
Irán amplía sus ataques con drones a bases estadounidenses en Baréin, Jordania y Kuwait
La Guardia Revolucionaria y el Ejército iraní reivindican una nueva ola de bombardeos contra instalaciones militares de Estados Unidos en la región, en represalia por los trece días consecutivos de ofensiva aérea estadounidense sobre suelo iraní.
Irán lanzó este viernes una serie de ataques con drones suicidas Arash contra bases utilizadas por las fuerzas de Estados Unidos en Baréin, Jordania y Kuwait, como parte de una operación de represalia que, según Teherán, responde a los bombardeos ininterrumpidos de Washington contra su territorio durante las últimas dos semanas. El Ejército iraní informó que en la vigésimo cuarta fase de la “Operación Relámpago” sus drones impactaron depósitos de combustible, almacenes de equipos y barracones en la base aérea Sheikh Isa, en Baréin, así como hangares e instalaciones de mantenimiento en la base Al-Azraq, en el este de Jordania. Paralelamente, la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) reivindicó ataques con “drones superpesados avanzados” contra un gran depósito de municiones en la base Ali Al-Salem, en Kuwait, y el Ejército añadió incursiones contra los campamentos de Udayri, Doha y Arifjan en ese mismo país. Medios oficiales iraníes también mencionaron operaciones contra posiciones estadounidenses en Catar.
Según fuentes militares en Teherán, cualquier instalación en Oriente Medio que sirva para lanzar agresiones contra la República Islámica es un objetivo legítimo. Las autoridades iraníes han advertido además a la población civil de los países anfitriones que se mantenga alejada al menos 500 metros de las bases estadounidenses, en previsión de nuevas oleadas de ataques. El presidente estadounidense, Donald Trump, desencadenó la actual escalada al declarar a principios de julio que ya no consideraba vigente el memorando de entendimiento de alto el fuego firmado con Irán en junio, reactivando una campaña de bombardeos que, según el Comando Central de Estados Unidos, busca debilitar las capacidades de la IRGC y garantizar la seguridad de la navegación en el estrecho de Ormuz.
Las capitales árabes afectadas han respondido de manera dispar. Jordania, que alberga a casi 4.000 soldados estadounidenses y mantiene canales diplomáticos con Teherán, informó que sus sistemas de defensa aérea interceptaron siete misiles y seis drones lanzados desde Irán, sin que se registraran víctimas ni daños materiales. Baréin confirmó haber “enfrentado y destruido” varios artefactos hostiles, mientras Kuwait declaró que sus fuerzas estaban “repeliendo ataques de drones enemigos” en ese momento. La agencia France-Presse reportó explosiones y sirenas en Baréin, aunque no se ha podido verificar de forma independiente el alcance real de los daños ni el número de bajas, que la IRGC cifra en decenas de soldados heridos y muertos.
Analistas del Golfo subrayan que la multiplicación de frentes —con denuncias de ataques también en Catar— convierte a estas monarquías en escenarios de una guerra indirecta entre Irán y Estados Unidos, con el riesgo de que un error de cálculo desate una conflagración regional. Desde Madrid y Buenos Aires, la preocupación se centra en las consecuencias económicas de la inestabilidad en el estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del suministro mundial de crudo, lo que podría repercutir en los precios internacionales de la energía y afectar a las economías latinoamericanas importadoras. Hasta el momento, ni Washington ni las autoridades de Catar han ofrecido una confirmación oficial sobre los supuestos impactos más recientes, y los mandos militares iraníes han señalado que la serie de operaciones con drones y misiles “continúa” como respuesta a lo que califican de “acciones maliciosas del enemigo”.
| Prensa iraní y afín | +0.90 | aligned |
|---|---|---|
| Prensa atlántica / anglosfera | −0.30 | critical |
| Prensa del Sudeste Asiático | 0.00 | neutral |
| Prensa árabe Levante-Magreb | +0.10 | neutral |
Iran strikes American terrorist bases as an act of legitimate self-defense.
The narrative presents Iran as a victim of aggression, turning an offensive action into a defensive response, while glorifying its military power.
It omits the lack of independent confirmation and possible civilian casualties.
Iranian strikes are wearing down American interceptor stockpiles, highlighting the vulnerability of US defenses.
It focuses on material consequences for the US, turning the narrative into a logistical-military problem without questioning the legitimacy of Iranian operations.
It does not discuss Iranian motivations or the context of tensions, only the impact on US capabilities.
Tehran claims drone attacks, but on-the-ground evidence is lacking.
It adopts a cautious, factual tone, reporting the claim without confirmation, leaving room for skepticism.
It does not delve into either the Iranian or American perspective, remaining superficial.
The army and the IRGC jointly announce the attacks as a response to aggression.
It highlights the dual source (army and Revolutionary Guards) as a sign of unity and determination, but without celebratory tones.
It does not question the claims or compare with allied reports.
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