociedad y Cultura · 3 medios · 2 idiomas

48%Media

Cómo las fuentes narran los mismos hechos de manera diferente.

Cómo se dividen

Favorable40%
Neutral60%

Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.

2 grupos editoriales · 2 idiomas

TonoTemperaturaEnfoquePosicionamientoHorizonte
Prensa del Golfo árabePrensa árabe Levante-Magreb
Prensa del Golfo árabe/ Saudí
TriunfoPaternalismo

Al comenzar el nuevo año islámico, la Kaaba fue revestida con su nueva Kiswa, un manto de seda negra bordado con hilos de oro y plata. Elaborada por 150 artesanos saudíes a lo largo de once meses, la cubierta refleja el cuidado permanente del Reino por el lugar más sagrado del islam y su maestría en la artesanía sacra.

Prensa árabe Levante-Magreb
DistanciaPragmatismo

El primer día de Muharram, la Kaaba recibió su nueva cubierta en una ceremonia que combina tradición y precisión técnica. 159 técnicos y artesanos reemplazaron los cuatro paños y la cortina de la puerta, bajo la supervisión de las autoridades saudíes para las Dos Mezquitas Sagradas.

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