
La inteligencia artificial conversacional se convierte en confidente, compradora y asesora médica
El uso de chatbots para apoyo emocional, decisiones de compra y búsquedas de información crece a ritmo acelerado, mientras la integración de datos y la regulación marcan los próximos desafíos.
Un cambio estructural en el comportamiento digital se consolida con datos de 2026: las herramientas de inteligencia artificial conversacional ya alcanzan al 36 % de los usuarios de escritorio y al 23 % en dispositivos móviles, según Comscore. En Brasil, el 76 % de los consumidores tiene la intención de usar IA para realizar compras y el 52 % ya la ha empleado para decidir adquisiciones en el último año, de acuerdo con un estudio de Visa y el Informe del Varejo 2025 de Adyen. Paralelamente, las aplicaciones de acompañamiento emocional basadas en IA registraron un crecimiento de aproximadamente el 700 % entre 2022 y mediados de 2025, según el Bipartisan Policy Center, y casi la mitad de los usuarios con trastornos de salud mental recurren a chatbots como apoyo, revela una encuesta de Sentio University.
La expansión responde a una misma lógica: la IA generativa ha dejado de ser un motor de búsqueda para convertirse en un interlocutor que responde con lenguaje personalizado, disponible a toda hora y sin emitir juicios. En el ámbito de la salud mental, una innovación incipiente conocida como “loop engineering” —analizada desde Estados Unidos— propone que la IA no se limite a interacciones puntuales, sino que ejecute bucles continuos de asesoramiento, simulando un consejero de bienestar. En el comercio minorista, analistas en São Paulo describen el “shopping conversacional”, donde el diálogo con la IA reemplaza la navegación, el carrito y el pago tradicionales. En la atención médica, investigadores en Estocolmo subrayan que la utilidad clínica de la IA depende de sistemas abiertos: sin interoperabilidad y API que permitan compartir datos de pacientes entre plataformas, la tecnología no puede generar valor real en la práctica diaria.
El impacto se manifiesta de forma diferenciada por regiones. En Indonesia, el fenómeno del chatbot como confidente está modificando los patrones de comunicación interpersonal: mientras el uso de Character.ai supera la hora y media diaria por usuario, la cantidad de adultos con diez o más amigos cercanos continúa disminuyendo, según la Brookings Institution. En Estados Unidos, millones de personas consultan a la IA sobre salud mental —ChatGPT supera los 900 millones de usuarios activos semanales—, pero la falta de salvaguardas motivó una demanda contra OpenAI y mantiene en fase de desarrollo y pruebas a los grandes modelos de lenguaje especializados. En Brasil, el 73 % de los minoristas planea aumentar la inversión en IA en 2025, aunque el principal obstáculo identificado es la dispersión de datos en sistemas desconectados. Desde Suecia se señala que el Reglamento General de Protección de Datos no es la barrera, sino la ausencia de requisitos claros y vinculantes para el intercambio de información sanitaria.
El siguiente hito factual será la evolución de los marcos de integración y gobernanza. En el sector salud, la presión para que las autoridades suecas exijan API abiertas y soluciones modulares podría sentar un precedente regulatorio. En el comercio electrónico, la capacidad de las empresas para unificar sus datos determinará el despliegue efectivo de experiencias de compra conversacional. En el ámbito de la salud mental, los modelos especializados continúan en etapa de prueba y la ingeniería de bucles carece de estándares definidos, por lo que la atención se centra en los próximos pronunciamientos de organismos de supervisión y en los resultados de los ensayos clínicos en curso.
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