
Irán tilda el acuerdo de paz de 'declaración de derrota' de Estados Unidos
El jefe negociador iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, sostuvo que el memorando de Islamabad es resultado de la resistencia nacional, mientras Washington intenta apaciguar a sus aliados del Golfo.
El jefe del equipo negociador de Irán, Mohammad Bagher Ghalibaf, calificó este miércoles el memorando de entendimiento firmado con Estados Unidos como una “declaración de derrota de América”. La afirmación, realizada durante una conferencia en Bakú retransmitida por la televisión estatal iraní, se produce una semana después de que ambos países suscribieran en Islamabad, con mediación de Pakistán, un acuerdo preliminar de 14 puntos que puso fin a un conflicto de casi cuatro meses. La guerra había comenzado el 28 de febrero con una campaña masiva de bombardeos estadounidenses e israelíes contra Irán y desencadenó represalias iraníes que incluyeron el bloqueo del estrecho de Ormuz y el lanzamiento de miles de drones y misiles contra países vecinos que albergan bases militares de Washington.
Desde Teherán, el acuerdo es presentado como una victoria de la resistencia nacional. Ghalibaf subrayó que el memorando “no es el fruto de presiones ni de coacción” y que la seguridad regional debe ser garantizada por los propios países de Oriente Medio, no por potencias extranjeras. En la misma intervención, el también presidente del Parlamento iraní reiteró que el alto el fuego en Líbano —donde el grupo Hezbolá, respaldado por Irán, abrió un frente contra Israel— es “tan importante como el alto el fuego en Irán”. En contraste, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, inició el martes una gira por Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Baréin con el objetivo de transmitir garantías a los aliados del Golfo. Rubio insistió en que ningún país puede imponer peajes en el estrecho de Ormuz, una vía marítima internacional, y adelantó que en las conversaciones se abordarán asuntos no contemplados en el memorando, como el programa de misiles iraní y el apoyo a grupos proxy, dos preocupaciones históricas de las monarquías del Golfo e Israel.
El memorando allana el camino para un período de negociación de 60 días hacia un acuerdo definitivo, pero deja pendientes los aspectos más complejos. Entre ellos destaca el programa nuclear iraní: el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), dirigido por el diplomático argentino Rafael Grossi, confirmó que se reanudarán las inspecciones en instalaciones iraníes, aunque Teherán ha negado haber concedido ese acceso. Observadores en Buenos Aires señalan que la participación de Grossi añade una dimensión latinoamericana al seguimiento de la verificación nuclear, en un contexto donde la estabilidad del mercado energético global es crucial para las economías de la región. La reapertura del estrecho de Ormuz, que ya registra un aumento del tráfico, ha contribuido a una caída de los precios del crudo desde los picos de más de 126 dólares por barril alcanzados durante el conflicto, un alivio para importadores netos como España y varios países de América Latina.
Las capitales del Golfo, según fuentes diplomáticas citadas por la prensa regional, consideran que las concesiones incluidas en el memorando —entre ellas un fondo propuesto de 300.000 millones de dólares— son excesivas para un adversario que atacó su territorio. Mientras tanto, el liderazgo iraní dirige el relato de la victoria también hacia dentro, en un contexto de divisiones internas y oposición a las negociaciones. Pakistán, país mediador, anunció que las conversaciones técnicas para definir los detalles del acuerdo se reanudarán la próxima semana, probablemente el martes. El proceso hacia un arreglo permanente sigue abierto, con posiciones aún distantes sobre el desmantelamiento del programa nuclear y el futuro de la influencia regional iraní.
Cómo la misma historia se cuenta en otros lugares.
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La jactancia del negociador iraní de que el acuerdo de alto el fuego supone una derrota estadounidense es recibida con escepticismo en las capitales occidentales. Mientras el Secretario de Estado de EE.UU. recorre el Golfo para reforzar los lazos de seguridad con sus aliados, el pacto se considera una pausa temporal con muchos detalles sin resolver, y el bloqueo iraní del estrecho de Ormuz perturbó los mercados energéticos. La narrativa subraya que Washington sigue comprometido y que el acuerdo no representa una victoria estratégica para Teherán.
El memorando de Islamabad se celebra como un triunfo de la tenacidad iraní, que obligó a Washington a aceptar un acuerdo que reconoce el fracaso de su campaña de presión. El fin de la guerra se enmarca en una victoria regional más amplia, y el cese de las hostilidades en Líbano se considera igualmente trascendental. El pacto se presenta como un punto de inflexión histórico, que señala el fin de una era en la que las potencias extranjeras podían imponer condiciones a las naciones soberanas.
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