
Sábanas blancas y un secuestro al alba: la policía india desaloja al activista Sonam Wangchuk
La policía de Delhi irrumpió en la protesta de Jantar Mantar, cubrió al educador en huelga de hambre con telas y lo trasladó a un hospital, desatando una tormenta política.
Eran poco más de las siete de la mañana en Nueva Delhi cuando varias decenas de agentes vestidos de civil irrumpieron en el escenario de la protesta. Portaban grandes sábanas blancas. En cuestión de minutos, rodearon el catre donde yacía el activista Sonam Wangchuk, de 59 años, y alzaron las telas formando un biombo improvisado que lo ocultó de las cámaras y de la mirada de sus compañeros. Lo que siguió fue una coreografía de contención: un primer anillo de policías de paisano aseguró la tarima, un segundo cordón de fuerzas paramilitares contuvo a los manifestantes, y un tercer grupo de oficiales supervisó la operación desde un punto de control cercano a las ambulancias. En menos de diez minutos, Wangchuk —que cumplía su vigésimo primer día de ayuno indefinido— fue trasladado al hospital Safdarjung.
El activista, ingeniero de formación y conocido por sus proyectos de conservación del agua en el Himalaya, había iniciado la huelga de hambre el 28 de junio en solidaridad con el movimiento satírico Cockroach Janta Party (CJP). La agrupación, nacida en redes sociales después de que un juez del Tribunal Supremo comparara a jóvenes desempleados con “cucarachas”, exige la dimisión del ministro de Educación, Dharmendra Pradhan, por las presuntas filtraciones de exámenes médicos que afectaron a más de dos millones de aspirantes y que, según reportes de prensa, estuvieron vinculadas a varios suicidios estudiantiles. La protesta había convertido a Wangchuk en un punto de encuentro para cientos de estudiantes acampados en Jantar Mantar, el espacio público designado para manifestaciones en la capital india.
La policía justificó la intervención amparándose en una orden del Tribunal Superior de Delhi que, dos días antes, había instado a las autoridades a realizar chequeos médicos diarios al activista y a proporcionarle “cualquier intervención médica necesaria para salvar su vida”. “Ha sido trasladado al hospital para recibir atención médica esencial”, declaró un comisionado adjunto, quien admitió un “leve tumulto” cuando los manifestantes intentaron obstruir la operación. La versión oficial contrasta con el relato de los organizadores: el fundador del CJP, Abhijeet Dipke, denunció haber sido “golpeado y detenido” por la policía, y calificó el operativo de “secuestro”. “Un hombre de 60 años que no ha comido en 20 días fue arrastrado a la fuerza”, afirmó Dipke, quien anunció que iniciaría su propio ayuno indefinido.
Desde la oposición política india, las condenas se articularon en un lenguaje de agravio democrático. El líder del Congreso, Rahul Gandhi, afirmó que “los principios fundamentales del gobierno de Modi son la falsedad y la violencia”, mientras que el jefe del Partido Aam Aadmi, Arvind Kejriwal, calificó la acción de “arrogancia” y urgió a reformar el sistema de exámenes en lugar de “aplastar el movimiento cucaracha”. En el hospital, la esposa de Wangchuk, Gitanjali Angmo, emitió una advertencia inequívoca: “No se le debe administrar nada por vía oral o intravenosa sin el consentimiento mío, de su familia y de los médicos que han vigilado su salud durante los últimos 20 días”. El parte médico del Safdarjung indicó que el activista se encontraba estable pero débil, con deshidratación y niveles bajos de potasio, y que se negaba a recibir tratamiento.
Al caer la tarde, el CJP anunció que Wangchuk no había roto su ayuno y que continuaría la huelga desde la cama del hospital. Dipke, con el rostro aún manchado por la tinta azul que una mujer le arrojó durante un discurso, prometió que la marcha al Parlamento prevista para el 20 de julio se mantendría en pie. En Jantar Mantar, tres estudiantes de la Asociación de Estudiantes de Toda la India permanecían en huelga de hambre, protegidos por una cadena humana de voluntarios que se turnaban para evitar que la policía los desalojara también a ellos. Las sábanas blancas que habían servido de pantalla durante el operativo se convirtieron, en las redes sociales del movimiento, en el emblema de una pregunta que quedó flotando sobre la capital india: si la vida de un ciudadano es tan valiosa como para hospitalizarlo contra su voluntad, ¿por qué nadie del gobierno se sentó a hablar con él durante los veinte días que duró su ayuno?
| Prensa india y del sur de Asia | −0.60 | critical |
|---|---|---|
| Prensa atlántica / anglosfera | 0.00 | neutral |
Sonam Wangchuk es un mártir de la reforma educativa, abandonado por un gobierno que ignora a sus propios ciudadanos. La oposición y la sociedad civil están a su lado, recordando una época en que un primer ministro intervino personalmente para salvar una vida.
Al invocar el episodio de 1984 en que Indira Gandhi voló a Leh, la narrativa crea un punto de referencia moral: el gobierno actual no alcanza el estándar fijado por un líder pasado, deslegitimando así su inacción.
La perspectiva del gobierno o cualquier justificación de la posición del ministro de Educación está ausente, así como el contexto legal o procesal de las irregularidades del examen NEET.
La vida del activista está en riesgo; debe terminar su huelga de hambre antes de que sea demasiado tarde. La comunidad internacional observa con preocupación, instando a una solución humanitaria.
Al encuadrar la historia exclusivamente a través del deterioro médico y el riesgo de insuficiencia orgánica, la narrativa despolitiza la protesta y la transforma en una emergencia sanitaria universal, apelando a la empatía sin tomar partido.
El contexto político—la demanda de renuncia del ministro de Educación, el escándalo del examen NEET y el paralelo histórico con Indira Gandhi—se omite, reduciendo la protesta a una crisis de salud personal.
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